Dice cómo esta
horrible noche es purgatorio, y cómo en ella ilumina la divina Sabiduría a los
hombres en el suelo con la misma iluminación que purga e ilumina a los ángeles
en el cielo
1. Por lo
dicho echaremos de ver cómo esta oscura noche de fuego amoroso, así como a
oscuras va al alma inflamando. Echaremos de ver también cómo, así como se
purgan los espíritus en la otra vida con fuego tenebroso material, en esta vida
se purgan y limpian con fuego amoroso tenebroso espiritual; porque ésta es la
diferencia: que allá se limpian con fuego, y acá se limpian e iluminan sólo con
amor.
El cual amor pidió David (Sal. 50, 12)) cuando dijo: Cor mundum crea in
me, Deus, etc. Porque la limpieza de corazón no es menos que el amor y gracia
de Dios; porque los limpios de corazón son llamados por nuestro Salvador
bienaventurados (Mt. 5, 8), lo cual es tanto como decir "enamorados",
pues que la bienaventuranza no se da por menos que amor.
2. Y que se
purgue iluminándose el alma con este fuego de sabiduría amorosa (porque nunca
da Dios sabiduría mística sin amor, pues el mismo amor la infunde), muéstralo
bien Jeremías (Lm. 1, 13) donde dice: Envió fuego en mis huesos y enseñóme.
Y
David (Sal. 111, 7) dice que la sabiduría de Dios es plata examinada en fuego,
esto es, en fuego purgativo de amor. Porque esta oscura contemplación
juntamente infunde en el alma amor y sabiduría, a cada uno según su capacidad y
necesidad, alumbrando al alma y purgándola, como dice el Sabio (Ecli. 51, 2526)
de sus ignorancias, como dice que lo hizo con él.
3. De aquí
también inferiremos que purga estas almas y las ilumina la misma Sabiduría de
Dios que purga a los ángeles de sus ignorancias, haciéndolos saber,
alumbrándolos de lo que no sabían, derivándose desde Dios por las jerarquías
primeras hasta las postreras, y de ahí a los hombres. Que, por eso, todas las
obras que hacen los ángeles e inspiraciones, se dicen con verdad en la
Escritura y propiedad hacerlas Dios y hacerlas ellos; porque de ordinario las
deriva por ellos, y ellos también de unos en otros sin alguna dilación, así
como el rayo del sol comunicado de muchas vidrieras ordenadas entre sí; que,
aunque es verdad que de suyo el rayo pasa por todas, todavía cada una le envía
e infunde en la otra más modificado, conforme al modo de aquella vidriera, algo
más abreviada y remisamente, según ella está más o menos cerca del sol.
4. De donde se
sigue que los superiores espíritus y los de abajo, cuanto más cercanos están a
Dios, más purgados están y clarificados con más general purificación; y que los
postreros recibirán esta iluminación muy más tenue y remota. De donde se sigue
que el hombre, que está el postrero, hasta el cual se viene derivando esta
contemplación de Dios amorosa, cuando Dios se la quiere dar, que la ha de
recibir a su modo, muy limitada y penosamente.
Porque la luz
de Dios que al ángel ilumina, esclareciéndole y suavizándole en amor, por ser
puro espíritu, dispuesto para la tal infusión, al hombre, por ser impuro y
flaco, naturalmente le ilumina, como arriba queda dicho, oscureciéndole,
dándole pena y aprieto, como hace el sol al ojo legañoso y enfermo, y le
enamora apasionada y aflictivamente, hasta que este mismo fuego de amor le
espiritualice y sutilice, purificándole hasta que con suavidad pueda recibir la
unión de esta amada influencia a modo de los ángeles y ya purgado, como después
diremos, mediante el Señor. Pero, en el entretanto, esa contemplación y noticia
amorosa recíbela con el aprieto y ansia de amor que decimos aquí.
5. Esta
inflamación y ansia de amor no siempre el alma la anda sintiendo; porque a los
principios que comienza esta purgación espiritual, todo se le va a este divino
fuego más en enjugar y disponer la madera del alma que en calentarla; pero ya,
andando el tiempo, cuando ya este fuego va calentando el alma, muy de ordinario
siente esta inflamación y calor de amor.
Aquí, como se
va más purgando el entendimiento por medio de esta tiniebla, acaece que algunas
veces esta mística y amorosa teología, juntamente con inflamar la voluntad,
hiere también ilustrando la otra potencia del entendimiento con alguna noticia
y lumbre divina, tan sabrosa y delgadamente, que, ayudada de ella, la voluntad
se afervora maravillosamente, ardiendo en ella, sin ella hacerse nada, ese
divino fuego de amor en vivas llamas, de manera que ya al alma le parece él
vivo fuego por causa de la viva inteligencia que se le da. Y de aquí es aquello
que dice David en un salmo (38, 4), diciendo: Calentóse mi corazón dentro de
mí, y cierto fuego, en tanto que yo entendía, se encendía.
6. Y este
entendimiento de amor con unión de estas dos potencias, entendimiento y
voluntad, que se unen aquí, es cosa de gran riqueza y deleite para el alma;
porque es cierto toque en la Divinidad y ya principios de la perfección de la
unión de amor que espera. Y así, a este toque de tan subido sentir y amor de
Dios no se llega sino habiendo pasado muchos trabajos y gran parte de la
purgación; mas para otros más bajos, que muy ordinariamente acaecen, no es
menester tanta purgación.
7. De lo que
habemos dicho aquí se colige cómo en estos bienes espirituales, que pasivamente
se infunden por Dios en el alma, puede muy bien amar la voluntad sin entender
el entendimiento, así como el entendimiento puede entender sin que ame la
voluntad; porque, pues esta noche oscura de contemplación consta de luz divina
y amor, así como el fuego tiene luz y calor, no es inconveniente que, cuando se
comunica esta luz amorosa, algunas veces hiera más en la voluntad, inflamándola
con el amor, dejando a oscuras al entendimiento sin herir en él con la luz; y otras,
alumbrándole con la luz, dando inteligencia, dejando seca la voluntad, como
también acaece poder recibir el calor del fuego sin ver la luz, y también ver
la luz sin recibir el calor del fuego, y esto obrándolo el Señor que infunde
como quiere.
Fuente: Mercaba