El
Pontífice responde al pueblo mexicano a través de conexión organizada por
Notimex y el CTV
A la víspera del viaje a
México, el Papa Francisco dialogó a distancia y en diferido con 33 mexicanos de
diez ciudades distintas que le dirigieron sus preguntas y expectativas respecto
al viaje pastoral que realizará del 12 al 17 de febrero. “Voy a buscar la
riqueza de fe que tienen los mexicanos”.
“¿Qué siente por la Virgen de Guadalupe?”, le
preguntaron, a lo que respondió: “Seguridad, ternura. Cuántas veces estoy con
miedo de algún problema o que ha sucedido algo feo y uno no sabe cómo
reaccionar, y le rezo, me gusta repetirme a mí mismo: No tengas miedo, ¿acaso
no estoy yo aquí que soy tu Madre?. Son palabras de Ella: No tengas miedo”.
El Papa, conocido por su
devoción mariana, escuchó las preguntas de los mexicanos, desde su
casa, la residencia de Santa Marta en el Vaticano, a través de una conexión
organizada por Notimex,
Agencia de Noticias del Estado Mexicano en colaboración con el Centro Televisivo Vaticano,
difundida este martes 3 de febrero.
Un obispo que dice ir al
segundo país más poblado de católicos en el mundo como un “peregrino” y
que va a dejarse contagiar de la esperanza de su gente: “Un pueblo que no se
olvida de su Madre, esa madre mestiza, esa madre que lo forjó en la esperanza”.
El Sucesor de
Pedro llenará su maletín negro con 13 discursos y anticipó de alguna
manera una parte de sus contenidos. “Si yo voy ahí, es para recibir lo
mejor de ustedes y para rezar con ustedes, para que los problemas deviolencia,
de corrupción y
todo lo que ustedes saben que está sucediendo, se solucionen”, constató.
En su diálogo diferido,
explicó que espera la reconciliación en México y rezará con los fieles: “Porque
el México de la violencia, el México de la corrupción, el México del tráfico de drogas, el México de los
carteles, no es
el México que quiere nuestra Madre”.
“Y, por supuesto que yo no quiero tapar nada de eso, al
contrario, exhortarlos a la lucha de todos los días contra la corrupción,
contra el tráfico, contra la guerra, contra la desunión, contra el crimen
organizado, contra la trata de
personas”, añadió.
Entretanto, le preguntaron: ¿qué espera de los mexicanos? El
Pontífice de las periferias sostuvo que la fe tiene que ser “callejera, como
Jesús”. A una pregunta sobre su misión pastoral
respondió con una pregunta: “¿En qué lugar pasó Jesús más tiempo de su
vida? ¡En la calle! predicando el Evangelio, dando testimonio”.
“En la vida pública, en la
vida familiar, al templo a rezar, pero después salir”. Nuestra fe nos tiene que
empujar a salir y no quedarnos encerrados con nuestro Jesús y no dejarlo salir,
porque Jesús sale con nosotros; si nosotros no
salimos, no sale”, agregó.
En fin, el Papa manifestó su
misión de renovar la fe del país: “La fe tiene que ser la inspiración mía a
comprometerme con mí pueblo, y eso tiene sus riesgos, tiene sus peligros.
Quisiera terminar robándole a la Madre sus palabras y que a través mío Ella se
las diga a ustedes: “No tengan miedo de salir, no tengas miedo
hijito, hijita mía, acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre”.
Asimismo, sobresale el
entusiasmo de la gente de a pie respecto al viaje y a la figura del Papa.
“Felicitarlo por su ministerio petrino que ha tenido un grande acierto en la
Iglesia universal, felicitarlo por la cuestión de que nos ha invitado a ser una
Iglesia pobre y una Iglesia misionera”, dijo Rubén de la Cruz Martínez de
Guanajuato, entre otros.
Texto de la transcripción
¿Qué nos viene a traer a México?, preguntó a Jorge Armando desde Ciudad de México al Papa.
“Yo voy a México no como un Rey Mago cargado de cosas para llevar,
mensajes, ideas, soluciones a problemas, no sé pensemos todas esas cosas. Yo
voy a México como un peregrino, voy a buscar en el pueblo mexicano, que me den
algo. No voy a pasar la canastita, quédense tranquilos, pero voy a buscar la
riqueza de fe que tienen ustedes, voy a buscar contagiarme de esa riqueza de
fe.
Tengo ganas de ir a México
para vivir esa fe con ustedes. O sea que voy con el corazón abierto para que se
llene de todo aquello que ustedes me pueden dar. Ustedes tienen una
idiosincrasia, una manera de ser que es fruto de un camino muy largo, de una
historia que se fue forjando lentamente, con dolores, con éxitos, con fracasos,
con búsquedas, pero hay como un hilo conductor.
Ustedes tienen mucha riqueza
en el corazón y, sobre todo, ustedes no son un pueblo huérfano porque se
glorían de tener Madre, y cuando un hombre, o una mujer, o un pueblo no se
olvida de su Madre, te da una riqueza que vos no la podés describir, la
recibís, la transmitís.
Bueno, yo voy a buscar un
poco todo eso en ustedes. Un pueblo que no se olvida de su Madre, esa madre
mestiza, esa madre que lo forjó en la esperanza. Conocen ustedes el chiste de
aquel mexicano que decía: “Yo soy ateo pero soy guadalupano”. Tenía sentido, de
un pueblo que no quiere ser huérfano. Por ahí, quizás está la gran riqueza que
yo voy a buscar. Voy como peregrino de ustedes y ¡gracias por recibirme!
La Virgen de Guadalupe
Sucesivamente, Julián desde Ciudad de México, le preguntó a
Francisco: ¿Qué es lo que piensa usted de la Virgen de Guadalupe?
“Estuve dos veces en México. Una vez en el año 70’ por una reunión
de jesuitas. La segunda vez cuando el Papa San Juan Pablo II firmó y entregó la
Exhortación postsinodal Ecclesia
in America –
que no recuerdo bien qué año era, por el 98’ habrá sido, calculo-. Las dos
veces fui a visitarla, a la Señora, a la Madre, a la Madre del Dios por quien
se vive.
La primera vez, en la vieja
Villa. La segunda vez, en la actual Basílica, en el actual templo. ¿Qué siento por ella? Seguridad, ternura.
Cuántas veces estoy con miedo de algún problema o que ha sucedido algo feo y
uno no sabe como reaccionar, y le rezo, me gusta repetirme a mí mismo: “No
tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?”. Son palabras de Ella:
“No tengas miedo”.
Es lo que más me dice Ella.
Otra advocación de la Virgen quizás me inspire otra cosa, pero cada vez que me
pongo delante de su imagen y la miro allí, con esos ojos, haciendo esa síntesis
cultural de ese Nuevo Mundo que está naciendo, esperando al Niño: “No tengas
miedo, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?”.
Y no espero tanto el milagro
de las flores. Siento eso, que es Madre, que cuida, que protege, que lleva
adelante un pueblo, que lleva adelante una familia, que da calor de hogar, que
acaricia con ternura y que te quita el miedo: “No tengas miedo Juancito”.
Eso es lo que yo siento
delante de la imagen. Una de las dos veces que fui, me querían explicar la
imagen y preferí que no, quedarme en silencio mirando. Dice mucho, es una
imagen “decidora”, la imagen de una Madre que cobija, que cuida, que está
metida en su pueblo, con la tez de su pueblo. Eso es lo que siento delante de
Ella.
Cuando vine a Roma en el
2013, estaba empezando a construir en Buenos Aires la parroquia San Juan Diego,
la cual nombré en Buenos Aires, patrona de los floristas. San Juan Diego me
dice mucho a mí, en su relación con la Virgen. Hombre bueno, pero se tuvo que
meter en todo ese mundo de convencer al obispo, y de esto… y sentir la
humillación de que no le creían: “No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí que
soy tu Madre?”.
Y él confió. Milagro de las
flores, si es posible porque la Madre es la gran flor de México. Lo que pediría
es – pero como un favor, a ustedes- que esta vez, que va a ser la tercera que
piso suelo mexicano, me dejen un ratito sólo delante de la imagen. Es el favor les
pido. ¿Me lo van a hacer?.
Violencia, inmigración…
Juan, Natally, Oscar
preguntaron al Papa sobre inmigración, corrupción, trata y narcotráfico, entre
otros males, que azotan algunas zonas del país. Y la pregunta concreta a Papa Francisco: ¿Cómo
nos ayudaría a afrontar esta violencia que está pasando aquí?
El Papa Francisco no eludió las preguntas más conflictivas, y por el contrario
demostró de tener un cuadro mental amplio de la situación en México y espejo de
una realidad global que invade varios países: “Violencia, corrupción, guerra,
niños que no pueden ir a la escuela por sus países en guerra, tráfico,
fabricantes de armas que venden armas para que las guerras en el mundo puedan
seguir…: más o menos éste es el clima que hoy vivimos en el mundo, y ustedes
están viviendo su pedacito, su pedacito de “guerra” entre comillas, su pedacito
de sufrimiento, de violencia, de tráfico organizado.
Si yo voy ahí, es para recibir lo mejor de ustedes y para rezar
con ustedes, para que los problemas de violencia, de corrupción y todo lo que
ustedes saben que está sucediendo, se solucione, porque el México de la
violencia, el México de la corrupción, el México del tráfico de drogas, el
México de los carteles, no es el México que quiere nuestra Madre, y, por
supuesto que yo no quiero tapar nada de eso, al contrario, exhortarlos a la
lucha de todos los días contra la corrupción, contra el tráfico, contra la
guerra, contra la desunión, contra el crimen organizado, contra la trata de
personas.
“Que nos traiga un poco de
paz” – decía alguno de ustedes. La paz es algo que hay que trabajarla todos los
días, es más -yo diría una palabra que parece una contradicción-, ¡la paz hay
que pelearla todos los días!, hay que combatir todos los días por la paz, no
por la guerra. Sembrar mansedumbre, entendimiento, sembrar paz.
San Francisco rezaba: “Señor,
hacé de mí un instrumento de tu paz”. Quisiera ser en México un instrumento de
paz, pero con todos ustedes. Es obvio que solo no puedo, sería una locura si yo
dijera eso, pero con todos ustedes, instrumento de paz. Y ¿cómo se amasa la
paz? La paz es un trabajo artesanal, un trabajo de todos los días que se amasa
con las manos, desde cómo educo yo a un chico, hasta cómo acaricio a un
anciano, son todas semillas de paz. Palabra caricia.
La paz nace de la ternura,
la paz nace de la comprensión, la paz nace o se hace en el diálogo, no en la
ruptura, y ésta es la palabra clave, el dialogo: diálogo entre los dirigentes,
diálogo con el pueblo y diálogo entre todo el pueblo. Cuántas veces encontramos
en una pelea de barrio la solución que nos parece la mejor. Y no, esa es una
pequeña guerra. Aún en el barrio, aún en la familia, buscar y hacer la paz, y
eso se hace con el diálogo: estar abierto a hablar con el otro, a escuchar sus
razones a dejarse corregir. “Padre, pero con un delincuente uno no puede hacer
eso”.
Eso es verdad, pero yo puedo
dialogar con quien le puede cambiar el corazón a ese delincuente. Tenemos la
misma Madre, hablamos hace un rato de Ella.
Y decíle: “Mirá, si vos me
dijiste que yo no tenga miedo porque sos mi Madre, vos que sos mi Madre arreglá
eso”. Si, yo le haría la pregunta a cada uno de ustedes: ¿Yo le pido a la
Virgen de Guadalupe, la Madre de México, la Emperatriz de América, le pido la
paz, le pido que haga paz, en tal lugar, en tal otro, en tal otro, o sea la
oración a la Madre para que ponga paz? No tenerle miedo a escuchar al otro, a
ver qué razones tiene. Y, por favor, no entrar en ninguna, en ninguna trenza
que por ganar dinero, me esclavice toda la vida en una guerra interior y me
quite la libertad, porque la paz da libertad. Yo le voy a pedir a la Virgen,
junto con ustedes, que les de esa paz, que la Guadalupana les regale la paz del
corazón, de la familia, de la ciudad, y de todo el país.
Santo Padre ¿qué espera de nosotros? ¿qué espera de los mexicanos?
Papa Francisco: Dicen que la sabiduría habla
desde el corazón de los ancianos buenos. Y en los deseos expresados José
Ranulfo señaló ese deseo de renovación espiritual que podría darse con mi
visita. Y Rubén había dicho, antes, que no fuéramos cristianos de “iglesia
adentro”, católicos de templo y fuera del templo, cualquier cosa. Que la fe
aflore. Esas dos intervenciones me llegaron mucho: que nos ayude a ser
católicos de verdad, a expresar y a vivir nuestra fe dentro y fuera del templo.
Eso es lo que esperan ustedes.
Y yo voy para servir, para
eso, para ser un servidor de la fe de ustedes, porque para eso me hice cura,
para servir, porque sentí esa vocación, para servir a la fe de ustedes, para
servir a la fe del pueblo. Pero esa fe tiene que crecer y salir hacía afuera y
meterse en la vida de todos los días, una fe pública. Y la fe se hace fuerte
cuando es pública, sobre todo – como en la última intervención- en los momentos
de crisis: “Los Papas vinieron cuando aquí había crisis”.
Debe ser así, yo no lo
estudié eso, pero si vos lo decís debe ser así. Que hay una crisis de fe en el
mundo, es verdad. Pero también es verdad que hay una gran bendición y un deseo
– que lo expresaron ustedes – de que la fe salga hacia afuera, que la fe sea
misionera, que la fe no sea enfrascada, como en una lata de conserva. Nuestra
fe no es una fe de museo y la Iglesia un museo. Nuestra fe es una fe que nace
del contacto, del diálogo con Jesucristo, nuestro Salvador, con el Señor.
Bueno, esa fe tiene que salir
a la calle, tiene que salir a los lugares de trabajo, tiene que salir en el
entendimiento con los demás, esa fe tiene que expresarse en el diálogo, en la
comprensión, en el perdón, en la artesanía cotidiana de combatir por la paz. Sí,
una fe en la calle, si la fe no sale a la calle, no sirve, y que la fe salga a
la calle no significa solamente hacer una procesión. Que la fe salga a la calle
significa que yo en mi lugar de trabajo, en mi familia, en las cosas que hago
en la universidad, en el colegio, me muestro como cristiano. Ustedes tienen
mártires en su historia, que han dado su vida por seguir este camino.
La fe tiene que ser callejera, como Jesús. Si yo les pregunto a
ustedes: “¿En qué lugar pasó Jesús más tiempo de su vida? ¡En la calle!
predicando el Evangelio, dando testimonio. Yo a ustedes les digo: “En la vida
pública, en la vida familiar, al templo a rezar, pero después salir”. Nuestra
fe nos tiene que empujar a salir y no quedarnos encerrados con nuestro Jesús, y
no dejarlo salir, porque Jesús sale con nosotros, si nosotros no salimos, no
sale.
Un renovar la fe. Renovar la
fe quiere decir hacerla “salidora”, hacerla callejera, que no le tenga miedo a
los conflictos, sino que busque solucionar los conflictos familiares, escolares,
sociales, económicos. La fe tiene que ser la inspiración mía a comprometerme
con mí pueblo, y eso tiene sus riesgos, tiene sus peligros. Quisiera terminar
robándole a la Madre sus palabras y que a través mío Ella se las diga a
ustedes: “No tengan miedo de salir, no tengas miedo hijito, hijita mía, acaso
no estoy yo aquí que soy tu Madre”.
Fuente: Aleteia
