Tres muchachas atacaron esta semana el campo de desplazados de
Dikwa, en la frontera entre Nigeria y Chad. Pero una de ellas no pudo completar
la misión tras descubrir que sus padres y hermanos estaban allí
El campo de Dikwa, en la frontera entre Nigeria y Chad, acoge a 70.000
personas, lo que lo convierte en el más poblado de la treintena de recintos
similares en el estado nigeriano de Borno.
Son desplazados de la guerra que
sacude el país, víctimas de la brutalidad de Boko Haram, el terrible grupo
yihadista que azota África Central. Quizá por eso, estos extremistas -que en
2015 mató a casi 11.000 personas, más que el Estado Islámico- han elegido el
campamento de Dikwa una y otra vez como objetivo para sus ataques.
Las tres muchachas que ayer se colaron en Dikwa lo hicieron disfrazadas, camufladas como si fuesen parte de esos mismos grupos de desplazados. A las 5 y media de la madrugada, con las primeras luces del alba, dos de las jóvenes se situaron en diferentes puntos del campo y se hicieron estallar. Una de ellas eligió una de las cocinas al aire libre donde las mujeres preparan los alimentos de sus familias. Las precarias chozas de barro que pueblan el campo apenas ofrecieron protección alguna. Al menos 58 personas murieron, y varias decenas más resultaron heridas.
Las tres muchachas que ayer se colaron en Dikwa lo hicieron disfrazadas, camufladas como si fuesen parte de esos mismos grupos de desplazados. A las 5 y media de la madrugada, con las primeras luces del alba, dos de las jóvenes se situaron en diferentes puntos del campo y se hicieron estallar. Una de ellas eligió una de las cocinas al aire libre donde las mujeres preparan los alimentos de sus familias. Las precarias chozas de barro que pueblan el campo apenas ofrecieron protección alguna. Al menos 58 personas murieron, y varias decenas más resultaron heridas.
La tercera, sin embargo, tomó una decisión que cambió su destino y el de
otros muchos. Poco antes de presionar el detonador, descubrió que sus
familiares, sus padres y hermanos, vivían en el campamento. Nunca llegó a
apretarlo: en su lugar se entregó a las autoridades nigerianas y comenzó a
revelar información. Según la Agencia Nacional de Emergencias de Nigeria, la
muchacha ha avisado de que Boko Haram prepara nuevos ataques contra el
campamento, lo que ha llevado al Vicepresidente nigeriano, Yemi Obasanjo, a
ordenar que se incremente la seguridad en estos lugares.
"Todo el peso de las fuerzas gubernamentales serán desplegadas para
capturar a los responsables de este acto atroz y para hacer frente a los
terroristas con el objetivo de proteger la vida, la libertad y las propiedades
de todos los nigerianos", ha declarado Obasanjo.
Boko Haram saltó a la palestra tras el secuestro de 276 niñas nigerianas,
sacadas a punta de kalashnikov de la escuela en la que estudiaban, y
posteriormente mostradas al mundo en un impactante video que provocó una
campaña de solidaridad internacional. Las menores se unían a las miles de
mujeres retenidas por este grupo en sus zonas de operaciones. Algunas han sido
rescatadas por el ejército -en muchos casos, embarazadas de sus captores-, pero
otras permanecen cautivas, y unas pocas han sido persuadidas para unirse al
grupo. La organización no duda en utilizar a estas jóvenes en sus devastadores
atentados suicidas.
Fuente: El Confidencial
