El bien común sea la brújula que oriente la actividad productiva, para que
crezca una economía de todos y para todos
Luego de
recibir al Presidente de la República de Argentina, Mauricio Macri, el Papa
Francisco tuvo un encuentro con Emprendedores Reunidos de Cofindustria, la
Confederación General de la Industria Italiana.
En su discurso,
el Pontífice señaló lo que realmente espera de ellos: “Que vuestra vía maestra
sea siempre la justicia que rechaza los atajos de las recomendaciones y
de los favoritismos, y las desviaciones peligrosas de la deshonestidad y de
los compromisos fáciles”.
Además, explicó
que el encuentro confirma “la contribución con vuestro trabajo a una sociedad
más justa y cercana a las necesidades del hombre”.
“Ustedes
quieren reflexionar juntos sobre la ética de hacer empresa; juntos han
decidido reforzar el cuidado de los valores, que son la ‘espina dorsal’ de los
proyectos de formación, de valorización del territorio y de promoción de las
relaciones sociales, y que permiten una concreta alternativa al modelo
consumista del beneficio a toda costa”.
“¡Cómo de
distinta sería nuestra vida
si aprendiésemos de verdad, día a día, a trabajar, a pensar, a construir
juntos!”, exclamó durante el discurso.
Francisco
explicó que “hacer juntos” significa “invertir en proyectos que sepan
involucrar sujetos a menudo olvidados o descuidados”. “Entre esto, sobre todo,
las familias, brotes de humanidad, en las que la experiencia del trabajo,
el sacrificio que lo alimenta y los frutos que de él se derivan encuentran
sentido y valor”.
El Papa también
recordó a “los ancianos, que podrían todavía expresar recursos y energías para
una colaboración activa y que a menudo son descartados como inútiles e
improductivos”.
Sobre los
jóvenes afirmó que son “prisioneros de la precariedad y de largos
periodos de desempleo”, y por tanto son privados también de su dignidad.
“Todas estas
fuerzas, unidas, pueden marcar la diferencia para una empresa que ponga
en el centro a la persona, la calidad de sus relaciones, la verdad de su
compromiso en construir un mundo más justo, un mundo de verdad de todos”.
En definitiva,
se trata de “poner en valor los dones de todos, sin descuidar la unidad
irrepetible de cada uno”.
Pero este poner
al centro a la persona “comporta una serie de elecciones importantes”, que
Francisco señaló después: “significa dar a cada uno lo suyo, librando a las
madres y los padres de familia
de la angustia de no poder dar un futuro y mucho menos un presente a sus
propios hijos; significa saber dirigir, pero también saber escuchar,
compartiendo con humildad y confianza proyectos e ideas”.
Además,
“significa hacer de tal forma que el trabajo cree otros trabajos, la
responsabilidad cree otras responsabilidades, la esperanza cree otra esperanza,
sobre todo para las jóvenes generaciones que hoy más que nunca necesitan de
ella”.
El Papa les
pidió que todo esto no sea solo un eslogan sino que se convierta en “un programa
para el presente y el futuro” y por tanto sean “constructores de un nuevo
humanismo del trabajo”.
“Están llamados
a tutelar la profesionalidad, y al mismo tiempo a prestar atención a las
condiciones en las que se realiza el trabajo, para no se produzcan incidentes y
situaciones de malestar”.
Al final, el
Pontífice les recomendó que el bien común sea la brújula que oriente la
actividad productiva, para que crezca una economía de todos y para todos”.
Porque “no hay libertad sin justicia y no hay justicia son el respeto de la
dignidad de cada uno”.
Fuente: ACI
Prensa
