Prosigue en
otras imperfecciones que tienen estos aprovechados
Las habituales
son las afecciones y hábitos imperfectos que todavía, como raíces, han quedado
en el espíritu, donde la purgación del sentido no pudo llegar; en la purgación
de los cuales la diferencia que hay a estotra, es la que de la raíz a la rama,
o sacar una mancha fresca o una muy asentada y vieja. Porque, como dijimos, la
purgación del sentido sólo es puerta y principio de contemplación para la del
espíritu, que, como también habemos dicho, más sirve de acomodar el sentido al
espíritu, que de unir el espíritu con Dios.
Mas todavía se quedan en el
espíritu las manchas del hombre viejo, aunque a él no se le parece, ni las echa
de ver; las cuales si no salen por el jabón y fuerte lejía de la purgación de
esta noche, no podrá el espíritu venir a pureza de unión divina.
2. Tienen
éstos también la hebetudo mentis y la rudeza natural que todo hombre contrae
por el pecado, y la distracción y exterioridad del espíritu; lo cual conviene
que se ilustre, clarifique y recoja por la penalidad y aprieto de aquella
noche. Estas habituales imperfecciones, todos los que no han pasado de este
estado de aprovechados las tienen; las cuales no pueden estar, como decimos,
con el estado perfecto de unión por amor.
3. En las
actuales no caen todos de una manera. Mas algunos, como traen estos bienes
espirituales tan afuera y tan manuales en el sentido, caen en mayores
inconvenientes y peligros que a los principios dijimos. Porque, como ellos
hallan tan a manos llenas tantas comunicaciones y aprehensiones espirituales al
sentido y espíritu, donde muchas veces ven visiones imaginarias y espirituales
(porque todo esto, con otros sentimientos sabrosos, acaece a muchos de éstos en
este estado, en lo cual el demonio y la propia fantasía muy ordinariamente hace
trampantojos al alma), y como con tanto gusto suele imprimir y sugerir el
demonio al alma las aprensiones dichas y sentimientos, con grande facilidad la
embelesa y engaña, no teniendo ella cautela para resignarse y defenderse
fuertemente en fe de estas visiones y sentimientos.
Porque aquí
hace el demonio a muchos creer visiones vanas y profecías falsas; aquí en este
puesto les procura hacer presumir que habla Dios y los santos con ellos, y
creen muchas veces a su fantasía; aquí los suele llenar el demonio de
presunción y soberbia, y, atraídos de la vanidad y arrogancia, se dejan ser
vistos en actos exteriores que parezcan de santidad, como son arrobamientos y
otras apariencias. Hácense así atrevidos a Dios, perdiendo el santo temor, que
es llave y custodia de todas las virtudes; y tantas falsedades y engaños suelen
multiplicarse en algunos de éstos, y tanto se envejecen en ellos, que es muy
dudosa la vuelta de ellos al camino puro de la virtud y verdadero espíritu. En
las cuales miserias vienen a dar, comenzando a darse con demasiada seguridad a
las aprensiones y sentimientos espirituales, cuando comenzaban a aprovechar en
el camino.
4. Había tanto
que decir de las imperfecciones de éstos y de cómo les son más incurables por
tenerlas ellos por más espirituales que las primeras, que lo quiero dejar. Sólo
digo, para fundar la necesidad que hay de la noche espiritual, que es la
purgación para el que ha de pasar adelante, que a lo menos ninguno de estos
aprovechados, por bien que le hayan andado las manos, deja de tener muchas de
aquellas afecciones naturales y hábitos imperfectos, que dijimos primero ser
necesario preceder purificación para pasar a la divina unión.
5. Y, demás de
esto, lo que arriba dejamos dicho, es a saber: que, por cuanto todavía
participa la parte inferior en estas comunicaciones espirituales, no pueden ser
tan intensas, puras y fuertes como se requieren para la dicha unión; por tanto,
para venir a ella, conviénele al alma entrar en la segunda noche del espíritu,
donde desnudando al sentido y espíritu perfectamente de todas estas aprensiones
y sabores, le han de hacer caminar en oscura y pura fe, que es propio y
adecuado medio por donde el alma se une con Dios, según por Oseas (2, 20) lo
dice, diciendo: Yo te desposaré, esto es, te uniré conmigo, por fe.
Fuente: Mercaba
