Desde mi
ventana
Cada mañana el sol sale de manera diferente y nueva:
el sol es el mismo; el cielo, también; el paisaje, más o menos, permanece; y
mis ojos (aunque aparezca ya la vista cansada) no han cambiado tampoco. Sin
embargo, cada amanecer es un espectáculo nuevo y asombroso, pues, a parte de
los efectos climáticos, depende del cristal con que se mire.
Estos días está haciendo tanto frío que, ayer, cuando
abrí los cuartillos de mi ventana, vi algo nuevo: el sol, con toda su potencia,
estaba de frente, en el cielo, pero yo lo veía matizado por el cristal de la
ventana que estaba empañado: eran como gotas saturadas de luz pero matizando el
fulgor del sol.
¡Cómo puede cambiar la realidad por unas simples
gotitas! Y todo el día lo pasé meditando esta verdad y aplicándola a mi propia
vida, comprobando la de veces que la ilusión por algo me hace sublimar la
realidad, y soñar y vivir anticipadamente los proyectos y sueños... u otras
veces lo que puedo interpretar son esas “certezas” negativas de opiniones o
realidades que no son tan ciertas y yo ya las vivo...
Entonces, ¿cuál es la verdadera realidad? Es cierto
que existe un estado objetivo de las cosas; pero también es cierto que siempre
hay algo de mí y en los demás que transforma o adapta esa realidad. ¿Y la realidad
más auténtica? “El Reino de Dios y su justicia (santidad)". Por eso,
pidamos hoy a Cristo que se nos manifieste en su plenitud y nos haga poder
saltar impresiones personales para elegir “la mejor parte”, que es Él con
creces.
El reto de hoy es que transformes la realidad de
alguien, que seas una gotita en su cristal que le haga descubrir nuevos matices
en el sol. ¿Cómo? Muy fácil: hoy, a la primera persona que te encuentres,
salúdala con una enorme sonrisa y un gran buenos días. ¡Verás cómo la realidad
de su día se transforma!
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
