En que persuade la guarda de la Regla,
y de tres cosas importantes para la vida espiritual. Declara la primera de
estas tres cosas, que es amor del prójimo, y lo que dañan amistades
particulares (1).
1. Ya, hijas, habéis visto la gran
empresa que pretendemos ganar (2). ¿Qué tales habremos de ser para que en los
ojos de Dios y del mundo no nos tengan por muy atrevidas? Está claro que hemos
menester trabajar mucho, y ayuda mucho tener altos pensamientos para que nos
esforcemos a que lo sean las obras. Pues con que procuremos guardar
cumplidamente nuestra Regla y Constituciones con gran cuidado, espero en el
Señor admitirá nuestros ruegos; que no os pido cosa nueva, hijas mías, sino que
guardemos nuestra profesión, pues es nuestro llamamiento y a lo que estamos
obligadas, aunque de guardar a guardar va mucho.
2. Dice en la primera Regla nuestra que
oremos sin cesar (3). Con que se haga esto con todo el cuidado que pudiéremos,
que es lo más importante, no se dejarán de cumplir los ayunos y disciplinas y
silencio que manda la Orden. Porque ya sabéis que para ser la oración verdadera
se ha de ayudar con esto; que regalo y oración no se compadece.
Antes que diga de lo interior, que es
la oración, diré algunas cosas que son necesarias tener las que pretenden
llevar camino de oración, y tan necesarias que, sin ser muy contemplativas,
podrán estar muy adelante en el servicio del Señor, y es imposible si no las
tienen ser muy contemplativas, y cuando pensaren lo son, están muy engañadas.
El Señor me dé el favor para ello y me enseñe lo que tengo de decir, porque sea
para su gloria, amén.
4. No penséis, amigas y hermanas mías,
que serán muchas las cosas que os encargaré, porque plega al Señor hagamos las
que nuestros santos Padres ordenaron y guardaron, que por este camino
merecieron este nombre (4). Yerro sería buscar otro ni deprenderle de nadie.
Solas tres me extenderé en declarar, que son de la misma Constitución, porque
importa mucho entendamos lo muy mucho que nos va en guardarlas para tener la
paz que tanto nos encomendó el Señor, interior y exteriormente: la una es amor
unas con otras; otra, desasimiento de todo lo criado; la otra, verdadera
humildad, que aunque la digo a la postre, es la principal y las abraza todas
(5).
5. Cuanto a la primera, que es amaros
mucho unas a otras, va muy mucho; porque no hay cosa enojosa que no se pase con
facilidad en los que se aman y recia ha de ser cuando dé enojo. Y si este
mandamiento se guardase en el mundo como se ha de guardar, creo aprovecharía
mucho para guardar los demás; mas, más o menos, nunca acabamos de guardarle con
perfección.
Parece que lo demasiado entre nosotras
no puede ser malo, y trae tanto mal y tantas imperfecciones consigo, que no
creo lo creerá sino quien ha sido testigo de vista (6). Aquí hace el demonio
muchos enredos, que en conciencias que tratan groseramente de contentar a Dios
se sienten poco y les parece virtud, y las que tratan de perfección lo
entienden mucho, porque poco a poco quita la fuerza a la voluntad para que del
todo se emplee en amar a Dios.
6. Y en mujeres creo debe ser esto aun
más que en hombres; y hace daños para la comunidad muy notorios; porque de aquí
viene el no se amar tanto todas, el sentir el agravio que se hace a la amiga,
el desear tener para regalarla, el buscar tiempo para hablarla, y muchas veces
más para decirle lo que la quiere y otras cosas impertinentes que lo que ama a
Dios. Porque estas amistades grandes pocas veces van ordenadas a ayudarse a
amar más a Dios, antes creo las hace comenzar el demonio para comenzar bandos
en las religiones; que cuando es para servir a Su Majestad, luego se parece,
que no va la voluntad con pasión, sino procurando ayuda para vencer otras
pasiones.
7. Y de estas amistades querría yo
muchas donde hay gran convento, que en esta casa, que no son más de trece ni lo
han de ser (7), aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se
han de querer, todas se han de ayudar; y guárdense de estas particularidades,
por amor del Señor, por santas que sean, que aun entre hermanos suele ser
ponzoña y ningún provecho en ello veo; y si son deudos, muy peor, ¡es
pestilencia! (8) Y créanme, hermanas, que aunque os parezca es éste extremo, en
él está gran perfección y gran paz, y se quitan muchas ocasiones a las que no
están muy fuertes; sino que, si la voluntad se inclinare más a una que a otra
(que) no podrá ser menos, que es natural, y muchas veces nos lleva a amar lo
más ruin si tiene más gracias de naturaleza), que nos vayamos (9) mucho a la
mano a no nos dejar enseñorear de aquella afección. Amemos las virtudes y lo
bueno interior, y siempre con estudio traigamos cuidado de apartarnos de hacer
caso de esto exterior
.
8. No consintamos, oh hermanas, que sea
esclava de nadie nuestra voluntad, sino del que la compró por su sangre (10).
Miren que, sin entender cómo, se hallarán asidas que no se puedan valer. ¡Oh,
válgame Dios!, las niñerías que vienen de aquí no tienen cuento. Y porque son
tan menudas que sólo las que lo ven lo entenderán y creerán, no hay para qué las
decir aquí más de que en cualquiera será malo y en la prelada pestilencia (11).
9. En atajar estas parcialidades es
menester gran cuidado desde el principio que se comience la amistad; esto más
con industria y amor que con rigor. Para remedio de esto es gran cosa no estar
juntas sino las horas señaladas, ni hablarse, conforme a la costumbre que ahora
llevamos, que es no estar juntas, como manda la Regla (12), sino cada una
apartada en su celda. Líbrense en San José de tener casa de labor; (13) porque,
aunque es loable costumbre, con más facilidad se guarda el silencio cada una
por sí, y acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración; y pues éste ha
de ser el cimiento de esta casa (14), es menester traer estudio en aficionarnos
a lo que a esto más nos ayuda.
10. Tornando al amarnos unas a otras,
parece cosa impertinente encomendarlo, porque ¿qué gente hay tan bruta que
tratándose siempre y estando en compañía y no habiendo de tener otras
conversaciones ni otros tratos ni recreaciones con personas de fuera de casa, y
creyendo nos ama Dios y ellas a él pues por Su Majestad lo dejan todo, que no
cobre amor? En especial, que la virtud siempre convida a ser amada; y ésta, con
el favor de Dios, espero en Su Majestad siempre la habrá en las de esta casa.
Así que en esto no hay que encomendar mucho, a mi parecer.
11. En cómo ha de ser este amarse y qué
cosa es amor virtuoso -el que yo deseo haya aquí- y en qué veremos tenemos esta
virtud, que es bien grande, pues nuestro Señor tanto nos la encomendó y tan
encargadamente a sus Apóstoles (15), de esto querría yo decir ahora un poquito
conforme a mi rudeza. Y si en otros libros tan menudamente lo hallareis, no
toméis nada de mí, que por ventura no sé lo que digo.
12. De dos maneras de amor es lo que
trato: una es espiritual, porque ninguna cosa parece toca a la sensualidad ni
la ternura de nuestra naturaleza, de manera que quite su puridad; otra es
espiritual, y junto con ella nuestra sensualidad y flaqueza o buen amor, que
parece lícito, como el de los deudos y amigos. De éste ya queda algo dicho (16).
13. Del que es espiritual, sin que
intervenga pasión ninguna, quiero ahora hablar, porque, en habiéndola, va todo
desconcertado este concierto; y si con templanza y discreción tratamos personas
virtuosas, especialmente confesores, es provechoso. Mas si en el confesor se
entendiere va encaminado a alguna vanidad, todo lo tengan por sospechoso, y en
ninguna manera, aunque sean buenas pláticas, las tengan con él, sino con
brevedad confesarse y concluir. Y lo mejor sería decir a la prelada que no se
halla bien su alma con él y mudarle. Esto es lo más acertado, si se puede hacer
sin tocarle en la honra.
14. En caso semejante y otros que
podría el demonio en cosas dificultosas enredar y no se sabe qué consejo tomar,
lo más acertado será procurar hablar a alguna persona que tenga letras; -que
habiendo necesidad dase libertad para ello-, y confesarse con él y hacer lo que
le dijere en el caso; porque, ya que no se pueda dejar de dar algún medio,
podíase errar mucho; y ¡cuántos yerros pasan en el mundo por no hacer las cosas
con consejo, en especial en lo que toca a dañar a nadie! Dejar de dar algún
medio, no se sufre; porque cuando el demonio comienza por aquí, no es por poco,
si no se ataja con brevedad; y así lo que tengo dicho de procurar hablar con
otro confesor es lo más acertado, si hay disposición, y espero en el Señor sí
habrá.
15. Miren que va mucho en esto, que es
cosa peligrosa y un infierno y daño para todas. Y digo que no aguarden a
entender mucho mal, sino que al principio lo atajen por todas las vías que
pudieren y entendieren con buena conciencia lo pueden hacer. Mas espero yo en
el Señor no permitirá que personas que han de tratar siempre en oración puedan
tener voluntad sino a quien sea muy siervo de Dios, que esto es muy cierto, o
lo es que no tienen oración ni perfección, conforme a lo que aquí se pretende;
porque, si no ven que entiende su lenguaje y es aficionado a hablar en Dios, no
le podrán amar, porque no es su semejante. Si lo es, con las poquísimas
ocasiones que aquí habrá, o será muy simple o no querrá desasosegarse y
desasosegar a las siervas de Dios.
16. Ya que he comenzado a hablar en
esto, que -como he dicho- (17) es gran daño el que el demonio puede hacer y muy
tardío en entenderse, y así se puede ir estragando la perfección sin saber por
dónde. Porque si éste (18) quiere dar lugar a vanidad por tenerla él, lo hace
todo poco aun para las otras. Dios nos libre, por quien Su Majestad es, de
cosas semejantes. A todas las monjas bastaría a turbar, porque sus conciencias
les dice al contrario de lo que el confesor y si las aprietan en que tengan uno
solo, no saben qué hacer ni cómo se sosegar; porque quien lo había de quietar y
remediar es quien hace el daño. Hartas aflicciones debe haber de éstas en
algunas partes. Háceme gran lástima, y así no os espantéis ponga mucho en daros
a entender este peligro (19).
NOTAS
1 El presente cap. corresponde a los caps. IV y V
del autógrafo. En el n. 5 comenzaba nuevo capítulo, pero la propia Santa anotó
al margen del ms. de Toledo, luego de tachar el título correspondiente:
"No ha de haber aquí capítulo, que es el mismo quinto". -Siguiendo
esta indicación, reducimos a uno solo ambos capítulos, pero conservamos el
título del "quinto", en la segunda cláusula del presente epígrafe.
2 La 1ª redacción añadía: Por el prelado y obispo
que es vuestro prelado, y por la Orden, ya va dicho en lo dicho, pues todo es
bien de la Iglesia, y eso cosa que es de obligación...
3 Así se leía en la versión castellana de la Regla
carmelitana usada por la Santa: "Estén todos los hermanos siempre en sus
celdas, o junto a ellas, meditando y pensando de noche y de día en la ley de
Dios y velando en oraciones, si no estuvieren ocupados en otros justos y
honestos oficios y ejercicios.
4 La Santa modificó intencionadamente este pasaje;
en la 1ª redacción se leía: Plega al Señor hagamos las que nuestro Padres
ordenaron en la regla y constituciones cumplidamente, que son con todo
cumplimiento de virtud. La modificación del texto se debió, probablemente, a la
introducción de nuevas constituciones en el monasterio reformado de S. José.
5 En este punto concluía el cap. IV.
6 Como yo en otras partes, añadió la Santa entre
líneas en el ms. de Toledo.
7 La Santa amplió más tarde este número. Cf. Vida,
c. 32, n. 13 nota 24. -Por eso, en el ms. de Toledo enmendó el texto así: ...
en esta casa que son pocas, todas han de...
8 En la redacción 1ª añadió: "si no, mírenlo
por Josef", aludiendo al episodio bíblico de los hijos de Jacob (Gn 37).
-La frase siguiente -"¡es pestilencia!- es una especie de anatema
teresiano que indica la gravedad y contagiosidad de un mal moral (cf. n. 8)).
9 Vamos, escribió la Santa.
10 Alusión a 1 Pt 1, 19.
11 El ms. de El Escorial ofrece una variante de
interés: Y porque no se entiendan tantas flaquezas de mujeres y no deprendan
las que no lo saben, no las quiero decir por menudo. Mas, cierto, a mí me
espantaban algunas veces verlas, que yo, por la bondad de Dios, en este caso
jamás me así mucho, y por ventura sería porque lo estaba en otras cosas peores;
mas, como digo, vilo muchas veces. Y en los más monasterios temo que pasa,
porque en algunos lo he visto, y sé que para mucha religión y perfección es
malísima cosa en todas. En la prelada sería pestilencia; esto ya se está dicho.
12 Constitución, escribió en la 1ª redacción.
13 Casa de labor: oficina para el trabajo en común.
14 La 1ª redacción añadía: ... y a esto nos
juntamos, más que ninguna otra cosa hemos de traer estudio en aficionarnos a lo
que a esto nos aprovecha.
15 Jn 13, 34.
16 Todo este pasaje fue decididamente modificado por
la Autora, que no contenta con la segunda redacción (ms. de Valladolid),
arrancó íntegra la hoja del propio autógrafo y la sustituyó con la que ahora
leemos. Con todo, la redacción 1ª (ms. del Escorial) sigue siendo interesante,
y por ello la trascribimos íntegra: ... otro es espiritual y que junta con él
nuestra sensualidad y flaqueza; que esto es lo que hace al caso: estas dos
maneras de amarnos sin que intervenga pasión ninguna, porque en habiéndola, va
todo desconcertado este concierto; y si con templanza y discreción tratamos el
amor que tengo dicho, va todo meritorio, porque lo que nos parece sensualidad
se torna en virtud; sino que va tan entremetido, que a veces no hay quien lo
entienda, en especial si es con algún confesor; que personas que tratan
oración, si le ven santo y las entiende la manera de proceder, tómase mucho
amor. Y aquí da el demonio gran batería de escrúpulos, que desasosiega el alma
harto, que esto pretende él. En especial si el confesor la trae a más
perfección apriétala tanto que le viene a dejar. Y no la deja con otro ni con
otro de atormentar aquella tentación.
Lo que en esto pueden hacer es procurar no ocupar el
pensamiento en si quieren o no quieren; sino si quisieren, quieran. Porque,
pues cobramos amor a quien nos hace algunos bienes al cuerpo, quien siempre
procura y trabaja de hacerlos al alma ¿por qué no le hemos de querer? Antes
tengo por gran principio de aprovechar mucho tener amor al confesor, y si es
santo y espiritual y veo que pone mucho en aprovechar mi alma; porque es tal
nuestra flaqueza, que algunas veces nos ayuda mucho para poner por obra cosas
muy grandes en servicio de Dios. Si no es tal como he dicho, aquí está el
peligro, y puede hacer grandísimo daño entender él que le tienen voluntad, y en
casas muy encerradas mucho más que en otras. Y porque con dificultad se
entenderá cuál es tan bueno, es menester gran cuidado y aviso; porque decir que
no entienda él que hay la voluntad y que no se lo digan, esto sería lo mejor;
mas aprieta el demonio de arte, que no da ese lugar, porque todo cuanto tuviere
que confesar le parecerá es aquello y que está obligada a confesarlo. Por esto
querría yo que creyesen no es nada ni hiciesen caso de ello.
Lleven este aviso: si en el confesor entendieren que
todas sus pláticas es para aprovechar su alma y no le vieren ni entendieren
otra vanidad (que luego se entiende a quien no se quiere hacer boba), y le
entendieren temeroso de Dios, por ninguna tentación que ellas tengan de mucha
afición se fatiguen, que de que el demonio se canse se le quitará. Mas si en el
confesor entendieren va encaminado a alguna vanidad en lo que les dicen, todo
lo tengan por sospechoso, y ninguna manera, -aunque sean pláticas de oración ni
de Dios- las tengan con él, sino con brevedad confesarse y concluir; y lo mejor
sería decir a la Madre no se halla su alma bien con él y mudarle. Esto es lo
más acertado, si hay disposición, y espero en Dios sí habrá; y poner lo que
pudiere en no tratar con él, aunque sienta la muerte. -Prosigue en el n. 15.
Todo el n. 14 faltaba en la 1ª redacción.
17 En el n. 14.
18 Este: el confesor. -Lo hace todo poco: lo juzga
cosa sin importancia.
19 En la 1ª redacción concluía así: He visto en
monasterios gran aflicción de esta parte -aunque no en el mío- que me han
movido a gran piedad.
Fuente: Mercaba