De
cómo se han de haber con las que tienen melancolía. Es necesario para las
preladas (1).
1.
Estas mis hermanas de San José de Salamanca adonde estoy cuando esto escribo me
han mucho pedido diga algo de cómo se han de haber con las que tienen humor de
melancolía. Y porque, por mucho que andamos procurando no tomar las que le
tienen, es tan sutil que se hace mortecino para cuando es menester y así no lo
entendemos hasta que no se puede remediar; paréceme que en un librico pequeño
dije algo de esto (2), no me acuerdo; poco se pierde en decir algo aquí, si el
Señor fuese servido que acertase. Ya puede ser que esté dicho otra vez; otras
ciento lo diría, si pensase atinar alguna en algo que aprovechase. Son tantas
las invenciones que busca este humor para hacer su voluntad, que es menester
buscarlas para cómo lo sufrir y gobernar sin que haga daño a las otras.
2.
Hase de advertir que no todos los que tienen este humor son tan trabajosos, que
cuando cae en un sujeto humilde y en condición blanda, aunque consigo mismos
traen trabajo, no dañan a los otros, en especial si hay buen entendimiento.
3.
En los que sólo ha comenzado este tan dañoso mal, aunque no esté tan
confirmado, en fin es de aquel humor y raíz, y nace de aquella cepa; y así,
cuando no bastaren otros artificios, el mismo remedio ha menester (4), y que se
aprovechen las preladas de las penitencias de la Orden y procuren sujetarlas de
manera que entiendan no han de salir con todo ni con nada de lo que quieren.
Porque, si entienden que algunas veces han bastado sus clamores y las
desesperaciones que dice el demonio en ellos, por si pudiese echarlos a perder,
ellos van perdidos, y una basta para traer inquieto un monasterio; porque, como
la pobrecita en sí misma no tiene quien la valga para defenderse de las cosas
que la pone el demonio, es menester que la prelada ande con grandísimo aviso
para su gobierno, no sólo exterior, sino interior; que la razón que en la
enferma está obscurecida, es menester esté más clara en la prelada, para que no
comience el demonio a sujetar aquel alma, tomando por medio este mal.
Porque es
cosa peligrosa, que, como es a tiempos (5) el apretar este humor tanto que
sujete la razón (y entonces no será culpa, como no lo es a los locos, por
desatinos que hagan; mas a los que no lo están, sino enferma la razón, todavía
hay alguna, y otros tiempos están buenos), es menester que no comiencen en los
tiempos que están malos a tomar libertad, para que cuando están buenos no sean
señores de sí, que es terrible ardid del demonio. Y así, si lo miramos, en lo
que más dan es en salir con lo que quieren y decir todo lo que se les viene a
la boca y mirar faltas en los otros con que encubrir las suyas, y holgarse en
lo que les da gusto; en fin, como quien no tiene en sí quien la resista. Pues
las pasiones no mortificadas y que cada una de ellas querría salir con lo que
quiere, ¿qué será, si no hay quien las resista?
4.
Torno a decir, como quien ha visto y tratado muchas personas de este mal, que
no hay otro remedio para él, si no es sujetarlas por todas las vías y maneras
que pudieren. Si no bastaren palabras, sean castigos; si no bastaren pequeños,
sean grandes; si no bastare un mes de tenerlas encarceladas, sean cuatro: que
no pueden hacer mayor bien a sus almas. Porque, como queda dicho (6) y lo torno
a decir (porque importa para las mismas entenderlo, aunque alguna vez, o veces,
no puedan más consigo), como no es locura confirmada de suerte que disculpe
para la culpa, aunque algunas veces lo sea, no es siempre, y queda el alma en
mucho peligro; sino estando como digo (7) la razón tan quitada que la haga
fuerza, hace lo que, cuando no podía más, hacía o decía. Gran misericordia es
de Dios a los que da este mal, sujetarse a quien los gobierne, porque aquí está
todo su bien, por este peligro que he dicho (8). Y, por amor de Dios, si alguna
leyere esto, mire que le importa por ventura la salvación.
5.
Yo conozco algunas personas que no les falta casi nada para del todo perder el
juicio; mas tienen almas humildes y tan temerosas de ofender a Dios, que,
aunque se están deshaciendo en lágrimas y entre sí mismas, no hacen más de lo
que les mandan y pasan su enfermedad como otras hacen, aunque esto es mayor
martirio, y así tendrán mayor gloria, y acá el purgatorio para no le tener
allá. Mas torno a decir, que las que no hicieren esto de grado, que sean
apremiadas de las preladas; y no se engañen con piedades indiscretas, para que
se vengan a alborotar todas con sus desconciertos.
6.
Porque hay otro daño grandísimo, dejado el peligro que queda dicho (9) de la
misma: que como la ven a su parecer buena, como no entienden la fuerza que le
hace el mal en lo interior, es tan miserable nuestro natural que cada una le
parecerá es melancólica para que la sufran; y aun en hecho de verdad se lo hará
entender el demonio así, y vendrá a hacer el demonio un estrago que cuando se
venga a entender sea dificultoso de remediar, e importa tanto esto, que en
ninguna manera se sufre haya en ello descuido; sino que si la que es
melancólica resistiere al prelado, que lo pague como la sana, y ninguna cosa se
le perdone. Si dijere mala palabra a su hermana, lo mismo. Así en todas las
cosas semejantes que éstas.
7.
Parece injusticia que, si no puede más, castiguen a la enferma como a la sana.
Luego también lo sería atar a los locos y azotarlos, sino dejarlos matar a
todos. Créanme que lo he probado, y que, a mi parecer, intentado hartos
remedios, y que no hallo otro. Y la priora que por piedad dejare comenzar a
tener libertad a las tales, en fin fin, no se podrá sufrir, y cuando se venga a
remediar, será habiendo hecho mucho daño a las otras. Si, porque no maten los
locos, los atan y castigan, y es bien, aunque parece hace gran piedad pues
ellos no pueden más, ¿cuánto más se ha de mirar que no hagan daño a las almas
con sus libertades? Y verdaderamente creo que muchas veces es como he dicho
(10) de condiciones libres y poco humildes y mal domadas, y que no les hace
tanta fuerza el humor como esto. Digo "en algunas", porque he visto
que cuando hay a quien temer, se van a la mano y pueden; pues ¿por qué no
podrán por Dios? Yo he miedo que el demonio, debajo de color de este humor como
he dicho (11) quiere ganar muchas almas.
8.
Porque ahora se usa más que suele, y es que toda la propia voluntad y libertad
llaman ya melancolía. Y es así que he pensado que en estas casas y en todas las
de Religión no se había de tomar este nombre en la boca, porque parece que trae
consigo libertad, sino que se llame enfermedad grave ¡y cuánto lo es! y se cure
como tal. Que a tiempos es muy necesario adelgazar el humor (12) con alguna
cosa de medicina para poderse sufrir; y estése en la enfermería, y entienda
que, cuando saliere a andar en comunidad, que ha de ser humilde como todas y
obedecer como todas; y cuando no lo hiciere que no le valdrá el humor; porque,
por las razones que tengo dichas conviene, y más se pudieran decir. Las prioras
han menester, sin que las mismas lo entiendan, llevarlas con mucha piedad, así
como verdadera madre, y buscar los medios que pudiere para su remedio.
9.
Parece que me contradigo, porque hasta aquí he dicho que se lleven con rigor.
Así lo torno a decir: que no entiendan que han de salir con lo que quieren, ni
salgan, puesto en término de que hayan de obedecer; que en sentir que tienen
esta libertad está el daño. Mas puede la priora no las mandar lo que ve han de
resistir, pues no tienen en sí fuerza para hacerse fuerza; sino llevarlas por
maña y amor todo lo que fuere menester, para que, si fuese posible, por amor se
sujetasen, que sería muy mejor y suele acaecer, mostrando que las ama mucho, y
dárselo a entender por obras y palabras.
Y han de advertir que el mayor remedio
que tienen es ocuparlas mucho en oficios para que no tengan lugar de estar
imaginando, que aquí está todo su mal; y aunque no los hagan tan bien,
súfranlas algunas faltas, por no las sufrir otras mayores estando perdidas,
porque entiendo que es el más suficiente remedio que se les puede dar, y
procurar que no tengan muchos ratos de oración, aun de lo ordinario; que, por
la mayor parte, tienen la imaginación flaca y haráles mucho daño, y sin eso se
les antojarán cosas que ellas ni quien las oyere no lo acaben de entender.
Téngase cuenta con que no coman pescado, sino pocas veces; y también en los
ayunos es menester no ser tan continuos como las demás.
10.
Demasía parece dar tanto aviso para este mal y no para otro ninguno,
habiéndolos tan graves en nuestra miserable vida, en especial en la flaqueza de
las mujeres. Es por dos cosas: la una, que parece están buenas, porque ellas no
quieren conocer tienen este mal; y como no las fuerza a estar en cama, porque
no tienen calentura, ni a llamar médico, es menester lo sea la priora; pues es
más perjudicial mal para toda la perfección, que los que están con peligro de
la vida en la cama.
La otra es, porque con otras enfermedades o sanan o se
mueren; de ésta, por maravilla sanan, ni de ella se mueren, sino vienen a
perder del todo el juicio, que es morir para matar a todas. Ellas pasan harta
muerte consigo mismas de aflicciones e imaginaciones y escrúpulos, y así
tendrán harto gran mérito, aunque ellas siempre las llaman tentaciones; que si
acabasen de entender es del mismo mal, tendrían gran alivio, si no hiciesen
caso de ello.
Por
cierto, yo las tengo gran piedad, y así es razón todas se la tengan las que
están con ellas, mirando que se le podrá dar el Señor, y sobrellevándolas sin
que ellas lo entiendan, como tengo dicho (13). Plega al Señor que haya atinado
a lo que conviene hacer para tan gran enfermedad.
NOTAS CAPÍTULO 7
1 Dedicará el
capítulo entero a "las que tienen melancolía" y a "las
preladas" que han de ser médicos de esta enfermedad. Es capítulo
primoroso. - Advierte el lector que bajo el nombre de "melancolía" o
"humor de melancolía" entiende la Santa toda una gama de anomalías
difíciles de reducir a una determinada categoría. El "homor de
melancolía" era para los ilustres médicos de antaño, uno de los varios
humores fundamentales del intrigante compuesto humano, mezcla de bilis negra y
otros infundios. - En el lenguaje vulgar de hoy, podríamos traducir la
"melancolía" de la Santa por "neurastenia".
2 En el Camino
de perfección, c. 24.
3 Que hayan
temor, es decir, que tengan temor, infundírselo.
4 El mismo
remedio: hacerles temer (cf. n. 2).
5 Como es a
tiempos: a intervalos, o a veces (cf. c. 11, n. 2).
6 En los nn. 2-3.
7 Ibid.
8 En el n. 3.
9 Peligro para
su salvación: n. 4 y cf. c. 3.
10 Como he
dicho: en el n. 5.
11 En los nn.
3-4.
12 Adelgazar y
delgado: son términos que frecuentemente usa la Santa en su sentido clásico de
"sutilizar" t "delicado". Adelgazar el humor: medicinario
para hacerle recuperar su temple natural. Expresión que supone y refleja las
teorías médicas del s. XVI.
13 En los nn.
8-9.
Fuente: Mercaba
