En
que trata el modo y manera cómo se entienden estas hablas que hace Dios al alma
sin oírse, y de algunos
engaños que puede haber en ello, y en qué se conocerá cuándo lo es. Es de mucho provecho para quien
se viere en este grado de oración, porque se declara muy bien, y de harta
doctrina. *
1.
Paréceme será bien declarar cómo es este hablar que hace Dios al alma y lo que
ella siente, para que vuestra merced lo entienda (1). Porque desde esta vez que
he dicho que el Señor me hizo esta merced (2), es muy ordinario hasta ahora,
como se verá en lo que está por decir.
Son
unas palabras muy formadas (3), mas con los oídos corporales no se oyen, sino
entiéndense muy más claro que si se oyesen; y dejarlo de entender, aunque mucho
se resista, es por demás. Porque cuando acá no queremos oír, podemos tapar los
oídos o advertir a otra cosa, de manera que, aunque se oiga, no se entienda. En
esta plática que hace Dios al alma no hay remedio ninguno, sino que, aunque me
pese, me hacen escuchar y estar el entendimiento tan entero para entender lo
que Dios quiere entendamos, que no basta querer ni no querer. Porque el que todo
lo puede, quiere que entendamos se ha de hacer lo que quiere y se muestra señor
verdadero de nosotros. Esto tengo muy experimentado, porque me duró casi dos
años el resistir (4), con el gran miedo que traía, y ahora lo pruebo algunas
veces, mas poco me aprovecha.
Cuando
es de Dios, tengo muy probado en muchas cosas que se me decían dos o tres años
antes, y todas se han cumplido, y hasta ahora ninguna ha salido mentira, y
otras cosas adonde se ve claro ser espíritu de Dios, como después se dirá.
3.
Paréceme a mí que podría una persona, estando encomendando una cosa a Dios con
gran afecto y aprensión, parecerle entiende alguna cosa si se hará o no, y es
muy posible; aunque a quien ha entendido de estotra suerte (6), verá claro lo
que es, porque es mucha la diferencia, y si es cosa que el entendimiento
fabrica, por delegado que vaya, entiende que ordena él algo y que habla; que no
es otra cosa sino ordenar uno la plática, o escuchar lo que otro le dice; y
verá el entendimiento que entonces no escucha, pues que obra; y las palabras
que él fabrica son como cosa sorda, fantaseada, y no con la claridad que estotras.
Y aquí está en nuestra mano divertirnos, como callar cuando hablamos; en
estotro no hay términos.
Y
otra señal más que todas: (7) que no hace operación. Porque estotra que habla
el Señor es palabras y obras; y aunque las palabras no sean de devoción, sino
de reprensión, a la primera disponen un alma, y la habilita y enternece y da
luz y regala y quieta; y si estaba con sequedad o alboroto y desasosiego de
alma, como con la mano se le quita, y aun mejor, que parece quiere el Señor se
entienda que es poderoso y que sus palabras son obras.
4.
Paréceme que hay la diferencia que si nosotros hablásemos u oyésemos, ni más ni
menos. Porque lo que hablo, como he dicho (8), voy ordenando con el
entendimiento lo que digo. Mas si me hablan, no hago más de oír sin ningún
trabajo.
Lo
uno va como una cosa que no nos podemos bien determinar si es, como uno que
está medio dormido; estotro es voz tan clara que no se pierde una sílaba de lo
que se dice. Y acaece ser a tiempos que está el entendimiento y alma tan
alborotada y distraída, que no acertaría a concertar una buena razón, y (9)
halla guisadas grandes sentencias que le dicen, que ella, aun estando muy
recogida, no pudiera alcanzar, y a la primera palabra, como digo, la mudan
toda. En especial si está en arrobamiento, que las potencias están suspendidas,
¿cómo se entenderán cosas que no habían venido a la memoria aun antes? ¿Cómo
vendrán entonces, que no obra casi, y la imaginación está como embobada?
5.
Entiéndase que cuando se ven visiones o se entienden estas palabras, a mi
parecer, nunca es en tiempo que está unida el alma en el mismo arrobamiento;
que en este tiempo como ya dejo declarado, creo en la segunda agua (10) del
todo se pierden todas las potencias y a mi parecer allí ni se puede ver ni
entender ni oír: está en otro poder toda, y en este tiempo, que es muy breve,
no me parece la deja el Señor para nada libertad. Pasado este breve tiempo, que
se queda aún en el arrobamiento el alma, es esto que digo; (11) porque quedan
las potencias de manera que, aunque no están perdidas, casi nada obran; están
como absortas y no hábiles para concertar razones. Hay tantas para entender la
diferencia, que si una vez se engañase, no serán muchas.
6.
Y digo que si es alma ejercitada y está sobre aviso, lo verá muy claro; porque
dejadas otras cosas por donde se ve lo que he dicho (12), ningún efecto hace,
ni el alma lo admite (porque estotro, mal que nos pese) (13), y no se da
crédito, antes se entiende que es devanear del entendimiento, casi como no se
haría caso de una persona que sabéis tiene frenesí.
Estotro
es como si lo oyésemos a una persona muy santa o letrada y de gran autoridad,
que sabemos no nos ha de mentir. Y aun es baja comparación, porque traen
algunas veces una majestad consigo estas palabras, que, sin acordarnos quién
las dicen (14), si son de reprensión hacen temblar, y si son de amor, hacen
deshacerse en amar. Y son cosas, como he dicho (15), que estaban bien lejos de
la memoria, y dícense tan de presto sentencias tan grandes, que era menester
mucho tiempo para haberlas de ordenar, y en ninguna manera me parece se puede
entonces ignorar no ser cosa fabricada de nosotros. Así que en
esto no hay que me detener, que por maravilla me parece puede haber engaño en
persona ejercitada, si ella misma de advertencia no se quiere engañar.
7.
Acaecídome ha muchas veces, si tengo alguna duda, no creer lo que me dicen, y
pensar si se me antojó (esto después de pasado, que entonces es imposible), y
verlo cumplido desde a mucho tiempo; (16) porque hace el Señor que quede en la
memoria, que no se puede olvidar. Y lo que es del entendimiento (17) es como
primer movimiento del pensamiento, que pasa y se olvida. Estotro es como obra
que, aunque se olvide algo y pase tiempo, no tan del todo que se pierda la
memoria de que, en fin, se dijo, salvo si no ha mucho tiempo o son palabras de
favor o doctrina; mas de profecía no hay olvidarse, a mi parecer, al menos a
mí, aunque tengo poca memoria.
8.
Y torno a decir que me parece (18) si un alma no fuese tan desalmada que lo
quiera fingir (que sería harto mal) y decir que lo entiende no siendo así; mas
dejar de ver claro que ella lo ordena y lo parla entre sí, paréceme no lleva
camino, si ha entendido el espíritu de Dios, que si no, toda su vida podrá
estarse en ese engaño y parecerle que entiende, aunque yo no sé cómo. O esta
alma lo quiere entender, o no: si se está deshaciendo de lo que entiende y en
ninguna manera querría entender nada por mil temores y otras muchas causas que
hay para tener deseo de estar quieta en su oración sin estas cosas, ¿cómo da
tanto espacio al entendimiento que ordene razones? Tiempo es menester para
esto. Acá (19) sin perder ninguno, quedamos enseñadas y se entienden cosas que
parece era menester un mes para ordenarlas, y el mismo entendimiento y alma
quedan espantadas de algunas cosas que se entienden.
9.
Esto es así, y quien tuviere experiencia verá que es al pie de la letra todo lo
que he dicho. Alabo a Dios porque lo he sabido así decir. Y acabo con que me
parece, siendo del entendimiento (20), cuando lo quisiésemos lo podríamos
entender, y cada vez que tenemos oración nos podría parecer entendemos. Mas en
estotro no es así, sino que estaré muchos días que aunque quiera entender algo
es imposible, y cuando otras veces no quiero, como he dicho (21), lo tengo de
entender.
Paréceme
que quien quisiese engañar a los otros, diciendo que entiende de Dios lo que es
de sí, que poco le cuesta decir que lo oye con los oídos corporales; y es así
cierto con verdad, que jamás pensé había otra manera de oír ni entender hasta
que lo vi por mí; y así, como he dicho, me cuesta harto trabajo (22).
10.
Cuando es demonio (23), no sólo no deja buenos efectos, mas déjalos malos. Esto
me ha acaecido no más de dos o tres veces, y he sido luego avisada del Señor
cómo era demonio. Dejado la gran sequedad que queda, es una inquietud en el
alma a manera de otras muchas veces que ha permitido el Señor que tenga grandes
tentaciones y trabajos de alma de diferentes maneras; y aunque me atormenta
hartas veces, como adelante diré (24), es una inquietud que no se sabe entender
de dónde viene, sino que parece resiste el alma y se alborota y aflige sin
saber de qué, porque lo que él dice no es malo sino bueno. Pienso si siente un
espíritu a otro. El gusto y deleite que él da, a mi parecer, es diferente en
gran manera. Podrá él engañar con estos gustos a quien no tuviere o hubiere
tenido otros de Dios.
11.
De veras digo gustos (25), una recreación suave, fuerte, impresa, deleitosa,
quieta; que unas devocioncitas del alma, de lágrimas y otros sentimientos
pequeños, que al primer airecito de persecución se pierden estas florecitas, no
las llamo devociones, aunque son buenos principios y santos sentimientos, mas
no para determinar estos efectos de buen espíritu o malo. Y así es bien andar
siempre con gran aviso, porque cuando a personas que no están más adelante en
la oración que hasta esto, fácilmente podrían ser engañadas si tuviesen
visiones o revelaciones (26).
Yo
nunca tuve cosa de estas postreras hasta haberme Dios dado, por sólo su bondad,
oración de unión, si no fue la primera vez que dije, que ha muchos años (27),
que vi a Cristo, que pluguiera a Su Majestad entendiera yo era verdadera visión
como después lo he entendido, que no me fuera poco bien. Ninguna blandura queda
en el alma, sino como espantada y con gran disgusto (28).
12.
Tengo por muy cierto que el demonio no engañará ni lo permitirá Dios a alma que
de ninguna cosa se fía de sí y está fortalecida en la fe, que entienda ella de
sí que por un punto de ella morirá mil muertes. Y con este amor a la fe, que
infunde luego Dios, que es una fe viva, fuerte, siempre procura ir conforme a
lo que tiene la Iglesia, preguntando a unos y a otros, como quien tiene ya
hecho asiento fuerte en estas verdades, que no la moverían cuantas revelaciones
pueda imaginar aunque viese abiertos los cielos un punto de lo que tiene la
Iglesia (29)
Si
alguna vez se viese vacilar en su pensamiento contra esto, o detenerse en
decir: "pues si Dios me dice esto, también puede ser verdad, como lo que
decía a los santos" (no digo que lo crea, sino que el demonio la comience
a tentar por primer movimiento; que detenerse en ello ya se ve que es malísimo,
mas aun primeros movimientos muchas veces en este caso creo no vendrán si el
alma está en esto tan fuerte como la hace el Señor a quien da estas cosas, que le
parece desmenuzaría los demonios sobre una verdad de lo que tiene la Iglesia,
muy pequeña), [13] digo que si no viere en sí esta fortaleza grande y que ayude
a ella la devoción o visión, que no la tenga por segura (30).
Porque,
aunque no se sienta luego el daño, poco a poco podría hacerse grande. Que, a lo
que yo veo y sé de experiencia, de tal manera queda el crédito de que es Dios,
que vaya conforme a la Sagrada Escritura, y como un tantico torciese de esto,
mucha más firmeza sin comparación me parece tendría en que es demonio que ahora
tengo de que es Dios, por grande que la tenga. Porque entonces no es menester
andar a buscar señales ni qué espíritu es, pues está tan clara esta señal para
creer que es demonio, que si entonces todo el mundo me asegurase que es Dios,
no lo creería.
El
caso es que, cuando es demonio parece que se esconden todos los bienes y huyen
del alma, según queda desabrida y alborotada y sin ningún efecto bueno. Porque
aunque parece pone deseos, no son fuertes. La humildad que deja es falsa,
alborotada y sin suavidad. Paréceme que a (31) quien tiene experiencia del buen
espíritu, lo entenderá.
14.
Con todo, puede hacer muchos embustes el demonio, y así no hay cosa en esto tan
cierta que no lo sea más temer e ir siempre con aviso, y tener maestro que sea
letrado y no le callar nada, y con esto ningún daño puede venir; aunque a mí
hartos me han venido por estos temores demasiados que tienen algunas personas.
En
especial me acaeció una vez que se habían juntado muchos a quien yo daba gran crédito
y era razón se le diese que, aunque yo ya no trataba sino con uno, y cuando él
me lo mandaba hablaba a otros, unos con otros trataban mucho de mi remedio, que
me tenían mucho amor y temían no fuese engañada. Yo también traía grandísimo
temor cuando no estaba en la oración, que estando en ella y haciéndome el Señor
alguna merced, luego me aseguraba. Creo eran cinco o seis, todos muy siervos de
Dios (32). Y díjome mi confesor que todos se determinaban en que era demonio,
que no comulgase tan a menudo y que procurase distraerme de suerte que no
tuviese soledad.
Yo
era temerosa en extremo, como he dicho (33). Ayudábame el mal de corazón, que
aun en una pieza sola no osaba estar de día muchas veces. Yo, como vi que
tantos lo afirmaban y yo no lo podía creer, diome grandísimo escrúpulo,
pareciendo poca humildad; porque todos eran (34) más de buena vida sin
comparación que yo, y letrados, que por qué no los había de creer. Forzábame lo
que podía para creerlo, y pensaba que mi ruin vida (35) y que conforme a esto
debían de decir verdad.
15.
Fuime de la iglesia con esta aflicción y entréme en un oratorio, habiéndome
quitado muchos días de comulgar, quitada la soledad, que era todo mi consuelo,
sin tener persona con quien tratar, porque todos eran contra mí: unos me
parecía burlaban de mí cuando de ello trataba, como que se me antojaba; otros
avisaban al confesor que se guardase de mí; otros decían que era claro demonio;
sólo el confesor (36), que, aunque conformaba con ellos por probarme según
después supe, siempre me consolaba y me decía que, aunque fuese demonio, no
ofendiendo yo a Dios, no me podía hacer nada, que ello se me quitaría, que lo
rogase mucho a Dios. Y él y todas las personas que confesaba lo hacían harto, y
otras muchas, y yo toda mi oración, y cuantos entendía eran siervos de Dios,
porque Su Majestad me llevase por otro camino. Y esto me duró no sé si dos
años, que era continuo pedirlo al Señor.
16.
A mí ningún consuelo me bastaba, cuando pensaba que era posible que tantas
veces me había de hablar el demonio. Porque de que no tomaba horas de soledad
para oración, en conversación me hacía el Señor recoger y, sin poderlo yo
excusar, me decía lo que era servido y, aunque me pesaba, lo había de oír.
17.
Pues estándome sola, sin tener una persona con quien descansar, ni podía rezar
ni leer, sino como persona espantada de tanta tribulación y temor de si me
había de engañar el demonio, toda alborotada y fatigada, sin saber qué hacer de
mí. En esta aflicción me vi algunas y muchas veces, aunque no me parece ninguna
en tanto extremo. Estuve así cuatro o cinco horas, que consuelo del cielo ni de
la tierra no había para mí, sino que me dejó el Señor padecer, temiendo mil
peligros. ¡Oh Señor mío, cómo sois Vos el amigo verdadero; y como poderoso,
cuando queréis podéis, y (37) nunca dejáis de querer si os quieren! ¡Alaben os
todas las cosas, Señor del mundo! ¡Oh, quién diese voces por él, para decir
cuán fiel sois a vuestros amigos! Todas las cosas faltan; Vos Señor de todas
ellas, nunca faltáis.
Poco es lo que dejáis padecer a quien os ama. ¡Oh Señor
mío!, ¡qué delicada y pulida y sabrosamente los sabéis tratar! ¡Quién nunca se
hubiera detenido en amar a nadie sino a Vos! Parece, Señor, que probáis con
rigor a quien os ama, para que en el extremo del trabajo se entienda el mayor
extremo de vuestro amor. ¡Oh Dios mío, quién tuviera entendimiento y letras y
nuevas palabras para encarecer vuestras obras como lo entiende mi alma! Fáltame
todo, Señor mío; más si Vos no me desamparáis, no os faltaré yo a Vos.
Levántense contra mí todos los letrados; persíganme todas las cosas criadas,
atorméntenme los demonios, no me faltéis Vos, Señor, que ya tengo experiencia
de la ganancia con que sacáis a quien sólo en Vos confía.
18.
Pues estando en esta gran fatiga (aún entonces no había comenzado a tener
ninguna visión), solas estas palabras bastaban para quitármela y quietarme del
todo: No hayas miedo, hija, que Yo soy y no te desampararé; no temas (38).
Paréceme a mí, según estaba, que era menester muchas horas para persuadirme a
que me sosegase y que no bastara nadie.
Heme
aquí con solas estas palabras sosegada, con fortaleza, con ánimo, con
seguridad, con una quietud y luz que en un punto vi mi alma hecha otra, y me
parece que con todo el mundo disputara que era Dios. ¡Oh, qué buen Dios! ¡Oh,
qué buen Señor y qué poderoso! No sólo da el consejo, sino el remedio. Sus
palabras son obras (39). ¡Oh, válgame Dios, y cómo fortalece la fe y se aumenta
el amor!
19.
Es así, cierto, que muchas veces me acordaba de cuando el Señor mandó a los
vientos que estuviesen quedos, en la mar, cuando se levantó la tempestad (40) y
así decía yo: ¿Quién es éste que así le obedecen todas mis potencias, y da luz
en tan gran oscuridad en un momento, y hace blando un corazón que parecía
piedra, da agua de lágrimas suaves adonde parecía había de haber mucho tiempo
sequedad? ¿Quién pone estos deseos? ¿Quién da este ánimo? Que me acaeció
pensar: ¿de qué temo? ¿Qué es esto? Yo deseo servir a este Señor. No pretendo
otra cosa sino contentarle. No quiero contento ni descanso ni otro bien sino
hacer su voluntad (que de esto bien cierta estaba, a mi parecer, que lo podía
afirmar). Pues si este Señor es poderoso, como veo que lo es y sé que lo es, y
que son sus esclavos los demonios (y de esto no hay que dudar, pues es fe)
(41), siendo yo sierva de este Señor y Rey, ¿qué mal me pueden ellos hacer a
mí? ¿Por qué no he yo de tener fortaleza para combatirme con todo el infierno?
Tomaba
una cruz en la mano y parecía verdaderamente darme Dios ánimo, que yo me vi
otra en un breve tiempo, que no temiera tomarme con ellos a brazos (42), que me
parecía fácilmente con aquella cruz los venciera a todos. Y así dije:
"ahora venid todos, que siendo sierva del Señor yo quiero ver qué me
podéis hacer".
20.
Es sin duda que me parecía me habían miedo, porque yo quedé sosegada y tan sin
temor de todos ellos, que se me quitaron todos los miedos que solía tener,
hasta hoy. Porque, aunque algunas veces los veía, como diré después (43), no los
he habido más casi miedo, antes me parecía ellos me le habían a mí.
Quedóme
un señorío contra ellos bien dado del Señor de todos, que no se me da más de
ellos que de moscas. Parécenme tan cobardes que, en viendo que los tienen en
poco, no les queda fuerza. No saben estos enemigos de hecho acometer, sino a
quien ven que se les rinde, o cuando lo permite Dios para más bien de sus
siervos que los tienten y atormenten. Pluguiese a Su Majestad temiésemos a
quien hemos de temer y entendiésemos nos puede venir mayor daño de un pecado
venial que de todo el infierno junto, pues es ello así.
21.
¡Qué espantados nos traen estos demonios, porque nos queremos nosotros espantar
con otros asimientos de honras y haciendas y deleites! (44), que entonces,
juntos ellos con nosotros mismos que nos somos contrarios amando y queriendo lo
que hemos de aborrecer, mucho daño nos harán. Porque con nuestras mismas armas
les hacemos que peleen contra nosotros, poniendo en sus manos con las que nos
hemos de defender. Esta es la gran lástima. Mas si todo lo aborrecemos por
Dios, y nos abrazamos con la cruz, y tratamos servirle de verdad, huye él de
estas verdades como de pestilencia. Es amigo de mentiras, y la misma mentira;
no hará pacto con quien anda en verdad (45).
Cuando
él ve oscurecido el entendimiento, ayuda lindamente a que se quiebren los ojos;
porque si a uno ve ya ciego en poner su descanso en cosas vanas, y tan vanas
que parecen las de este mundo cosa de juego de niños, ya él ve que éste es
niño, pues trata como tal, y atrévese a luchar con él una y muchas veces (46).
22.
Plega al Señor que no sea yo de éstos, sino que me favorezca Su Majestad para
entender por descanso lo que es descanso, y por honra lo que es honra, y por
deleite lo que es deleite, y no todo al revés, y ¡una higa (47) para todos los
demonios!, que ellos me temerán a mí. No entiendo estos miedos: "¡demonio!
¡demonio!", adonde podemos decir: "¡Dios ¡Dios!", y hacerle
temblar (48). Sí, que ya sabemos que no se puede menear si el Señor no lo
permite. ¿Qué es esto? Es sin duda que tengo ya más miedo a los que tan grande
le tienen al demonio que a él mismo; porque él no me puede hacer nada, y
estotros, en especial si son confesores, inquietan mucho, y he pasado algunos
años de tan gran trabajo, que ahora me espanto cómo lo he podido sufrir.
¡Bendito sea el Señor que tan de veras me ha ayudado!.
NOTAS CAPÍTULO 25
De nuevo
introduce en el relato autobiográfico un paréntesis doctrinal. Lo motiva la
"palabra interior" referida en el c. 24, 5, que resolvió su problema
afectivo. Desde ella se propone explicar "las hablas místicas": en
qué consisten y cómo discernirlas. La exposición se ilustra con hechos
personales (nn. 7, 14-15), y culmina en el relato de una nueva "palabra
interior", decisiva: "no hayas miedo, hija, yo soy" (n. 18). -
Desarrollará el tema en el lugar paralelo de las Moradas VI, c. 3.
1 El capítulo
reanuda el diálogo con el P. García de Toledo. Al final del capítulo, el
diálogo se extenderá a todo el grupo de letrados asesores.
2 Se refiere a
la palabra escuchada en ese "primer arrobamiento", referido en el c.
anterior, n. 5.
3 Palabras muy
formadas: en acepción mística. Son experiencias místicas con contenido
ideológico y expresión verbal, por oposición a las noticias puras, comunicadas
en las visiones intelectuales, sin verbalización. Véase la nota 18 al capítulo
27, n. 6, y las anotaciones al c. 3 de las Moradas VI. - San Juan de la Cruz
emplea una terminología parecida ("palabras sucesivas, formales y
sustanciales" pero en un cuadro doctrinal diverso del teresiano (Subida
II, c. 28, 2; y cc. 30-31).
4 Duró casi dos
años el resistir a las hablas interiores, a pesar de la respuesta de san
Francisco de Borja (24, 3). De nuevo testificará esa dolorosa resistencia en el
n. 15 y en el c. 27, 1.
5 Aprensión del
mismo entendimiento (en el autógrafo: apreensión, repetido en el n. 3). Término
que proviene del léxico escolástico de sus letrados asesores.
"Aprehensio" era el acto germinal de la mente que concibe una idea.
En el texto teresiano indica la formulación de una palabra interior por la propia
mente (autoescucha, autosugestión), en contraposición a las otras dos formas de
palabra interior: la sugerida por el demonio, o la infundida por Dios. Para la
autora el problema del capítulo es cómo discernirlas.
6 Entendido de
estotra suerte: en forma de habla mística, como ha dicho en el n. 1. - A partir
del n. 2 establece la Santa un paralelo entre las hablas místicas y las
ficticias (fantaseadas por el sujeto o sugeridas por el demonio). El término
"estotro" designará constantemente las hablas místicas, por contraposición
a las otras dos.
7 Otra señal más
distinta (= más señal) que todas es que no hace operación. Es decir, que las
hablas fantaseadas no producen efectos interiores. Al contrario las del Señor,
"son palabras y obras": alusión bíblica a Fil. 4, 13, insinuada dos
veces en este número; y ya antes en el c. 13, 3.
8 En los nn. 2-3.
9 "Y":
en cambio...
10 No en la
segunda sino en la cuarta agua: c. 18, 1 y s.; y c. 20, 3 y ss.
11 Lo ha dicho
al final del n. 4. - Las dos cosas que aquí afirma son: que durante el
arrobamiento propiamente dicho (con suspensión de las potencias), no se dan las
hablas místicas; que después de él, al cesar dicha suspensión, "aún queda
en una especie de arrobamiento el alma...". Entonces "es esto que
digo": entonces tienen lugar las hablas místicas (como ha dicho del
"primer arrobamiento": c. 24, 5). - Para inteligencia de todo este
pasaje, téngase en cuenta la doctrina teresiana del éxtasis: cc. 18 y 20;
especialmente, los nn. 12-13 del c. 18.
12 Por donde se
ve lo que he dicho: la diferencia entre hablas místicas y pseudomísticas, de
que viene hablando desde el n. 2.
13 Es decir:
"porque estotro (las hablas místicas) lo admitimos mal que nos pese".
Véase el mismo pensamiento formulado en el n. 1.
14 Quien las
dicen: fray Luis corrige el probable lapsus: "quién las dice" (p.
295).
15 Dicho en el
n. 4.
16 O sea,
"de allí a mucho tiempo".
17 Y en cambio,
lo que es fabricado del entendimiento... - La Santa usa con frecuencia la
conjunción "y" en sentido adversativo: en cambio, sin embargo (cf.
nota 9).
18 Frase
incompleta: me parece imposible engañarse. El "torno a decir" enlaza
con el final del n. 6. - Alma tan desalmada: "Desalmado, el que tiene mala
conciencia y no cura de vivir como hombre de razón" (Cobarruvias).
19 Acá: en las
genuinas hablas místicas. - Sin perder ningún tiempo.
20 Es decir:
"acabo diciendo que me parece que, siendo fantaseado por el entendimiento,
cuando lo quisiéremos lo podríamos entender".
21 Lo ha dicho
en los nn. 1 y 6.
22 Se refiere a
los episodios narrados en el c. 23.
23 Cuando es
demonio: cuando las hablas provienen del demonio.
24 Hablará de
ello especialmente en el c. 31. Cf. además los cc. 32, 1; 36, 7-11; 38, 23-24;
39, 4.
25 De veras digo
gustos: digo gustos, que sean realmente tales, en la acepción mística del
término.
26 Frase
inconclusa. Fray Luis la reelaboró a su modo (p. 299). Podría completarse así:
porque cuando es a personas que no están más adelante en la oración que hasta
esto (= a personas que en la oración no han llegado más que a devocioncitas y
lágrimas...), fácilmente podrían ser engañados (= engañadas).
27 Alude a la
visión del rostro de Cristo en el locutorio de la Encarnación: c. 7, 6-7.
28 Se
sobreentiende "cuando es cosa del demonio".
29 Vea los
cielos abiertos: frase bíblica de los Hechos (7, 55). Lo que tiene la Iglesia:
fórmula usada por la Santa (dos veces en este mismo número) para designar lo
que la Iglesia cree o enseña en materia de fe (cf. los prólogos a Moradas, n. 3
y Fundaciones, n. 6; la Protestación de Camino; y Vida, c. 30, 12).
30 Periodo
diversamente puntuado por los editores de la Santa. Seguimos la puntuación de
fray Luis (p. 300). La frase "digo que si no tiene..." reanuda el
pensamiento que dejó suspenso antes del largo paréntesis: "Si alguna vez
se viese vacilar...".
31 Es redundante
esa "a".
32 Los cinco o
seis: podemos indicar únicamente nombres probables: como Gaspar Daza, Gonzalo
de Aranda, Baltasar Alvarez (o su predecesor, P. Prádanos), y quizás Alonso
Alvarez Dávila. - Mi confesor: probablemente el P. Baltasar Alvarez, joven
jesuita de San Gil, ordenado sacerdote en 1558, a los 25 años de edad. Tanto F.
de Ribera (Vida de la Santa, I, c. 11), como L. de la Puente (Vida del P.
Baltasar, c. 11), afirman que este último fue quien la sometió a esa prueba.
33 Lo ha recordado
en el c. 23, 13.
34 En el
autógrafo siguen unas palabras borradas e ilegibles. No aparecen en la ed. de
fray Luis (p. 302).
35 Fray Luis
corrigió: "pensaba en mi ruin vida" (p. 302).
36 Probablemente
el P. Baltasar Alvarez. - El dolor de esas jornadas, especialmente la privación
de la comunión, será recordado por la Santa en Fund. 6, 20.
37 Probable
reminiscencia bíblica: Lc 5, 12.
38 Son un
condensado de las palabras del Resucitado; Lc 24, 36, y de su promesa en Jn 14,
18.
39 Fil. 4, 13
(cf. n. 3).
40 Mc 4, 39.
41 Es fe: es
verdad de fe.
42 Tomarme con
ellos a brazos: luchar cuerpo a cuerpo: Cf. Camino 16, 3.
43 En los cc.
31, 32, 38 y 39. (cf. nota 24 de este c.).
44 Honras,
haciendas, deleites: categorías frecuentes en la Santa: cf. c. 20, 26-28.
45 Las dos
afirmaciones tienen ascendencia evangélica: Satanás es "el mendaz" y
"el padre de la mentira" (Jn 8, 44). Andar en verdad (cf. Jn 8, 44)
será la famosa definición de la humildad según la Santa (Moradas 6, 10, 7; y
Vida 26, 1).
46 Sobre el
mismo tema véase Camino 23, 4-5.
47 Cobarruvias
en su Tesoro de la lengua define así la higa: "Es una manera de
menosprecio que hacemos cerrando el puño y mostrando el dedo pulgar por el
índice y el medio: es disfrazada pulla". Más adelante reaparecerá el
término en contexto más doloroso (c. 29, 5 y 6; cf. Moradas 6, 9, 13 y Fund. 8,
3).
48 Alude
irónicamente al grupo de letrados miedosos (n. 14) que la amedrantaron. Más
adelante, uno de sus teólogos asesores reconocía: "Hale dado Dios un tan
fuerte y valeroso ánimo, que espanta. Solía ser temerosa; agora atropella a
todos los demonios. Es muy fuera de melindres y niñerías de mujeres; muy sin
escrúpulos. Es rectísima" (Dictamen del P. Pedro Ibáñez, escrito poco
antes que estas páginas de Vida: BMC, t. 2, p. 132, n. 28).
Fuente: Mercaba
