Alábente todos los pueblos, todas las tribus y lenguas, y engrandezcan tu santo y dulcísimo nombre consumo regocijo e inflamada devoción
EL
ALMA:
1.
¡Oh dulcísimo y amantísimo Señor, a
quien deseo recibir ahora devotamente! Tú conoces mi flaqueza y la necesidad
que padezco, en cuantos males y vicios estoy abismado, cuántas veces me veo
agobiado, tentado, turbado y amancillado. A Ti vengo por remedio, a Ti acudo
por consuelo y alivio. Hablo a quien todo lo sabe, a quien son manifiestos
todos los secretos de mi corazón, y a quien solo me puede consolar y ayudar
perfectamente. Tú sabes los bienes que más falta me hacen, y cuán pobre soy en
virtudes.
2.
Vedme aquí delante de Ti, pobre y
desnudo, pidiendo gracia e implorando misericordia. Da de comer a este tu
hambriento mendigo, enciende mi frialdad con el fuego de tu amor, alumbra mi
ceguedad con la claridad de tu presencia. Conviérteme todo lo terreno en
amargura, todo lo pesado y contrario en paciencia, todo lo ínfimo y criado en
menosprecio y olvido. Levanta mi corazón a Ti en el cielo, y no me dejes andar
vagando por la tierra. Tú solo me seas dulce desde ahora para siempre; pues Tú
solo eres mi manjar y bebida, mi amor, mi gozo, mi dulzura y todo mi bien.
Capítulo XVII: Del amor fervoroso y
vehemente deseo de recibir a Cristo
1. Con suma devoción y
abrasado amor, con todo el afecto y fervor del corazón, deseo, Señor, recibirte
en la comunión, como lo desearon muchos Santos y personas devotas que te
agradaron mucho con la santidad de su vida, y tuvieron devoción ardentísima.
¡Oh Dios mío, amor eterno, todo mi bien, felicidad interminable! Deseo
recibirte con el deseo más vehemente y con la reverencia más digna, cual jamás
tuvo ni pudo sentir ninguno de los Santos.
2. Y aunque yo sea
indigno de tener aquellos sentimientos devotos, te ofrezco todo el afecto de mi
corazón, como si yo solo tuviese todos aquellos inflamados deseos. Y cuanto
pueda el alma piadosa concebir y desear. Todo te lo presento y te lo ofrezco
con humildísima reverencia, y con entrañable fervor. Nada deseo reservar para
mí, sino ofrecerme en sacrificio con todas mis cosas voluntariamente, y con el
mayor afecto. Señor, Dios mío, Criador y Redentor mío, con tal afecto,
reverencia, honor y alabanza, con tal agradecimiento, dignidad y amor, con tal
fe, esperanza y pureza, deseo recibirte hoy, como te recibió y deseo tu
Santísima Madre la gloriosa Virgen María, cuando al ángel que le anunció el
misterio de la Encamación respondió humilde y devotamente: He aquí la esclava
del Señor; hágase en mi según tu palabra.
3. Y como el
bienaventurado San Juan Bautista, tu precursor, y el mayor de los Santos,
cuando aún estaba encerrado en el vientre de su madre, dio saltos de alegría en
tu presencia con gozo del Espíritu Santo; y después, viéndote Jesús mío,
conversar entre los hombres, con devoto y humildísimo afecto decía: El amigo
del esposo, que esta en su presencia y le oye, se regocija mucho al oír la voz
del esposo: así deseo yo estar inflamado de grandes y santos deseos y
presentarme a Ti con todo el afecto de mi corazón. Por eso te ofrezco y dedico
los júbilos de todos los corazones devotos, los vivísimos afectos, los
embelesos espirituales, las soberanas iluminaciones, las visiones celestiales,
y todas las virtudes y alabanzas con que te han celebrado y pueden celebrar
todas las criaturas en el cielo y en la tierra: recíbelo todo por mí y por
todos los encomendados a mis oraciones, para que seas por todos dignamente
alabado y glorificado para siempre.
4. Recibe, Señor, Dios
mío, mis deseos y ansias de darte infinita alabanza y bendición inmensa, los
cuales te son justísimamente debidos, según la multitud de tu inefable
grandeza. Esto te ofrezco ahora, y deseo ofrecerte cada día y cada momento; y
convido y ruego con instancia y afecto; a todos los espíritus celestiales, y a
todos tus fieles, que te alaben y te den gracias juntamente conmigo.
5. Alábente todos los
pueblos, todas las tribus y lenguas, y engrandezcan tu santo y dulcísimo nombre
consumo regocijo e inflamada devoción. Merezcan hallar tu gracia y misericordia
todos los que con reverencia y devoción celebran tu altísimo Sacramento, y con
entera fe lo reciben; y ruegan a Dios humildemente por, mi, pecador. Y cuando
hubieren gozado de la devoción y unión deseada, y se partieren de la mesa
celestial muy consolados y maravillosamente recreados, tengan por bien
acordarse de este pobre.
Capítulo XVIII: Que el hombre no debe ser curioso en examinar este
Sacramento, sino humilde imitador
de Cristo, sometiendo su parecer a la sagrada fe.
JESUCRISTO:
1. Guárdate
de escudriñar inútil y curiosamente este profundísimo Sacramento, sino te quieres
ver anegado en un abismo de dudas. El que es escrudriñador de la majestad, será
abrumado de su gloria. Más puede obrar Dios, que lo
que el hombre puede entender. Pero no se prohíbe
el devoto y humilde deseo de alcanzar la verdad a aquellos que siempre
están prontos a ser enseñados, y caminar según las santas doctrinas de los Santos Padres.
2. Bienaventurada
la sencillez que dejando los ásperos caminos de las cuestiones, va por la senda
llana y segura de los mandamientos de Dios. Muchos perdieron la devoción,
queriendo escudriñar las cosas sublimes. Fe se te pide y vida sencilla, no
elevación de entendimiento ni profundidad de
los misterios de Dios. Si no entiendes y comprendes las
cosas más triviales, ¿cómo entenderás las que están sobre la esfera de tu
alcance? Sujétate a Dios, y humilla tu juicio a la fe, y se
te dará la luz de la ciencia, según tu fuere útil y
necesaria.
3. Algunos
son gravemente tentados contra la fe en este Sacramento; más esto no se de
imputar a ellos, sino al enemigo. No tengas cuidado, no disputes con tus
pensamientos, embriagándolos ni respondas a
las dudas que el diablo te sugiere; sino cree en las palabras
de Dios, cree a sus Santos y a sus Profetas, y huirá de ti el malvado enemigo. Muchas
veces es muy conveniente al siervo de Dios el padecer estas tentaciones. Pues no
tienta el demonio a los infieles y pecadores a quienes ya tiene seguros; sino
que tienta
y atormenta de diversas maneras a los fieles y devotos.
4.
Acércate, pues,
con una fe firme y sencilla, y llégate al Sacramento con suma reverencia;
y todo lo que no puedes entender, encomiéndalo con seguridad al Dios todopoderoso.
Dios no te engaña; el que engaña es el que se cree a sí mismo demasiadamente.
Dios anda con los sencillos, se descubre a los humildes, y da entendimiento
a los pequeños, alumbra a las almas puras, y esconde su gracia a los curiosos
y soberbios. La razón humana es flaca, y puede engañarse; mas la fe verdadera no puede ser engañada.
5. Toda razón y discurso
natural debe seguir a la fe, y no ir delante de ella ni quebrantarla. Porque la fe y el amor muestran aquí mucho su excelencia,
y obran secretamente en este
santísimo y sobreexcelentísimo Sacramento. El Dios eterno, inmenso y de poder infinito, hace cosas grandes e
inescrutables en el cielo y en la tierra; y sus obras admirables se ocultan a toda investigación. Si tales fuesen
las obras de Dios, que fácilmente se
pudiesen comprender por la razón humana, no se dirían inefables ni maravillosas.
FIN
Gloria a Cristo Jesús.. ahora
y siempre. Amen
Fuente; Encuentra
