"Acompáñate con los humildes y sencillos y con los devotos y bien acostumbrados, y trata con ellos cosas de edificación"
... 1. En las Santas Escrituras se debe
buscar la verdad, no la elocuencia. Toda la Escritura santa se debe leer con
el espíritu que se hizo. Más debemos buscar el provecho en la Escritura que no
la sutileza de palabras. De tan buena gana debemos leer los libros sencillos y
devotos como los sublimes y profundos.
No te mueva la autoridad del que escribe
si es de pequeña o grande ciencia; mas convídete a leer el amor de la pura
verdad No mires quién lo ha dicho, mas atiende qué tal es lo que se dijo Los
hombres pasan; mas la verdad del Señor permanece para siempre (Salmo 1l6,
2).
... 2. De diversas maneras nos habla Dios sin acepción
de personas. Nuestra curiosidad nos impide muchas veces el provecho que se saca en
leer las escrituras, cuando queremos entender y escudriñarlo que llanamente se
debía pasar. Si quieres aprovechar, lee con humildad fiel y sencillamente, y
nunca desees nombre de letrado. Pregunta de buena voluntad y oye callado las
palabras de los Santos; y no te desagraden las sentencias de los viejos, porque
no las dice) sin causa.
Capítulo 6: DE LOS DESEOS
DESORDENADOS
... 1. Cuantas veces desea el hombre
desordenadamente alguna cosa, luego pierde el sosiego.
El soberbio y el avariento nunca
están quietos; el pobre y el humilde de espíritu viven en mucha paz.
El hombre que no es perfectamente
mortificado en sí, presto es tentado y vencido de cosas pequeñas y viles.
El flaco de espíritu y que aún
está inclinado a lo animal y sensible, con dificultad se puede abstraer totalmente de los
deseos terrenos.
Y cuando se abstiene recibe muchas
veces tristeza, y se enoja presto si alguno le contradice.
Pero si alcanza lo que desea,
siente luego pesadumbre por el remordimiento de la conciencia; porque siguió a su
apetito, el cual nada aprovecha, para alcanzar la paz que busca.
En resistir, pues, a las pasiones
se halla la, verdadera paz del corazón, y no en seguirlas.
No hay, pues, paz en el corazón
del hombre carnal, ni del que se entrega a lo exterior, sino en el que es fervoroso y
espiritual.
Capítulo 7: QUE SE HA DE HUIR LA VANA ESPERANZA Y LA
SOBERBIA
... 1.Vano es el que pone su esperanza
en los hombres o en las criaturas. No te avergüences de servir a otros por
amor a Jesucristo y parecer pobre en este siglo. No confíes de ti mismo, sino
pon tu esperanza en Dios. Haz lo que puedas, y Dios favorecerá tu buena
voluntad. No confíes en tu ciencia ni en la astucia d ningún viviente, sino en
la gracia de Dios que ayuda a los humildes y abate a los presumidos.
... 2. Si tienes riquezas, no te
gloríes en ellas ni en los amigos, aunque sean poderosos, síno en Dios, que todo lo da, y,
sobre todo, desea darse a Sí mismo. No te ensalces por la gallardía y hermosura
del cuerpo, que con pequeña enfermedad destruye y afea. No te engrías de tu
habilidad o ingenio, no sea que desagrades a Dios, de quien es todo bien
natural que tuvieres.
... 3. No te estimes por mejor que
otros, porque no seas quizá tenido por peor delante de Díos, que sabe lo que hay en el
hombre. No te ensoberbezcas de tus buenas obras, porque de otra manera son los
juicios de Dios que los de los hombres, y a El muchas veces desagrada lo que a
ellos contenta. Si tuvieres algo bueno, piensa que son mejores los otros,
porque así conservas la humildad. No te daña si te pusieres debajo de todos; mas es muy dañoso si te antepones a
sólo uno. Continua paz tiene el humilde; mas en el corazón del soberbio hay
emulación y saña frecuente.
Capítulo 8 : QUE SE HA
DE EVITAR LA MUCHA FAMILIARIDAD
1. No
descubras tu corazón a cualquiera (Eccl., 8, 22), mas comunica tus cosas con el
sabio y temeroso de Dios. Con los jóvenes y extraños conversa
poco. Con los ricos no seas lisonjero, ni estés de buena gana delante de
los grandes. Acompáñate con los humildes y sencillos y con los devotos y bien
acostumbrados, y trata con ellos cosas de edificación: To tengas familiaridad
con ninguna mujer mas en general encomienda a Dios todas las buenas. Desea ser
familiar a sólo Dios y a sus ángeles, y huye de ser conocido de los hombres.
2. Justo
es tener caridad con todos; pero no conviene la familiaridad. Algunas veces sucede
que la persona no conocida resplandece por la buena fama; pero su presencia suele
parecer mucho menos. Pensamos algunas veces agradar a los otros con nuestra conversación;
y más los ofendemos porque ven en nosotros.
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