Se habla
de la necesidad de que los niños conozcan el Islam, ¿no han de conocer mejor lo
que forma parte de sus raíces?
Por su interés, reproducimos a continuación la declaración de esta la
asociación Ecristians sobre las reacciones en los medios de comunicación tras
aparecer en el BOE el nuevo currículo de Religión en la escuela en el nuevo plan
de estudios en España. 10 consideraciones al
respecto.
1. Ha bastado que apareciera en el
BOE el temario de la clase de religión en el nuevo plan de estudios para que por
parte de determinados medios, periodistas y comentaristas se haya producido un
verdadero linchamiento que debe ser denunciado como un perjuicio grave contra
los católicos y la Iglesia.
2. Reclamamos un debate racional sobre la función de la educación religiosa confesional en la escuela, y exigimos como ciudadanos respeto para nuestras creencias.
3. El nuevo decreto mantiene el carácter
voluntario de la asignatura para los alumnos y de oferta obligatoria por parte
de los centros, como así ha venido siendo. Quien quiere la elige y el centro
tiene la obligación de cumplir con esta demanda, y quien no quiere no lo hace.
Quien va a una clase de religión es porque quiere, y eso es así incluso en la
escuela católica. ¿A quién molesta esta formación libre y voluntaria y por
qué?
4. La diferencia principal ahora es que la
religión, la nota de religión, volverá a formar parte del promedio de la nota
escolar. ¿Es que no es el caso de todas las asignaturas que se imparten de
manera regular, desde la plástica a la educación física? ¿Y entonces por qué no
algo tan fundamental para la educación como la religión y la ética deben ser
marginados y situados como una asignatura “maría”?
5.
La educación religiosa en la escuela de carácter voluntario es buena para las
familias y alumnos. Al igual que sucede con la escuela concertada, no es nada
más que el cumplimiento del mandato constitucional, del derecho de los padres a
la educación moral y religiosa de sus hijos, un principio, que como es obvio no
puede quedar reducido a las cuatro paredes domésticas, porque esto es
simplemente una obviedad.
6. La religión, la educación
religiosa genera un beneficio para la sociedad, una externalidad positiva muy
importante. Desde los estudios de Coleman a finales de los ochenta, hasta los
más recientes, se repiten las mismas conclusiones: los alumnos que practican su
confesión religiosa obtienen mejores resultados académicos, su socialización es
mucho más positiva, e incurren en una medida mucho menor en prácticas contrarias
a su salud. Esto también sucede en relación a los centros escolares que son
confesionales, en relación a los que no, y evidentemente todo esto después de
“filtrar” los resultados por la variable de la renta de los
padres.
7. En nuestro país el estudio del sociólogo
Javier Elzo sobre la capacidad educativa de las familias, realizado para la
Fundación Jaume Bofill, también señala –en este caso indirectamente- que
aquellas que tienen un marco de referencia donde la religión es una componente
obtienen buenos resultados, mientras que cuando tal variable no está presente,
la dispersión en los resultados es muy considerable. La confesión religiosa es
un factor favorable al rendimiento escolar del alumno, y también del
aula.
8. En la vida adulta también reporta beneficios
para la sociedad: los matrimonios católicos son mucho más estables, y por ello
dotados de una mayor capacidad educadora, los casos de violencia contra la mujer
son muy inferiores a la media (como lo constataba la encuesta del Instituto de
la Mujer de la época Zapatero sobre este tema), dependen en menor medida de las
ayudas sociales porque la estabilidad favorece a la larga una mejor situación
económica, son los que aún mantienen un mínimo la natalidad de la que depende el
futuro de las pensiones (las mujeres agnóstica o ateas tienen una tasa de
fertilidad inferior a 1 cuando la tasa de remplazo necesita de 2,1 hijos por
mujer en edad fértil).
9. Los católicos practicantes son quienes presentan una tasa de
participación electoral por encima de la media, son el primer grupo social en
este sentido, quienes más participan y aportan a la
solidaridad.
10. La propia Iglesia lo ejemplifica con Cáritas, a la que se debe añadir los miles de iniciativas menores y mayores surgidas de grupos, e instituciones católicas. La crisis actual habría resultado insoportable para mucha, mucha gente sin la Iglesia, y los inmigrantes sin nada, aún se hubieran encontrado en peor situación.
La clase de religión confesional educa en el amor a Dios y a los hombres, en el respeto, en el esfuerzo, en el seguimiento de Jesucristo. ¿Qué tiene de mala esta educación? ¿Acaso no debería ser celebrada como socialmente necesaria? Más cuando la recibe solo el que la pide.
¿Acaso no interesa a todos fomentar comportamientos como los apuntados que además se basan en la libre adscripción?
Y todo esto sin referirnos a la importancia cultural de la educación católica, imprescindible para entender quiénes somos. ¿Sin entender el catolicismo quién puede leer la Divina Comedia? ¿Sin conocer a San Pablo se puede entender el predominio de la conciencia individual en Occidente?
Se habla de la necesidad que los niños –y no solo ellos- conozcan el Islam para comprenderlo mejor, y el judaísmo. ¿Y no van a conocer con más intensidad lo que forma parte de sus raíces? ¿Qué aberrante forma de construir una sociedad es esa?
10. La propia Iglesia lo ejemplifica con Cáritas, a la que se debe añadir los miles de iniciativas menores y mayores surgidas de grupos, e instituciones católicas. La crisis actual habría resultado insoportable para mucha, mucha gente sin la Iglesia, y los inmigrantes sin nada, aún se hubieran encontrado en peor situación.
La clase de religión confesional educa en el amor a Dios y a los hombres, en el respeto, en el esfuerzo, en el seguimiento de Jesucristo. ¿Qué tiene de mala esta educación? ¿Acaso no debería ser celebrada como socialmente necesaria? Más cuando la recibe solo el que la pide.
¿Acaso no interesa a todos fomentar comportamientos como los apuntados que además se basan en la libre adscripción?
Y todo esto sin referirnos a la importancia cultural de la educación católica, imprescindible para entender quiénes somos. ¿Sin entender el catolicismo quién puede leer la Divina Comedia? ¿Sin conocer a San Pablo se puede entender el predominio de la conciencia individual en Occidente?
Se habla de la necesidad que los niños –y no solo ellos- conozcan el Islam para comprenderlo mejor, y el judaísmo. ¿Y no van a conocer con más intensidad lo que forma parte de sus raíces? ¿Qué aberrante forma de construir una sociedad es esa?
Fuente: Aleteia
