Sin guías de los que fiarse, los jóvenes pueden llenarse de ídolos que terminan robándoles el corazón, robándoles la ilusión, robándoles las auténticas riquezas, robándoles la esperanza
Música de
trompetas, magia, malabares y risas. Así, en el Aula Pablo VI y en presencia del
Santo Padre, un grupo de artistas del Circo Medrano ha ofrecido un
simpático espectáculo al finalizar la audiencia general. Francisco y
todos los presentes se han divertido al ver los trucos preparados por los
comediantes.
Como cada semana, fieles y peregrinos llegados a Roma
procedentes de todas las partes del mundo, han recibido con entusiasmo y
alegría al santo padre Francisco para la audiencia general de los
miércoles.
Esta semana, el Papa ha proseguido con las catequesis sobre la
familia y hoy ha hablado de la figura del padre.
Palabras del Papa Francisco
pronunciadas en español
Queridos hermanos y hermanas:
En nuestra
reflexión sobre la familia, hoy nos centramos sobre la palabra padre. Padre es
una palabra universal, conocida por todos, que indica una relación fundamental
cuya realidad es tan antigua como la historia del hombre.
Es la palabra
con la que Jesús nos ha enseñado a llamar a Dios, dándole un nuevo y profundo
sentido, revelándonos, así, el misterio de la intimidad de Dios Padre, Hijo y
Espíritu Santo, que es el centro de nuestra fe cristiana.
En nuestros
días, se ha llegado a hablar de una sociedad sin padres. La
ausencia de esta figura es entendida como una liberación, sobre todo cuando el
padre es percibido como la autoridad cruel que coarta la libertad de los hijos,
o cuando éstos se sienten desatendidos por unos padres centrados únicamente en
sus problemas, en su trabajo o en su propia realización personal o
caracterizados por su marcada ausencia del hogar.
Todo esto crea una
situación de orfandad en los niños y jóvenes de hoy, que viven desorientados sin
el buen ejemplo o la guía prudente de un padre. De este modo, todas las
comunidades cristianas y la comunidad civil deben estar atentas a la ausencia de
la figura paterna, pues ésta deja lagunas y heridas en la educación de los
jóvenes.
Sin guías de los que fiarse, los jóvenes pueden llenarse de
ídolos que terminan robándole el corazón, robándole la ilusión, robándole las
auténticas riquezas, robándole la esperanza.
Saludo a los peregrinos de
lengua española, hoy veo que hay muchos acá. Saludo a los grupos provenientes de
España, Argentina, Perú y Chile, así como a los venidos de otros países
latinoamericanos. Recordando que Jesús nos prometió no dejarnos huérfanos,
vivamos con la esperanza puesta en Él, sabedores de que el amor puede vencer al
odio y de que es posible un futuro de fraternidad y de paz para todos. Que Dios
los bendiga Muchas gracias.
Otras ideas del
Papa
Al finalizar los saludos en las distintas lenguas, el Pontífice
ha dirigido un pensamiento especial a los jóvenes, a los enfermos y a los recién
casados. Así, ha recordado que este miércoles 28 de enero celebramos la
memoria de santo Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia. Por eso ha
deseado a lo jóvenes que su dedicación al estudio favorezca en ellos el
compromiso de la inteligencia y de la voluntad al servicio del Evangelio. Del
mismo modo, ha deseado a los enfermos que su fe les ayude a dirigirse al Señor
también en la prueba. Finalmente, a los esposos recién casados les ha deseado
que su mansedumbre les indique el estilo de las relaciones entre los cónyuges
dentro de la familia.
Texto completo de la catequesis
del Papa en italiano
Transcrito y traducido por
Zenit
Queridos hermanos y hermanas, buenos días.
Retomamos hoy el
camino de catequesis sobre la familia. Hoy nos dejamos guiar por la
palabra padre. Una palabra, más que cualquier otra, querida para
nosotros cristianos, porque es el nombre con el que Jesús nos ha enseñado a
llamar a Dios, Padre.
El sentido de este nombre ha recibido una
nueva profundidad propia a partir del modo en que Jesús lo usaba para dirigirse
a Dios y manifestar su relación especial con Él. El misterio bendecido de la
intimidad de Dios,Padre, Hijo y Espíritu, revelado por Jesús, es el corazón de
nuestra fe cristiana.
“Padre” es una palabra conocida por todos, una
palabra universal. Ésta indica una relación fundamental cuya realidad es tan
antigua como la historia del hombre. Hoy en día, sin embargo, se ha llegado a
afirmar que la nuestra sería una ‘sociedad sin padres’.
En otros
términos, en particular en la cultura occidental, la figura del padre sería
simbólicamente ausente, desaparecida, eliminada. En un primer momento, la cosa
se ha percibido como una liberación: liberación del padre-dueño, del padre como
representante de la ley que se impone desde fuera, del padre como censura de la
felicidad de los hijos y obstáculo de la emancipación y de la autonomía de los
jóvenes.
De hecho, a veces en nuestras casas reinaba en el pasado el
autoritarismo, en ciertos casos incluso la opresión: padres que trataban a los
hijos como siervos, no respetando las exigencias personales de su crecimiento:
padres que nos les ayudaban a emprender su camino con libertad, y no es fácil
educar al hijo en libertad. Padre que no les ayudaban a asumir las propias
responsabilidades para construir su futuro y el de la sociedad. Esto,
ciertamente, no es una buena actitud.
Pero, como sucede a veces,
hemos pasado de un extremo al otro. El problema de nuestros días no
parece ser tanto la presencia invasiva de los padres, sino más bien su ausencia,
su fuga. Los padres están a menudo tan centrados sobre sí mismos, su trabajo, y
sobre la propia realización individual, que olvidan incluso la familia. Y dejan
solos a los pequeños y a los jóvenes.
Ya de obispo de Buenos Aires me
daba cuenta del sentido de orfandad que viven hoy los chavales. A menudo
preguntaba a los padres si jugaban con sus hijos, si tenían la valentía y el
amor de perder tiempo con los hijos. Y la respuesta era fea.
En
la mayoría de los casos: ‘no puedo, mucho trabajo’. El padre estaba
ausente de ese hijo que crecía y no jugaba con él, no perdía tiempo con
él. Ahora, en este camino común de reflexión sobre la familia, quisiera
decir a todas las comunidades cristianas que debemos estar más atentos: la
ausencia de la figura paterna en la vida de los pequeños y de los jóvenes
produce lagunas y heridas que pueden ser también muy graves. Y de hecho las
desviaciones de los niños y de los adolescentes se ponen en buena parte
reconducir a esta falta, a la carencia de ejemplos y de guías autorizadas en su
vida de cada día. A la carencia de cercanía, a la carencia de amor por parte del
padre. Es más profundo de lo que pensamos el sentido de orfandad que viven
muchos jóvenes.
Son huérfanos pero en la familia porque los padres a
menudo están ausentes, también físicamente, en casa, pero sobre todo porque,
cuando están, no se comportan como padres, no dialogan con sus hijos, no cumplen
su tarea educativa, no dan a los hijos en ejemplo acompañado por las palabras,
esos principios, esos valores, esas reglas de vida que necesitan como el pan.
La cualidad educativa de la presencia paterna es aún más necesaria
cuando el padre está obligado por el trabajo a estar lejos de
casa.
A veces parece que los padres no saben bien qué lugar
ocupar en la familia y cómo educar a los hijos. Y entonces, en la duda,
se abstienen, se retiran y descuidan sus responsabilidades, quizá refugiándose
en una relación improbable “de igual a igual” con los hijos.
Es
verdad que debes ser compañero de tu hijo, pero sin olvidar que eres el padre.
Pero si tú solamente te comportas como un compañero a la pa no le hará bien al
joven.
Esto también lo vemos en la comunidad civil. La comunidad civil,
con sus instituciones, tiene una cierta responsabilidad, podemos decir paterna,
hacia los jóvenes, una responsabilidad que a veces descuida o ejerce mal.
También ésta a menudo les deja huérfanos y no les propone una verdad de
perspectiva. Los jóvenes permanecen así, huérfanos de caminos seguros que
recorrer, huérfanos de maestros de los que fiarse, huérfanos de ideales que
calienten el corazón, huérfanos de valores y de esperanzas que les apoyen
cotidianamente. Están llenos quizá de ídolos pero se les roba el corazón, son
empujados a soñar diversiones y placeres, pero no se les da trabajo; son
ilusionados con el dios dinero, y se les niegan las verdaderas
riquezas.
Y entonces hará bien a todos, a los padres y a los hijos,
escuchar de nuevo la promesa que Jesús ha hecho a sus discípulos: “No os dejaré
huérfanos” (Jn 14, 18). Es Él, de hecho, el Camino que hay que recorrer, el
Maestro para escuchar, la Esperanza de que mundo puede cambiar, que el amor
vence el odio, que puede haber un futuro de fraternidad y de paz para
todos.
Algunos de vosotros podrá decirme, pero padre, hoy usted ha estado
demasiado negativo. Ha hablado solo de la ausencia de los padres, de lo que pasa
cuando los padres no están cerca de los hijos. Es verdad. He querido subrayar
esto porque el próximo miércoles seguiré con esta catequesis, destacando
la belleza de la paternidad. Por eso he elegido comenzar por la
oscuridad para llegar hasta la luz.
Que el Señor nos ayude a entender
bien estas cosas. Gracias.
Fuente: Zenit/ReL