Puntualmente al mediodía del
miércoles 25 de diciembre, Día de Navidad, el obispo de Roma se asomó al balcón
central de la Basílica de San Pedro (conocido como balcón de las bendiciones)
para saludar e impartir su bendición a todo el mundo.
“Hoy ha
nacido el Salvador, Cristo el Señor”, proclamó Francisco.
"No pasemos de largo ante el Niño de Belén. Dejemos que nuestro
corazón se conmueva, se enardezca con la ternura de Dios; necesitamos
sus caricias. El amor de Dios es grande; a Él la gloria por los siglos".
Recordándonos los actuales conflictos en diversas partes del planeta, el
Papa insistió en que Dios es nuestra paz: "pidámosle que nos ayude a construirla
cada día, en nuestra vida, en nuestras familias, en nuestras ciudades y
naciones, en el mundo entero. Dejémonos conmover por la bondad de Dios".
Deseando a todos una feliz Navidad, el Santo Padre pidió que
Jesús, que vino a este mundo por nosotros, consuele a los que pasan por la
prueba de la enfermedad y el sufrimiento y sostenga a los que se dedican al
servicio de los hermanos más necesitados.
Texto completo del Mensaje Urbi
et Orbi
«Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los
hombres que Dios ama » (Lc 2,14).
Queridos hermanos y hermanas de Roma y
del mundo entero, ¡feliz Navidad!
Hago mías las palabras del cántico de
los ángeles, que se aparecieron a los pastores de Belén la noche de la Navidad.
Un cántico que une cielo y tierra, elevando al cielo la alabanza y la gloria y
saludando a la tierra de los hombres con el deseo de la paz.
Les invito a
todos a hacer suyo este cántico, que es el de cada hombre y mujer que vigila en
la noche, que espera un mundo mejor, que se preocupa de los otros, intentado
hacer humildemente su proprio deber.
Gloria a Dios: A
esto nos invita la Navidad en primer lugar: a dar gloria a Dios, porque es
bueno, fiel, misericordioso. En este día mi deseo es que todos puedan conocer el
verdadero rostro de Dios, el Padre que nos ha dado a Jesús. Me gustaría
que todos pudieran sentir a Dios cerca, sentirse en su presencia, que lo amen,
que lo adoren.
Y que todos nosotros demos gloria a Dios, sobre
todo, con la vida, con una vida entregada por amor a Él y a los
hermanos.
Paz a los hombres: La verdadera paz no es un
equilibrio de fuerzas opuestas. No es pura “fachada”, que esconde luchas y
divisiones. La paz es un compromiso cotidiano, que se logra contando con
el don de Dios, con la gracia que nos ha dado en
Jesucristo.
Viendo al Niño en el Belén, pensemos en los niños que
son las víctimas más vulnerables de las guerras, pero pensemos también
en los ancianos, en las mujeres maltratadas, en los enfermos… ¡Las guerras
destrozan tantas vidas y causan tanto sufrimiento!
Demasiadas
vidas ha destrozado en los últimos tiempos el conflicto de Siria,
generando odios y venganzas. Sigamos rezando al Señor para que el amado pueblo
sirio se vea libre de más sufrimientos y las partes en conflicto pongan fin a la
violencia y garanticen el acceso a la ayuda humanitaria. Hemos podido comprobar
la fuerza de la oración.
Y me alegra que hoy se unan a nuestra
oración por la paz en Siria creyentes de diversas confesiones
religiosas. No perdamos nunca la fuerza de la oración. La fuerza para decir a
Dios: Señor, concede tu paz a Siria y al mundo entero.
Concede la
paz a la República Centroafricana, a menudo olvidada por los hombres.
Pero tú, Señor, no te olvidas de nadie. Y quieres que reine la paz también en
aquella tierra, atormentada por una espiral de violencia y de miseria, donde
muchas personas carecen de techo, agua y alimento, sin lo mínimo indispensable
para vivir.
Que se afiance la concordia en Sudán del Sur, donde
las tensiones actuales ya han provocado víctimas y amenazan la pacífica
convivencia de este joven Estado.
Tú, Príncipe de la paz, convierte el
corazón de los violentos, allá donde se encuentren, para que depongan las armas
y emprendan el camino del diálogo.
Vela por Nigeria,
lacerada por continuas violencias que no respetan ni a los inocentes e
indefensos.
Bendice la tierra que elegiste para venir al
mundo y haz que lleguen a feliz término las negociaciones de paz entre
israelitas y palestinos. Sana las llagas de la querida tierra de Iraq, azotada
todavía por frecuentes atentados.
Tú, Señor de la vida, protege a cuantos
sufren persecución a causa de tu nombre.
Alienta y conforta a los
desplazados y refugiados, especialmente en el Cuerno de África y en el
este de la República Democrática del Congo.
Haz que los
emigrantes, que buscan una vida digna, encuentren acogida y ayuda. Que no
asistamos de nuevo a tragedias como las que hemos visto este año, con los
numerosos muertos en Lampedusa.
Niño de Belén, toca el corazón de cuantos
están involucrados en la trata de seres humanos, para que se
den cuenta de la gravedad de este delito contra la humanidad.
Dirige tu
mirada sobre los niños secuestrados, heridos y asesinados en los
conflictos armados, y sobre los que se ven obligados a convertirse en
soldados, robándoles su infancia.
Señor, del cielo y de la tierra, mira a
nuestro planeta, que a menudo la codicia y el egoísmo de los hombres
explota indiscriminadamente.
Asiste y protege a cuantos son
víctimas de los desastres naturales, sobre todo al querido pueblo
filipino, gravemente afectado por el reciente tifón.
Queridos
hermanos y hermanas, en este mundo, en esta humanidad hoy ha nacido el Salvador,
Cristo el Señor.
No pasemos de largo ante el Niño de Belén. Dejemos que
nuestro corazón se conmueva, se enardezca con la ternura de Dios; necesitamos
sus caricias.
El amor de Dios es grande; a Él la gloria por los siglos.
Dios es nuestra paz: pidámosle que nos ayude a construirla cada día, en nuestra
vida, en nuestras familias, en nuestras ciudades y naciones, en el mundo entero.
Dejémonos conmover por la bondad de Dios.
Saludo navideño del Papa
Francisco
A todos ustedes, queridos hermanos y hermanas, venidos de
todas partes del mundo a esta Plaza, y a cuantos desde distintos países se unen
a nosotros a través de los medios de comunicación social, les deseo Feliz
Navidad.
En este día, iluminado por la esperanza evangélica que proviene
de la humilde gruta de Belén, pido para todos ustedes el don navideño de la
alegría y de la paz: para los niños y los ancianos, para los jóvenes y las
familias, para los pobres y marginados. Que Jesús, que vino a este mundo por
nosotros, consuele a los que pasan por la prueba de la enfermedad y el
sufrimiento y sostenga a los que se dedican al servicio de los hermanos más
necesitados. ¡Feliz Navidad!


