Resulta casi imposible rescatar
algún recuerdo de nuestra más profunda infancia en el que no esté presente la
fiesta de Navidad. Casi tan imposible como evitar que en dicho recuerdo se encuentre
alguna nota o fragmento de villancico, grabado y asociado a él para siempre. Si
es cierto, como dice algún autor, que la verdadera patria del hombre es su
infancia, la Navidad es para el cristiano como su “patria espiritual”.
Es donde
nuestra alma comenzó a echar raíces ante un nacimiento, que no deja de sorprendernos
y entusiasmarnos año tras año, a creyentes y a no creyentes. Ante la luz y la
fuerza vital de esta maravillosa fiesta de Dios que ha querido acampar entre
nosotros, hacerse carne entre nosotros, hacerse uno de nosotros, es imposible
permanecer frío como una roca.
Cuando uno ve el caudal de
riqueza inmensa, innombrable, que ha suscitado esta fiesta de Navidad en el
genio del hombre, en el arte, la música, la pintura, la literatura, en las
costumbres y la vida de los diferentes pueblos que han conocido la Buena Nueva
del Nacimiento de Cristo, no puede por menos de sentir un escalofrío de emoción
y agradecer a Dios este REGALO.
La FE es un REGALO. No somos
mejores por el solo hecho de creer. Pero sí somos inmensamente afortunados.
Este sí que es un premio GORDO de verdad. Acabamos de clausurar el Año de la Fe
que convocase nuestro querido Benedicto XVI. Pero hay que seguir. Si para algo
pueden servir este tipo de efemérides y celebraciones es para impulsar, para
lanzarnos hacia delante, hacia el mundo, hacia la vida, con más entusiasmo, con
más alegría, con más esperanza que brota de la convicción de que es Dios mismo el
que nos precede, el que nos “primerea” en todo, como le gusta decir al Papa
Francisco.
Estamos en un tiempo propicio
para vivir todo esto y para proclamarlo a los cuatro vientos. Eso es lo que
hemos hecho en el encuentro de Navidad programado por el Arciprestazgo de la
Granja-San Medel, al que pertenecemos. Después de ocho años que se viene
realizando, ya es una de las actividades consolidadas. Coros parroquiales de
Hontoria, Valsaín, Torrecaballeros, La Granja, San Cristóbal, La Higuera,
Valseca y Zamarramala fueron regalando a los presentes dos villancicos cada
grupo, en un encuentro lleno de cordialidad y sencillez. Nuestra parroquia participó
con dos estrenos: “La Virgen va
caminando”, popular de Andalucía y “Muy
de mañana”, de el gran Cesáreo Gabaráin. Ambos son preciosos e invitan a entrar y disfrutar en el misterio de Navidad. Los
que no hayan podido asistir a Valsaín, donde tuvo lugar el encuentro, que
procuren no perdérselos en la liturgia y celebraciones de estos días en nuestra
parroquia.
Es cierto que somos muchas más
parroquias en el arciprestazgo, pero también estuvieron presentes personas de algunas
de ellas, además de los que cantaban, e incluso participando como asamblea en
algunos villancicos en los que el coro invitaba a ello. Viendo desfilar a los
diferentes grupos, se aprecia el esfuerzo y el servicio de todos ellos en sus
respectivas comunidades. No importa la edad, las capacidades y disponibilidad de tiempo,
tantas veces disminuidas. Se aprecia la fidelidad a este servicio tan
importante en las celebraciones litúrgicas. Es una alegría también saludar a
conocidos de otras parroquias que en algunos casos nos vemos una vez al año, en
este encuentro. ¡Bendito sea Dios! Que podamos seguir haciéndolo. Desde aquí,
una vez más, animamos a los que aún no han participado a que lo hagan. Merece
la pena.
Terminamos el encuentro con un
pincho ofrecido por la parroquia anfitriona, a la que agradecemos su cálida y
generosa acogida.
¡¡ FELIZ Y GOZOSA NAVIDAD PARA TODOS !!
Antonio-María Sanz de Frutos
