EL SUICIDIO DE LA JOVEN SANDRA PEÑA CAMBIÓ SUS VIDAS: SUS PADRES REDESCUBREN LA FE UN AÑO DESPUÉS

La joven sevillana de 14 años que se quitó la vida tras sufrir acoso escolar.
Padres de Sandra. Foto de archivo. Dominio público

Cuando se cumple un año del fallecimiento de Sandra Peña, la joven sevillana de 14 años que se quitó la vida tras sufrir acoso escolar, sus padres han compartido un testimonio marcado por el dolor, pero también por una profunda transformación espiritual. 

José Manuel Peña y Zara Villar participaron en el programa cofrade Al Cielo de 101TV, donde hablaron de la ausencia de su hija, de las señales que aseguran haber recibido desde entonces y del camino de fe que han recorrido desde aquella tragedia.

Sostenida por una red

La entrevista fue grabada en la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores del Cerro, un lugar cargado de significado para la familia. Allí se casaron José Manuel y Zara, allí fue bautizada Sandra y allí quisieron rendir homenaje a la joven coincidiendo con el besamanos a la Virgen de los Dolores.

Lejos de centrarse únicamente en el sufrimiento, el matrimonio explicó cómo la muerte de su hija ha cambiado profundamente su manera de entender la vida, la muerte y la relación con Dios.

Uno de los momentos más emotivos de la conversación llegó cuando Zara Villar recordó la carta de despedida que dejó Sandra antes de morir. En ella, según explicó, la adolescente les deseaba que siguieran adelante con sus vidas y que realizaran algunos viajes que la familia tenía pendientes.

La madre insistió en que el suicidio fue consecuencia directa del sufrimiento que provocó el acoso escolar. "El acoso escolar le produjo una lesión psíquica que le llevó al suicidio", afirmó. Al mismo tiempo, quiso lanzar un mensaje para ayudar a comprender la situación de muchas víctimas. "Ellos no piensan en morir; piensan en dejar de sufrir", señaló.

José Manuel Peña recordó especialmente el sufrimiento que le produjo no haber podido despedirse de Sandra la última mañana. Había salido temprano para trabajar y no pudo darle un último beso. Durante meses convivió con esa herida, hasta que una experiencia cambió su percepción.

Según relató, soñó que su hija lo abrazaba. Para él, aquel momento tuvo un significado especial. "Sentí que esa fue su despedida", explicó. Desde entonces, asegura haber encontrado una paz que antes parecía imposible.

Pero si hay un aspecto que sobresale en el testimonio de ambos es el cambio que han experimentado en su relación con la fe.

José Manuel reconoció que siempre estuvo bautizado y que se consideraba católico, pero que nunca había sido practicante. Su formación científica le llevaba a mantener numerosas dudas sobre la religión y sobre la existencia de una vida después de la muerte.

Hoy afirma que esa visión ha cambiado radicalmente.

"Tantas señales no pueden ser casualidad", aseguró durante la entrevista. Para él, la cercanía espiritual que siente respecto a Sandra le ha llevado a convencerse de que la muerte no tiene la última palabra. "Ahora sé que es verdad que después de la muerte vamos a otro sitio", afirmó.

Su esposa comparte una experiencia similar. Zara explicó que, desde hace meses, siente una llamada constante a acercarse a la Iglesia y participar en la vida sacramental. Según relató, esa necesidad comenzó especialmente durante la pasada Cuaresma y se ha ido intensificando con el tiempo.

"Mi hija me ha empujado a la Iglesia", aseguró emocionada. Lejos de reaccionar con rebeldía o enfado hacia Dios por la muerte de su hija, ambos coinciden en que la tragedia ha fortalecido su fe.

"Nunca nos hemos enfadado con Dios", afirmó Zara de manera contundente.

La madre explicó que la certeza de que la muerte no es el final se ha convertido en uno de los pilares que sostienen a la familia. También habló del apoyo espiritual que siente cada día, describiendo una red invisible formada por Dios, la Virgen y la propia Sandra.

¿Qué dice la Iglesia?

El suicidio es objetivamente contrario a la ley moral y al quinto mandamiento (No matarás). Sin embargo, la Iglesia reconoce que factores como los trastornos psíquicos graves, la angustia profunda, el miedo extremo o la pérdida del equilibrio mental pueden disminuir o anular la responsabilidad subjetiva de la persona.

El Catecismo afirma explícitamente: «No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede facilitarles, por las vías que Él solo conoce, la ocasión de un arrepentimiento salvador».

La Iglesia ora por quienes han quitado la vida y celebra por ellos las exequias fúnebres, algo que en siglos pasados estaba prohibido, reflejando una postura pastoral mucho más compasiva y consciente de el sufrimiento humano.

"Yo me siento totalmente sostenida por una red que tiene las manos de Dios, de su bendita Madre y de Sandra", aseguró.

Para José Manuel, esa convicción también se traduce en la sensación de que su hija continúa acompañando a la familia en su vida cotidiana. "Ella nos acompaña y ayuda diariamente", afirmó.

Junto a este testimonio de fe, los padres quisieron reiterar el mensaje que llevan meses difundiendo sobre la necesidad de combatir el bullying. Ambos consideran que la historia de Sandra debe servir para abrir los ojos a una realidad que afecta a miles de menores y que muchas veces permanece oculta.

Zara expresó incluso que la misión de su hija fue hacer visible esta problemática. Una idea que comparte su marido, quien denunció la tendencia de muchas familias y entornos educativos a silenciar estas situaciones o incluso a responsabilizar indirectamente a quienes las sufren.

Fuente: Religión Confidencial