Elevar a los altares a estos nueve jóvenes supuso el reconocimiento del primer grupo integrado exclusivamente por seminaristas de la Iglesia española
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| Archidiócesis de Oviedo |
El 7 de octubre
marca el aniversario de la ejecución del primer grupo de seminaristas
diocesanos de Oviedo durante los sucesos revolucionarios de 1934 en
Asturias. Aquella jornada supuso el fusilamiento de seis estudiantes a las
puertas de su centro de formación. A este grupo se sumarían posteriormente
otros tres alumnos asesinados entre 1936 y 1937, configurando la nómina de
nueve beatos reconocidos oficialmente por la Santa Sede en odio a la fe.
Aunque la
Iglesia española cuenta con cientos de seminaristas martirizados elevados a los
altares en causas compartidas junto a sacerdotes o religiosos, la singularidad
de este caso radica en constituir el primer grupo formado de manera exclusiva
por estudiantes de seminario en ser beatificado de forma conjunta por la Santa
Sede.
El proceso
canónico, iniciado formalmente en la diócesis a principios de los años noventa,
culminó en noviembre de 2018 con la firma del Decreto de Martirio por parte del
Papa Francisco. La ceremonia solemne de beatificación tuvo lugar el 9 de
marzo de 2019 en la Catedral de Oviedo.
Los hechos
de 1934 en el convento de Santo Domingo
En octubre de
1934, la sede del Seminario Metropolitano de Oviedo se ubicaba en el antiguo
convento de Santo Domingo. Durante los enfrentamientos armados de la Revolución
de Asturias, el edificio fue asaltado e incendiado. Tras suspenderse las
clases, las autoridades académicas aconsejaron a los alumnos vestir de paisano
e intentar ponerse a salvo.
Diversos grupos
de seminaristas trataron de refugiarse en casas particulares o huyendo por las
inmediaciones de las vías férreas. Un grupo de siete estudiantes se ocultó en
un sótano colindante al edificio. La mañana del 7 de octubre fueron
descubiertos y conducidos a la calle, donde seis de ellos fueron ejecutados
tras alinearlos contra un muro. Un séptimo acompañante logró permanecer oculto
en el hueco de una escalera.
Gonzalo
Zurro Fanjul, de 21 años y natural de Avilés, estudiaba segundo de
Teología, destacaba por sus dotes intelectuales y tenía vocación misionera. Fue
el primero en morir. Ángel Cuartas Cristóbal, de 24 años y natural de
Lastres, era subdiácono, de carácter pacífico y dedicado a la música y al
servicio en la sacristía.
José María
Fernández Martínez, de 19 años y oriundo de Pola de Lena, procedía de una
familia vinculada al servicio de la sacristía y era apreciado por sus
compañeros por su trato sereno. Mariano Suárez Fernández, de 23 años y
nacido en El Entrego, era hijo de un capataz de minas y destacaba por su
constancia en los estudios de Teología. Jesús Prieto López, de 22 años,
procedía de una familia campesina y aprovechaba las vacaciones para dedicarse a
la catequesis de los niños. Juan José Castañón Fernández, de 18 años,
era el más joven del grupo y destacaba como estudiante de Filosofía.
Durante los
años 1936 y 1937, la persecución alcanzó también a otros tres seminaristas
vinculados al Seminario de Oviedo. Luis Prado García, de 21 años y
natural de Piedras Blancas (San Martín de Laspra), fue apresado en Avilés y
ejecutado en Gijón el 4 de septiembre de 1936. Según el relato conservado sobre
su muerte, murió al grito de «¡Viva Cristo!».
Manuel Olay
Colunga, de 25 años y natural de Noreña, era subdiácono y cursaba quinto de
Teología. Tras ser destinado a trabajos de fortificación, fue ejecutado en
Villafría. La fecha de su muerte figura como el 22 de septiembre de 1937. Sixto
Alonso Hevia, natural de Poago (Gijón) y estudiante de Filosofía, murió
degollado el 27 de mayo de 1937 mientras clamaba a Dios. Tenía 21 años.
«Siempre
fieles»
Históricamente,
la ejecución del grupo en 1934 causó un profundo impacto en la Iglesia
española. Ya en la Semana Pro-Seminario celebrada en Toledo en noviembre de
1935 se recordaba a los estudiantes de todo el país: «Tened en cuenta,
seminaristas, que vuestros trabajos en pro de las vocaciones serán ahora más
eficaces que nunca (...) porque contáis desde hace un año con una gran
influencia, porque os ayudan en la empresa vuestros mártires de Asturias».
Actualmente,
los restos mortales de los nueve beatos reposan en la capilla mayor del
Seminario de Prado Picón tras su traslado en 2013. El lema institucional «Siempre
fieles» guía la vida cotidiana de las nuevas promociones. Como señaló en
febrero de 2019 el seminarista Marcos Argüelles, su testimonio es «un ejemplo
de estar en el sitio donde Dios les llamaba y ahí mantenerse fieles ante las
adversidades».
María Rabell García
Corresponsal en
Roma y El Vaticano
Fuente: El Debate
