RECUERDA QUE EL SEÑOR JESUCRISTO NO ES UN “COACH” DE VIDA

Nuestro Señor Jesucristo se hizo hombre para salvarnos y mostrar cómo llegar al Padre, sin embargo, podemos caer en la tentación de verlo solo como un "coach"

Crédito: New Africa | Shutterstock

La mayoría somos seres influenciables. Cuando algo está de moda nos adherimos a la corriente para estar a tono con los demás. Y se entiende porque es parte de la naturaleza humana buscar una identidad y encajar con el grupo con el que se pueda crecer y sentirse mejor. Pero, ¿qué pasa con los cristianos que olvidan quién es realmente el Señor Jesucristo?

Qué es un "coach" de vida

La era digital que vivimos ha multiplicado el oficio del "coach", que es aquella persona que "motiva" a otros para descubrir para qué son buenos y, muy importante, alcanzar el éxito en la vida.

El Diccionario lo define así:

 "Persona que asesora a otra para impulsar su desarrollo profesional y personal".

Claro que esta profesión no es nueva, siempre se ha requerido de alguien de mayor experiencia para ayudar a los jóvenes o desorientados a lograr los objetivos que se propongan para destacarse de entre los demás.

Esta realidad también se ha arraigado en los cristianos que buscan quién les indique qué hacer y a dónde dirigir sus pasos. Algo muy lamentable porque teniendo a Jesús frente a ellos indagan entre los hombres y mujeres que tiene poca o nula idea de lo que verdaderamente importa.

Jesús no vino a darnos consejitos

Sin embargo, hoy estamos frente a un fenómeno que requiere nuestra atención: se ha desatado un gran interés por seguir al Señor Jesús - lo cual es excelente - pero el riesgo estriba en el grado de compromiso de sus nuevos seguidores.

Quizá se trate de una moda o tal vez de un sincero deseo de amarlo. Pero si lo que buscan esas personas es un "coach" de vida, corren el riesgo de perderse.

Nuestro Señor Jesucristo no es un asesor, Él no vino a motivarnos para lograr metas y mucho menos es un líder carismático que quiere que hagamos equipo para elaborar un plan empresarial para que todos seamos exitosos.

No vino a darnos consejitos dulzones ni a decirnos que no es necesario preocuparnos por los otros, o que todo lo que hacemos está bien y que no tendrán consecuencias nuestros actos, o que es suficiente con que nos ocupemos de nuestro propio bienestar y que el mundo ruede.

El verdadero éxito es alcanzar el cielo

Todo lo contrario. El Señor Jesús vino a dejarnos en claro que Él es el Camino, la Verdad y la Vida y que nadie va al Padre si no es por Él (Jn 14, 6). Que no vino a traer paz sino la guerra (Mt 10, 34).

No prometió éxitos ni vida cómoda, mas bien nos alentó a no tenerle miedo a los que matan el cuerpo pero sí a los que pueden matar el alma (Mt 10, 28).

Pero, sobre todo, vino a demostrarnos que Él es Dios todopoderoso y que vino a rescatarnos de la muerte eterna en la que nos habían hundido nuestros pecados pagando con su propia vida, únicamente porque nos amaba con locura.

Es momento de centrar nuestra visión espiritual en la vida futura que alcanzaremos cuando muramos. Porque Nuestro Señor Jesucristo se entregó por amor y espera lo mismo de nosotros. Y es claro que no nos obligará a elegirlo, es una decisión personal que debemos optar por nuestro bien.

Tomemos en serio nuestro cristianismo y esforcémonos por alcanzar la santidad, porque nuestro verdadero éxito será ganar el cielo siguiendo el ejemplo de amor de nuestro Señor Jesús.

Mónica Muñoz

Fuente: Alfa y Omega