El uso pacífico de la tecnología nuclear es posible, sobre todo «para hacer frente a la creciente demanda de energía»
| El arzobispo Gallagher en su intervención |
En
su intervención en la 70ª Conferencia General del Organismo Internacional de
Energía Atómica (OIEA), que se celebra actualmente en Viena, el secretario de
Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales insta a un uso
consciente de la tecnología atómica, «inseparable de los compromisos y
responsabilidades que la acompañan». Además, comparte la preocupación por la
protección de las instalaciones nucleares en situaciones de conflicto armado.
El uso pacífico de la tecnología nuclear es posible, sobre todo
«para hacer frente a la creciente demanda de energía», y constituye un ejemplo
significativo de cómo el progreso científico puede ponerse al servicio de la
humanidad. Sin embargo, no siempre es así. Por lo tanto, es fundamental
recordar que el uso responsable de estos instrumentos conlleva compromisos y
responsabilidades ineludibles: garantizar que los programas de desarrollo no
conduzcan a la adquisición de armas nucleares, proteger las instalaciones en
situaciones de guerra y aplicar la inteligencia artificial siendo conscientes
de los riesgos que conlleva y con normas de seguridad sólidas. Estos son los
puntos que ha abordado el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las
Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales, en su
intervención pronunciada hoy, 15 de septiembre, durante la 70ª Conferencia
General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), inaugurada ayer
en Viena y que se prolongará hasta el viernes 18 de septiembre.
Realidades en evolución, perspectivas
inalteradas
Transmitiendo los mejores deseos de éxito en su labor por parte
del Papa León XIV, Gallagher recuerda el compromiso de larga data de la Santa
Sede —uno de los signatarios originales del OIEA hace setenta años— en la
convicción de que una tecnología con un potencial tan vasto como el nuclear
«debía regirse por sólidos principios éticos, utilizarse al servicio de la paz
y del desarrollo humano integral y estar protegida contra cualquier uso
destructivo». Aunque la realidad geopolítica y la misma tecnología han
evolucionado, la perspectiva del Vaticano sigue siendo la misma: «el uso
pacífico de la energía atómica debe seguir guiándose por esos mismos principios
éticos fundamentales y duraderos».
El papel único del OIEA
El arzobispo destaca además el valor del uso pacífico de la
tecnología nuclear como aplicación de las innovaciones científicas al servicio
del bien común. Sin embargo, es esencial garantizar que no haya
discriminaciones en el acceso a sus beneficios. En este sentido, a través de su
programa de cooperación técnica, las iniciativas de fortalecimiento de
capacidades y el apoyo a las instituciones nacionales, el OIEA «desempeña un
papel único a la hora de reforzar la capacidad de los Estados para aplicar las
tecnologías nucleares en ámbitos como la salud humana, la producción
alimentaria y la energía». El compromiso únicamente de la Agencia no es
suficiente. De hecho, Gallagher recuerda que «el ejercicio responsable del
derecho al uso pacífico de la tecnología nuclear es inseparable de los
compromisos y responsabilidades que lo acompañan, sobre todo del compromiso de
los Estados que no poseen armas nucleares de no adquirir dichas armas».
Seguridad y protección recordando Chernóbil
Con motivo del 40º aniversario de la catástrofe de Chernóbil, en
la que la explosión de un reactor nuclear causó enormes daños a corto y largo
plazo, el secretario del Vaticano subraya que «los beneficios del uso pacífico
de las tecnologías nucleares, en particular para hacer frente a la creciente
demanda de energía, deben equilibrarse siempre con la responsabilidad, la
transparencia y un firme compromiso con la seguridad y la protección
nucleares». En este sentido, garantizar «la seguridad y la protección física de
las instalaciones nucleares es una preocupación urgente y compartida, sobre
todo en situaciones de conflicto armado». También en este caso, la postura de
la Santa Sede se mantiene inalterable: «los ataques contra las instalaciones
nucleares no deben producirse jamás», ya que podrían provocar fugas radiactivas
con graves consecuencias humanitarias y medioambientales, tanto dentro como
fuera de las fronteras nacionales. Los «recientes y preocupantes
acontecimientos» a nivel internacional, señala Gallagher, ponen aún más de
manifiesto la necesidad de «adoptar enfoques responsables y sostenibles respecto
a todas las actividades nucleares, incluidas la extracción de uranio y la
gestión de los residuos radiactivos, teniendo en cuenta la protección del medio
ambiente, la salud pública y el bienestar de las generaciones presentes y
futuras».
Aplicar la IA con conciencia
Por último, el secretario dedica un fragmento de su discurso al
uso de la inteligencia artificial en el ámbito nuclear. La Santa Sede acoge con
satisfacción las iniciativas del OIEA e insta a realizar una reflexión ética
minuciosa y a adoptar una gobernanza responsable. Tal y como subrayó el Papa
León XIV en su encíclica Magnifica humanitas: «Si nos centramos únicamente en
las contingencias, corremos el riesgo de dejar que la sucesión de emergencias
dicte el rumbo de nuestro camino». La aplicación de la IA en el sector nuclear,
concluye Gallagher, «debería, por lo tanto, estar respaldada por la conciencia
de los riesgos asociados, una supervisión humana eficaz, normas sólidas de
seguridad y protección, así como una cooperación internacional reforzada, para
que dichas tecnologías puedan promover realmente la paz, la seguridad, la salud
humana y la prosperidad de las generaciones presentes y futuras».
Edoardo Giribaldi
Ciudad del Vaticano
Fuente: Vatican News