CINCO EXCUSAS PARA NO DAR SERVICIO EN LA IGLESIA

Cuando vemos a las personas que desempeñan algún servicio en la Iglesia podríamos preguntarnos si nosotros también podemos apoyar, pero siempre hay excusas

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El sacerdote tiene la misión de llevar el Evangelio a las comunidades que le encomienda su obispo, para eso se ordenó y se ha comprometido de por vida. Pero él no puede hacer todo solo, requiere que los laicos ofrezcan su servicio desinteresado para que sean más efectivos sus esfuerzos. Sin embargo, no todos están dispuestos a servir en la Iglesia y ponen distintas excusas para evitar involucrarse.

Aquí te compartimos las más comunes.

1. No puedo

Esta es la más sencilla. "No puedo" significa todo y nada. Tal vez quiere decir que somos muy jóvenes - como Jeremías (1, 6)- o muy viejos - como Abraham, quien no se negó a obedecer a Dios (Gn 12, 1)- , que tenemos hijos, que atendemos a nuestros padres, a nuestras mascotas o algún negocio... en fin, que sobran los quehaceres.

Por supuesto, si nos pusiéramos a pensar un momento, descubriríamos que sí podemos y tenemos capacidad para realizar alguna tarea, por muy sencilla que sea. El asunto es querer.

2. No tengo tiempo

Viene de la mano con el anterior. El tiempo es muy valioso, sin duda, y hay que aprovecharlo al máximo. Pero, sinceramente, ¿a quién le pertenece? ¡Solo a Dios!, y si somos honestos, no estamos ocupados todo el día.

Hay momentos de ocio que quizá usamos para descansar, para consultar las redes sociales o simplemente para estar sin hacer nada. Uno de esos tiempos desocupados podríamos dedicarlos - aunque fuera solo una hora - para alguna actividad en nuestra parroquia.

3. No tengo dinero

Cuando se trata de servir a veces se requiere invertir recursos, pero no es siempre. Por supuesto que cada parroquia tiene una realidad muy distinta dependiendo del lugar en el que esté ubicada, pero lo que nunca estará de más será la buena voluntad para apoyar en los trabajos y actividades parroquiales.

Recuerda esta enseñanza de san Pablo que es válida para todos:

Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: Nunca te dejaré ni te abandonaré (He 13, 5).

Po eso, el dinero no es un problema importante porque a nadie que preste un servicio se le exige una cantidad fija - eso no se estila en la Iglesia católica -; y en caso de requerirse, el sacerdote o la misma comunidad se encargan de resolverlo. No te preocupes por eso.

4. No me nace

Aquí no hay nada qué hacer. Si no hay voluntad, está de más pedir ayuda. El trabajo es voluntario y créelo, siempre deja muchas satisfacciones y alegrías porque "hay más alegría en dar que en recibir" (Hch 20, 35).

Además, es el deseo de Dios, como nos recuerda san Pablo: "No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; esos son los sacrificios que agradan a Dios" (He 13, 16). ¿Por qué no lo intentas?

5. No tengo preparación

Tampoco los Apóstoles la tenían. En la Iglesia asiste gente de todo tipo y también hay grupos en los que puedes recibir formación acorde a la tarea que desempeñarás. De este modo, todos se preparan y se ayudan mutuamente, tanto si te apuntas como lector, catequista, monaguillo o apoyas a familia, jóvenes, grupos de pastoral social y hasta de comunicación.

Ten la certeza de que Dios provee de lo necesario para quien se ofrece de corazón.

Así es que, no tengamos excusas para servir al Señor, porque, al final, Él nos dará a cada quien lo que merezcan nuestras obras. ¿Cuánto quieres recibir?

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia