Cuando vemos a las personas que desempeñan algún servicio en la Iglesia podríamos preguntarnos si nosotros también podemos apoyar, pero siempre hay excusas
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| Crédito: HoneySkies | Shutterstock |
El sacerdote tiene la misión de llevar el Evangelio a las comunidades que le encomienda su obispo,
para eso se ordenó y se ha comprometido de por vida. Pero él no puede hacer
todo solo, requiere que los laicos ofrezcan su servicio desinteresado para que
sean más efectivos sus esfuerzos. Sin embargo, no todos están dispuestos a
servir en la Iglesia y ponen distintas excusas para evitar involucrarse.
Aquí te
compartimos las más comunes.
1. No puedo
Esta es la más
sencilla. "No puedo" significa todo y nada. Tal vez quiere decir que
somos muy jóvenes - como Jeremías (1,
6)- o muy viejos - como Abraham, quien no se negó a obedecer a Dios (Gn 12, 1)- , que tenemos hijos, que atendemos a nuestros
padres, a nuestras mascotas o algún negocio... en fin, que sobran los
quehaceres.
Por supuesto,
si nos pusiéramos a pensar un momento, descubriríamos que sí podemos y tenemos
capacidad para realizar alguna tarea, por muy sencilla que sea. El asunto es
querer.
2. No tengo
tiempo
Viene de la
mano con el anterior. El tiempo es muy valioso, sin duda, y hay que
aprovecharlo al máximo. Pero, sinceramente, ¿a quién le pertenece? ¡Solo a
Dios!, y si somos honestos, no estamos ocupados todo el día.
Hay momentos de
ocio que quizá usamos para descansar, para consultar las redes sociales o
simplemente para estar sin hacer nada. Uno de esos tiempos desocupados
podríamos dedicarlos - aunque fuera solo una hora - para alguna actividad en
nuestra parroquia.
3. No tengo
dinero
Cuando se trata
de servir a veces se requiere invertir recursos, pero no es siempre. Por
supuesto que cada parroquia tiene una realidad muy distinta dependiendo del
lugar en el que esté ubicada, pero lo que nunca estará de más será la buena
voluntad para apoyar en los trabajos y actividades parroquiales.
Recuerda esta
enseñanza de san Pablo que es válida para todos:
Vivid sin ansia
de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: Nunca te
dejaré ni te abandonaré (He 13, 5).
Po eso, el
dinero no es un problema importante porque a nadie que preste un servicio se le
exige una cantidad fija - eso no se estila en la Iglesia católica -; y en caso
de requerirse, el sacerdote o la misma comunidad se encargan de resolverlo. No
te preocupes por eso.
4. No me
nace
Aquí no hay
nada qué hacer. Si no hay voluntad, está de más pedir ayuda. El trabajo es
voluntario y créelo, siempre deja muchas satisfacciones y alegrías porque
"hay más alegría en dar que en recibir" (Hch 20, 35).
Además, es el
deseo de Dios, como nos recuerda san Pablo: "No os olvidéis de hacer el
bien y de ayudaros mutuamente; esos son los sacrificios que agradan a
Dios" (He 13, 16). ¿Por qué no lo intentas?
5. No tengo
preparación
Tampoco los
Apóstoles la tenían. En la Iglesia asiste gente de todo tipo y también hay
grupos en los que puedes recibir formación acorde a la tarea que desempeñarás.
De este modo, todos se preparan y se ayudan mutuamente, tanto si te apuntas
como lector, catequista, monaguillo o apoyas a familia, jóvenes, grupos de
pastoral social y hasta de comunicación.
Ten la certeza
de que Dios provee de lo necesario para quien se ofrece de corazón.
Así es que, no
tengamos excusas para servir al Señor, porque, al final, Él nos dará a cada
quien lo que merezcan nuestras obras. ¿Cuánto quieres recibir?
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
