¿Qué olvidan en los bancos?
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| Dominicas de Lerma |
Hola,
buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
A
veces también nosotros miramos así. Hay situaciones y personas a las que
contemplamos a través de nuestros prejuicios, nuestros miedos, nuestras dudas…
Incluso al Señor puedes acercarte con esos cristales puestos: con la imagen que
te has formado de Él, con el temor de no ser acogido, con la sospecha de que su
luz pueda mostrarte algo que prefieres no mirar.
Sin
embargo, para acercarte verdaderamente a Jesús necesitas quitarte las gafas.
Jesús no viene a deslumbrarnos; viene a enseñarnos a mirar de nuevo, a curar
nuestra mirada.
Necesita
que le des la oportunidad de mirarte a los ojos, de saber hacia dónde miras,
para caminar y mirar en la misma dirección contigo. Quiere mostrarte que
aquello que ves oscuro, con Él tiene color y vida.
Entrar
en una iglesia es mucho más que contemplar su arquitectura. Es momento de
permitir que el Señor ilumine tu interior, de dejar en el banco tus gafas: los
prejuicios que te protegen de los demás, los miedos que te impiden confiar, las
seguridades que no te dejan abandonarte en Él.
En
el Evangelio, el ciego de nacimiento no solo recupera la vista: comienza a
descubrir quién es Jesús. Primero habla de «ese hombre»; después lo reconoce
como profeta y, finalmente, se postra ante Él diciendo: «Creo, Señor». Su
mirada exterior se ha abierto, pero también se ha iluminado su corazón. Estoy
segura de que su vida cambió totalmente después de dejarse mirar por Jesús.
Hoy
el reto del amor es que entres en una iglesia sin gafas de sol. Déjate mirar
por Él y pídele la gracia de vivir confiado.
VIVE
DE CRISTO
¡Feliz
día!
10
agosto 2026
Fuente: Dominicas de Lerma
