El abanico
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| Dominicas de Lerma |
Hola,
buenos días, hoy Leti nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Este
verano está siendo muy caluroso y hay algo que he descubierto de una manera
especial, porque me ayuda a llevar mejor este calor: es un abanico. Nunca me
había detenido mucho en él ni le había dado mucha importancia.
¿Cómo
es posible que unas varillas de madera con un poco de tela puedan hacer tanto
bien? Pues la verdad es que es un gran alivio para estos calores.
En
la oración le decía al Señor lo importante que es que aprendamos unos de otros,
porque la realidad es que muchas personas entran en la iglesia con abanico. Y,
si me hubiera fijado un poco, lo habría descubierto antes. Pero ha sido la
necesidad la que ha hecho que lo descubriera.
A
veces vivimos con personas que tienen una gran sabiduría y no somos capaces de
verlas, de aprender de ellas. Creemos que podemos mejor solos o, como mucho,
ayudados del chat, al cual le preguntamos todo y sustituimos a las personas por
él.
Pero
Jesús no quiso esto para sus discípulos. Vemos cómo los discípulos le preguntan
a Jesús cuando algo no entendían o algo no les cuadraba. Jesús se sentaba con
ellos, y dice la Escritura que se lo explicaba.
Porque
Jesús quiere sentarse contigo para poder dialogar sobre lo que tienes en el
corazón. A veces podemos pensar que el Señor no nos escucha porque no hace lo
que nosotros queremos, pero la realidad es que siempre nos está escuchando y,
si le dejamos, nos explica lo que nos está ocurriendo.
Como
hacía con los discípulos, porque nosotros somos ahora sus discípulos. No
podemos olvidar que Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre. Y lo que vemos que
hizo lo sigue haciendo hoy en día con cada corazón que se deja hacer. No es
cuestión de Él, sino de nosotros, de qué queremos.
Hoy
el reto del amor es escuchar a los que tienes a tu alrededor y aprender algo de
ellos. Porque Jesús vive en tu día a día, a tu lado.
VIVE
DE CRISTO
¡Feliz
día!
20
agosto 2026
Fuente: Dominicas de Lerma
