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El año litúrgico y su importancia en la vida del
creyente es el tema tratado por León XIV en su catequesis de la Audiencia
General de este miércoles, en la Basílica de San Pedro: Marcado por los
domingos, con la celebración semanal de la Pascua, el ciclo anual de las
celebraciones cristianas es pedagogía de la historia de la salvación,
anticipación de la gloria futura, es el tiempo donde se entrelazan la fe y la
devoción de la Iglesia.
León XVI dedicó su catequesis de este miércoles, 12 de
agosto, al año litúrgico, contenido en el quinto capítulo de la Constitución
conciliar Sacrosanctum Concilium, poniendo de relieve que a lo
largo de los años, el ciclo de celebraciones cristianas se ha convertido en un
modo de actualizar la obra de salvación de Cristo en la historia, de hacer
visible la comunión de los creyentes con el Señor, de dar testimonio de su
pertenencia a Cristo y de su fidelidad a la Iglesia.
Retomando su ciclo de catequesis dedicadas a los
documentos del Concilio Vaticano II, el Papa, ante unos cinco mil fieles
reunidos en la Basílica de San Pedro, abrió su reflexión recordando que el
término de “año litúrgico” para definir la sucesión anual de las celebraciones
cristianas se extendió en el lenguaje eclesial por el Siervo de Dios, el abad
Prosper Guéranger, en el siglo XIX, y desde entonces, ha sido definido y
explicado a lo largo de los magisterios pontificios.
Una actualización de la obra de
salvación que Cristo
El Santo Padre toma algunas afirmaciones del Papa Pio
XII en la encíclica Mediator Dei, en las que sostiene que el año
litúrgico “no es una representación fría e inerte” del pasado o la “recreación
de una realidad de otros tiempos”, sino que es “Cristo mismo que persevera en
su Iglesia” y prosigue su “camino de misericordia” con el fin de que “las almas
de los hombres se pongan en contacto con sus misterios” que están presentes y
obran constantemente. Y agregó:
“El año litúrgico debe entenderse como constante
actualización de la obra de salvación que Cristo realiza en la historia. A lo
largo de este ciclo temporal, la Iglesia permanece en contacto con la acción
redentora del Señor, para que puedan los fieles llenarse de la gracia de la
salvación”.
El acontecimiento pascual en el centro
Para el Pontífice, el encuentro con Jesús que murió y
resucitó por nosotros, es el fin que la Iglesia persigue y el centro de cada
celebración. De allí que los padres conciliares, explicó el Papa, colocarán
como fundamento del año litúrgico el domingo, el “dies Domini”, “el día
del Señor”. Y es precisamente, San Juan Pablo II, que en su Carta
apostólica Dies Domini enseña que el domingo es el día del
Señor, el día de la Iglesia, el día del hombre y, por último, “el día de los
días”, al ser el domingo, la Pascua semanal.
En este contexto, León XIV afirmó que “para santificar
el domingo es indispensable celebrar la Eucaristía”, ya que la escucha de la
Palabra y la participación en el Cuerpo de Cristo implica, según los Padres
conciliares, la convocación festiva de los fieles. Una asamblea, insiste el
Santo Padre, donde la comunidad cristiana hace visible su comunión con el Señor
y da testimonio de su pertenencia a Cristo y de su fidelidad a la Iglesia. Pero
además, un momento de comunión que, para el Papa, debe hacerse accesible
también a quienes "no tienen la posibilidad de ausentarse del
trabajo".
Esta asamblea no puede sustituirse por una presencia
meramente virtual, ni se reduce a una reunión meramente pasiva. La asamblea
litúrgica se realiza, en efecto, en la participación activa de hermanos y
hermanas, convocados juntos para que ‘den gracias a Dios, que los hizo renacer
a la viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos’.
La pedagogía de la historia de salvación
Más adelante, el Pontífice relató brevemente cómo cada
celebración se fue añadiendo al año litúrgico en una historia en la que “se
entrelazan la fe y la devoción de la Iglesia”: la celebración de la Pascua
semanal desde el siglo II d. C; luego la Pascua anual, “la máxima solemnidad”;
Pentecostés, la Cuaresma y el ciclo natalicio. Así también la incorporación de
la veneración de la Santísima Virgen María, y el recuerdo de los mártires y de
los demás santos. Y concluyó:
“El año litúrgico propone así, de forma sacramental,
la pedagogía de la historia de la salvación, guiando a los fieles desde la
espera del Mesías hasta la plenitud del misterio pascual y la anticipación de
la gloria futura. En él, la Iglesia celebra la actualidad salvífica del
misterio de Cristo, permitiendo a los creyentes participar en él cada vez más
profundamente.
Alina Tufani Díaz
Ciudad del Vaticano
Fuente: Vatican News