Educar a los hijos es la labor más importante que Dios ha confiado a los padres, por eso la Biblia menciona la educación y el compromiso que conlleva
![]() |
| Yakobchuk Viacheslav | Shutterstock |
Traer hijos al
mundo es un compromiso muy serio, por eso Dios se lo encomendó al hombre y a la
mujer para que juntos enfrentaran la gran tarea de la educación, es decir,
formar a sus vástagos como personas temerosas de Dios, como lo encontramos en
la Biblia:
El
compromiso no termina
Por experiencia
propia, desde que nacimos dentro de una familia supimos que debíamos obedecer
los mandatos de nuestros padres. Además, lo que aprendimos en casa lo hemos
llevado a la práctica cuando decidimos formar nuestra propia familia. Ni más,
ni menos.
Hemos llevado
con nosotros la educación de nuestros padres para prolongarla con nuestra
descendencia. Además, el compromiso de formar, educar y corregir no termina
nunca. Aunque los hijos sean adultos, siempre será oportuno el consejo y la
llamada de atención del padre y de la madre para hacer entrar en razón al hijo
descarriado. Basta con recordar la historia de santa Mónica y su hijo, san
Agustín.
La Biblia
habla de educar
En la Sagrada
Escritura leemos la relevancia que tiene el papel de la educación en la vida de
la humanidad:
1. Las
enseñanzas de Dios a nosotros, sus hijos
Yo pongo hoy
delante de ustedes una bendición y una maldición. Bendición, si obedecen
los mandamientos del Señor, su Dios, que hoy les impongo. Maldición, si
desobedecen esos mandamientos y se apartan del camino que yo les señalo, para
ir detrás de dioses extraños, que ustedes no han conocido (Dt
11, 26-28).
Graba en tu
corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Incúlcalas a tus hijos, y
háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas de viaje, al acostarte
y al levantarte (Lev
6, 6-7).
Yo te
instruiré, te enseñaré el camino que debes seguir; con los ojos puestos en ti,
seré tu consejero (Sal
32. 8).
Carguen
sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de
corazón, y así encontrarán alivio (Mt
11, 29).
2. La
educación de padres a hijos
Vengan, hijos,
escuchen: voy a enseñarles el temor del Señor (Sal
34, 12).
La vara y la
reprensión dan sabiduría, pero el joven consentido avergüenza a su madre (Pr
29, 15).
Escucha, hijo
mío, la instrucción de tu padre y no rechaces la enseñanza de tu
madre, porque son una diadema de gracia para tu cabeza y un collar para tu
cuello (Pr 1, 8).
Hijos,
obedezcan a sus padres en el Señor porque esto es lo justo, ya que
el primer mandamiento que contiene una promesa es este: Honra a tu
padre y a tu madre, 3 para que seas feliz y tengas
una larga vida en la tierra. Padres, no irriten a sus hijos; al
contrario, edúquenlos, corrigiéndolos y aconsejándolos, según el espíritu del
Señor (Ef 6, 1-4).
Que sepa
gobernar su propia casa y mantener a sus hijos en la obediencia con toda
dignidad (1Tim 3, 4).
3. La
formación de los Apóstoles a los discípulos, hijos espirituales
Pongan en
práctica lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí, y el
Dios de la paz estará con ustedes (Fil
4, 9).
Que la Palabra
de Cristo resida en ustedes con toda su riqueza. Instrúyanse en la verdadera
sabiduría, corrigiéndose los unos a los otros (Col
3, 16).
Y todos
los días, tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de
anunciar la Buena Noticia de Cristo Jesús (Hch
5, 42).
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
