La Abadía de Montecassino fue el primer monasterio de la orden benedictina, fundado por el propio santo en el año 529
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El Papa León
XIV visita la Abadía de Montecassino y su comunidad monástica, y reza ante la
tumba de San Benito confiándole su súplica por la paz en aquellas regiones del
mundo marcadas por el derramamiento de sangre y el conflicto.
El lunes 20 de
julio por la mañana, el Papa León XIV realizó una visita privada a la Abadía de
Montecassino y a su comunidad monástica.
Según un
comunicado difundido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Papa «se
detuvo a rezar ante la tumba de San Benito, confiándole su ruego por la paz en
aquellas regiones del mundo marcadas por el derramamiento de sangre y el
conflicto».
A continuación,
almorzó con la comunidad religiosa y, posteriormente, regresó a Castel
Gandolfo, donde pasa actualmente sus vacaciones de verano hasta el 27 de julio.
La Abadía de
Montecassino se encuentra a unas dos horas en coche de Roma y fue el primer
monasterio de la orden benedictina, fundado por el propio santo en el año 529.
«Ha sido un
regalo totalmente inesperado —comenta a los medios de comunicación vaticanos el
abad Dom Luca Fallica—, porque la visita era estrictamente privada y, por lo
tanto, se nos había pedido la máxima discreción; de hecho, no se nos confirmó
hasta ayer, por lo que solo pude avisar a la comunidad unas horas antes de la
llegada del Santo Padre y, por eso, todo se ha desarrollado con gran sencillez
y familiaridad».
Según informa
el padre abad, también tuvo ocasión de saludar a huéspedes y turistas. León
rezó la hora sexta junto con la comunidad de monjes, visitó el Archivo y la
Biblioteca y almorzó con la comunidad antes de partir hacia Castel Gandolfo.
«Creo que el Papa se alegró de poder visitar este lugar en el que había estado
hace muchos años, cuando, según me contaba, aún era estudiante en Roma».
«Nos hemos
sentido reafirmados y animados tanto en nuestro compromiso monástico como en
nuestro compromiso eclesial más amplio», concluye Fallica. El regalo de unas
horas compartidas con el Sucesor de Pedro se traduce ahora en una misión «que
pueda dar fruto por el bien de la Iglesia y por el bien de toda la humanidad».
Fuente: Vatican News