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Bárbara Freitas, miisionera de la comunidad católica Shalom. |
Mientras
miles de aficionados se desplazaban a Nueva Jersey (Estados Unidos) para
algunos partidos de la Copa Mundial de la FIFA 2026, Bárbara Freitas, una
misionera de 31 años de la comunidad católica Shalom, aprovechó su voluntariado
en el torneo para anunciar el Evangelio.
Inspirada por sus experiencias en la
Copa Confederaciones y el Mundial de Brasil 2014, decidió volver a ser
voluntaria, viendo en el mayor evento deportivo del mundo una oportunidad para
conocer gente de diferentes países y presentarles a Cristo a través de la
amistad, la escucha y su testimonio de fe.
El
estadio de Nueva Jersey, que albergará la final entre España y Argentina el
domingo 19 de julio, está cerca de Nueva York. Shalom llegó a la ciudad en
2020, por invitación del entonces Obispo de Brooklyn, Mons. Nicholas DiMarzio,
para desarrollar una labor de evangelización dirigida principalmente a jóvenes
adultos.
Desde entonces, la misión ha reunido
a personas a través de Misas, grupos de oración, retiros, actividades
culturales y deportivas, y el SH NY Workspace Café, un espacio creado para
acoger a personas que desean estudiar, trabajar o simplemente socializar.
“El objetivo principal de la
evangelización durante el Mundial no es sólo llevar gente a la Iglesia, sino
llevar la Iglesia a ellos, encontrarnos con ellos allí donde están”, dijo
Bárbara a ACI Digital.
“Al estar allí, yo soy la Iglesia.
Les transmito el amor de Dios a través de la conversación, a través de la
escucha, mostrándoles con mi mirada cómo Dios los ama y cómo Dios está presente
en sus vidas”.
Bárbara,
misionera de la comunidad católica Shalom durante 11 años, reside en Brooklyn,
Nueva York, desde hace cinco, donde participa en la misión de la comunidad. La
idea de regresar al voluntariado en un evento mundial surgió de su experiencia
en Brasil, cuando aún discernía su vocación misionera.
“En esa experiencia, sentí que había
nacido para esto: para estar entre personas de diversos países y poder dar
testimonio del Evangelio”, dijo.
Para Bárbara, el Mundial, que ha reunido
a multitudes que buscan la alegría que proporciona el deporte, también ofreció
la oportunidad de recordar que hay una alegría que nunca se desvanece.
“Vivimos experiencias maravillosas en esta vida, pero todo pasa. ¿Qué es lo
verdaderamente valioso?”, se preguntó. “Estar en un Mundial es presenciar un
evento hermoso y bien organizado, pero hay algo mucho más importante: la vida
eterna, una vida con Dios, que es la fuente y el fin de toda esta alegría”.
Según la misionera, la mayor parte de la evangelización se dio con su
testimonio entre los voluntarios. “Somos 9.000 voluntarios”, dijo. “Llevo la
cruz de Shalom y sonrío a la gente. Cuando vienen a pedir ayuda, a veces les
digo: ‘Dios te bendiga’. Cuando ven una medalla de la Virgen o preguntan por la
cruz, se inicia una conversación”.
Estas conversaciones solían despertar curiosidad sobre la Iglesia. “Me
preguntan: ‘¿Qué es esa cruz?’. Les digo que soy misionera de la Iglesia
Católica. A menudo, la reacción es: ‘¿Hay misioneros en la Iglesia Católica?’
No lo sabía, pensaba que era algo más propio de los evangélicos", comentó.
Encuentros en el camino hacia la Copa
La evangelización no se dio sólo en los partidos, sino
también en los viajes en metro y en las calles de Nueva York, repletas de
aficionados.
En una de esas ocasiones, Bárbara conoció a un grupo
de musulmanes marroquíes que regresaban de un partido. “Compartieron su fe y yo
la mía, creando un ambiente de encuentro y derribando divisiones”, dijo.
Otro día conoció a un hombre chino, residente de
Queens, casado y padre de tres hijos. Vestido con una camiseta de la selección
brasileña, se ofreció a fotografiarla y le preguntó qué hacía en Nueva York.
“Le dije: ‘Soy misionera de la Iglesia Católica’. Él respondió: ‘¿De verdad?
Nunca he conocido a una misionera’”.
Tras conocer a Shalom a través de las redes sociales,
preguntó si podía participar en algunas de las actividades de la misión.
Bárbara también conoció a una mujer ecuatoriana que
llevaba una pequeña cruz y otra tatuada en el brazo. Estaban esperando el
autobús de los jugadores y entablaron conversación. Durante la charla, la
ecuatoriana comentó que había heredado la fe de su madre, pero que ya no la
practicaba con frecuencia, y Bárbara le regaló una medalla de San Carlo Acutis.
“Se emocionó mucho porque su padre le había hablado
mucho de este santo”, dijo. “La invité al campamento, e inmediatamente pensó en
una amiga a la que también le gustaría invitar”.
El Festival de Verano de Acamps se celebra del 20 al 23 de agosto en el estado de Nueva
York. Este encuentro reúne a jóvenes para compartir momentos de oración,
formación, compañerismo, deportes y ocio, con el objetivo de brindarles una
experiencia de encuentro con Dios.
Para Bárbara, invitar a alguien al festival es una
continuación natural de la amistad que comenzó durante el Mundial.
“Se trata de ser capaces de amar a las personas tal
como son, de ir a su encuentro y darles la oportunidad de participar en una
comunidad de discípulos de Cristo”, dijo.
“No sabemos cuáles serán los frutos. Sembramos.
Dondequiera que vamos como misioneros, bautizados y consagrados, sembramos, y
Dios provee los frutos”, concluyó.
Un video de la FIFA llevó a un joven a la comunidad
En el Mundial de Clubes de 2025, Bárbara colaboró como voluntaria con el equipo de prensa. La FIFA
produjo un video que narraba su historia como voluntaria brasileña y filmó imágenes
cerca del centro de evangelización de la Comunidad Shalom en Brooklyn.
Tras la publicación del video, Letícia Dobzinsk, una
brasileña residente en Nueva Jersey, se puso en contacto con nosotros diciendo
que estaba buscando una comunidad católica a la que unirse.
La invitación para conocer la misión finalmente llevó
a Letícia a Acamps. “Fue un video lo que propició el encuentro. Es la cultura
del encuentro de la que hablaba el Papa Francisco y que también promueve el
Papa León XIV. El deporte es una gran oportunidad para el encuentro”, dijo
Bárbara.
Publicado originalmente en ACI Digital. Traducido
y adaptado por el equipo de ACI Prensa.
Por Nathália Queiroz
Fuente: ACI
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