150 ADOLESCENTES ESPAÑOLES EN COSTA DE MARFIL: «ESTO SÍ VALE LA PENA, NO LA ANSIEDAD POR LOGRAR LAS NOTAS MÁS ALTAS»

Los alumnos de bachillerato del colegio El Prado de Madrid reparten comida entre las familias africanas desfavorecidas y unen fuerzas para construir una iglesia. Así narra la experiencia Jerónimo Fumanal, subdirector del colegio
Adolescentes de Madrid en Costa de Marfil del Colegio El Prado.
Dominio público

El mismo plato vacío

Jero Fumanal, subdirector del colegio El Prado (Madrid) y principal organizador del viaje, pone palabras a las imágenes que ilustran la experiencia en este voluntariado: «Todos los días contemplamos algunas madres que mandan una y otra vez a sus hijos pequeños, con el mismo plato vaciado en una olla, para que se lo lleven otra vez lleno de arroz, de pasta o de attièke. Estos críos, que no han salido de su pequeño pueblo, miran a los voluntarios y piensan son muy buenos estos blo-foué españoles: juegan con nosotros, nos dan comida abundante con carne y huevos, y nos quieren».

Voluntarios españoles en Costa de Marfil

121 alumnos de 1º y 2º de bachillerato del colegio El Prado, 23 antiguos alumnos, 2 profesores, el subdirector (Jero Fumanal), un cocinero y un capellán han sido los voluntarios que pusieron rumbo a Costa de Marfil para construir una iglesia y dar de comer a las familias pobres de la capital política y administrativa del país: Yamusukro.

Nobleza propia de los 16 años

«Iniciar un voluntariado es siempre un gozo difícil de explicar. Lo que palpita en el corazón pertenece habitualmente a la intimidad, y por eso lo protegemos. Hoy, mucha intimidad, hecha de esa nobleza propia de los 16 años, ha vibrado con nueva vitalidad al pisar por vez primera la tierra de África, y abrazar a sus hermanos más desfavorecidos. Hoy esos hermanos han dejado de ser unos rostros miserables en un documental que no logramos hacer parte de la propia vida».

La construcción de una futura iglesia

«Nuestro voluntariado fue creado en primer lugar para cambiar los corazones de los voluntarios, y después para ayudar a paliar el dolor y la pobreza de tantas familias, porque si cambias un corazón, cambias lo que hará el resto de su vida».

Corazón de niño

Un chico marfileño rompiendo a llorar tras, inevitablemente, ver denegada su petición de acompañar en autobús a los voluntarios. Su única intención era evitar perder a sus nuevos amigos españoles. «En la despedida de los niños aparece cada día una creciente vinculación afectiva hacia sus amigos blancos mayores».

«Esto sí que es auténtico»

«Esta mañana me dijo un voluntario: 'he cambiado para siempre mi concepto de la felicidad'. Estaba a punto de echarse a llorar cuando me lo explicaba. Tenía delante por primera vez en su vida centenares de niños y niñas haciendo la fila para llevarse un plato de arroz con carne. La escena que ha contemplado ha echado abajo su control emocional. Me decía que ha visto a sus compañeros, a los que conoce desde hace muchos años, desbordados por una felicidad que te grita esto es lo que vale la pena, no la ansiedad por lograr las notas más altas. Y añadió: 'esto sí que es auténtico'».

Una cadena invencible de personas justas

«Buscar la justicia social es noble, pero puede quedarse en un deseo no aterrizado en ninguna realidad. Formar el corazón de la juventud y guiarlo hasta hacerlo justo, inicia una cadena invencible de personas justas: esas vidas harán realidad en sus decisiones cotidianas lo que otras solo cultivarán como deseo», asegura Jero Fumanal.

Donde la propia existencia cobra sentido

«Nos levantamos temprano para cuidar la capa de la productividad, pero comienza cada jornada repasando el motivo que nos ha traído a África: ayudamos a los voluntarios a superar la mirada superficial sobre su propia vida, y bajar hasta lo profundo: a esa capa vital donde la propia existencia cobra sentido (el dolor ajeno, los demás como parte de mi vida, mi vocación de servicio, lo que aporto a la sociedad, el uso de mis talentos, el destino de mi dinero, la esperanza que genero, todo lo que me hace experto en humanidad, etc.)».

La sabiduría del corazón

«A los seres humanos no nos basta para alcanzar la plenitud funcionar con la inteligencia científica: la capa profunda es la sabiduría del corazón. Por eso se puede ser un ejecutivo de alto nivel y una pobre persona al mismo tiempo. Se suele decir que algunas personas son tan pobres, que solo tienen dinero. La formación del corazón dura toda la vida, y se apoya muchísimo en lo que se ha recibido entre los 3 y los 12 años, y en lo que se ha luchado entre los 12 y los 18 años. Estas dos etapas educativas definen mucho de la calidad moral que alcanzará cada persona hasta el final de su vida».

Consecuencias directas en los voluntarios

«Desde el trabajo de preparar 120 bocadillos a las 7.00 de la mañana, hasta que fregamos los platos antes de irnos a dormir por la noche, cada día está lleno de trabajo físico que desgasta de verdad, y al que no estamos acostumbrados. Ahora sabemos mejor lo que cuesta ganar el pan de los hijos. Ahora podemos frenar el dinero que gastamos en cada cosa. Ahora cala mejor en los corazones de los voluntarios el dolor de los padres que no consiguen dar a sus hijos todo lo necesario para vivir, o la educación que les daría oportunidades mejores en la vida; o la atención médica que curaría su enfermedad».

Federico León García

Fuente: El Debate