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| Adolescentes de Madrid en Costa de Marfil del Colegio El Prado. Dominio público |
El
mismo plato vacío
Jero Fumanal, subdirector del
colegio El Prado (Madrid) y principal organizador del viaje, pone palabras a
las imágenes que ilustran la experiencia en este voluntariado: «Todos los días
contemplamos algunas madres que mandan una y otra vez a sus hijos pequeños, con
el mismo plato vaciado en una olla, para que se lo lleven otra vez lleno de
arroz, de pasta o de attièke. Estos críos, que no han salido de su
pequeño pueblo, miran a los voluntarios y piensan son muy buenos estos blo-foué españoles: juegan
con nosotros, nos dan comida abundante con carne y huevos, y nos quieren».
Voluntarios
españoles en Costa de Marfil
121 alumnos de 1º y 2º de bachillerato del colegio
El Prado, 23 antiguos alumnos, 2 profesores, el subdirector (Jero Fumanal), un
cocinero y un capellán han sido los voluntarios que pusieron rumbo a Costa de
Marfil para construir una iglesia y dar de comer a las familias pobres de la
capital política y administrativa del país: Yamusukro.
Nobleza
propia de los 16 años
«Iniciar un voluntariado es siempre un gozo difícil
de explicar. Lo que palpita en el corazón pertenece habitualmente a la
intimidad, y por eso lo protegemos. Hoy, mucha intimidad, hecha de esa nobleza
propia de los 16 años, ha vibrado con nueva vitalidad al pisar por vez primera
la tierra de África, y abrazar a sus hermanos más desfavorecidos.
Hoy esos hermanos han dejado de ser unos rostros miserables en un documental
que no logramos hacer parte de la propia vida».
La
construcción de una futura iglesia
«Nuestro voluntariado fue creado en primer lugar
para cambiar los corazones de los voluntarios, y después para
ayudar a paliar el dolor y la pobreza de tantas familias, porque si cambias un
corazón, cambias lo que hará el resto de su vida».
Corazón
de niño
Un chico marfileño rompiendo a llorar tras,
inevitablemente, ver denegada su petición de acompañar en autobús a los
voluntarios. Su única intención era evitar perder a sus nuevos amigos
españoles. «En la despedida de los niños aparece cada día una creciente
vinculación afectiva hacia sus amigos blancos mayores».
«Esto
sí que es auténtico»
«Esta mañana me dijo un voluntario: 'he cambiado
para siempre mi concepto de la felicidad'. Estaba a punto de echarse a
llorar cuando me lo explicaba. Tenía delante por primera vez en su vida
centenares de niños y niñas haciendo la fila para llevarse un plato de arroz
con carne. La escena que ha contemplado ha echado abajo su control emocional.
Me decía que ha visto a sus compañeros, a los que conoce desde hace muchos
años, desbordados por una felicidad que te grita esto es lo que vale la pena,
no la ansiedad por lograr las notas más altas. Y añadió: 'esto sí que es
auténtico'».
Una
cadena invencible de personas justas
«Buscar la justicia social es noble, pero puede
quedarse en un deseo no aterrizado en ninguna realidad. Formar el
corazón de la juventud y guiarlo hasta hacerlo justo, inicia una cadena
invencible de personas justas: esas vidas harán realidad en sus decisiones
cotidianas lo que otras solo cultivarán como deseo», asegura Jero Fumanal.
Donde
la propia existencia cobra sentido
«Nos levantamos temprano para cuidar la capa de la
productividad, pero comienza cada jornada repasando el motivo que nos ha traído
a África: ayudamos a los voluntarios a superar la mirada superficial
sobre su propia vida, y bajar hasta lo profundo: a esa capa vital donde la
propia existencia cobra sentido (el dolor ajeno, los demás como parte de mi
vida, mi vocación de servicio, lo que aporto a la sociedad, el uso de mis
talentos, el destino de mi dinero, la esperanza que genero, todo lo que me hace
experto en humanidad, etc.)».
La
sabiduría del corazón
«A los seres humanos no nos basta para alcanzar la
plenitud funcionar con la inteligencia científica: la capa profunda es la
sabiduría del corazón. Por eso se puede ser un ejecutivo de alto nivel y una
pobre persona al mismo tiempo. Se suele decir que algunas personas son tan
pobres, que solo tienen dinero. La formación del corazón dura toda la
vida, y se apoya muchísimo en lo que se ha recibido entre los 3 y los 12
años, y en lo que se ha luchado entre los 12 y los 18 años. Estas dos etapas
educativas definen mucho de la calidad moral que alcanzará cada persona hasta
el final de su vida».
Consecuencias
directas en los voluntarios
«Desde el trabajo de preparar 120 bocadillos a las
7.00 de la mañana, hasta que fregamos los platos antes de irnos a dormir por la
noche, cada día está lleno de trabajo físico que desgasta de verdad, y al que
no estamos acostumbrados. Ahora sabemos mejor lo que cuesta ganar el
pan de los hijos. Ahora podemos frenar el dinero que gastamos en cada cosa.
Ahora cala mejor en los corazones de los voluntarios el dolor de los padres que
no consiguen dar a sus hijos todo lo necesario para vivir, o la educación que
les daría oportunidades mejores en la vida; o la atención médica que curaría su
enfermedad».
Federico León García
Fuente: El Debate
