No es necesario creer en una revelación privada, pero si deseas conocer alguna en especial debes saber que hay señales para distinguir si viene de Dios
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| Romolo Tavani | Shutterstock |
En la Iglesia
católica creemos que en raras ocasiones Dios habla directamente a un alma por
medio de visiones o palabras que comúnmente se conoce como “revelación
privada”. Usualmente Dios le habla discretamente a un alma a través de
pensamientos, deseos o incluso a través de otra persona.
Sin embargo, a
ciertas almas privilegiadas que tienen una relación íntima con Él les comparte
muchas gracias especiales.
Ejemplos bien
conocidos de revelaciones privadas son las visiones concedidas a santa Faustina Kowalska, santa
Margarita María de Alacoque y santa Bernadette Soubirous, por nombrar algunos.
Todos estos
casos han sido confirmados como revelaciones privadas auténticas y los fieles
son libres de leerlas y obtener beneficios espirituales de ellas, aunque no
están obligados a hacerlo.
Sin embargo, no
todas las revelaciones privadas son aprobadas por la Iglesia y en esos casos
son consideradas o fruto de un espíritu humano (originándose de los
pensamientos de la persona involucrada) o de un espíritu diabólico (viniendo de
un demonio que aparenta ser un ángel, como un lobo con piel de cordero).
Estas tres
señales rápidas darán una idea inicial sobre si una revelación privada proviene
de Dios (teniendo en cuenta que la Iglesia tiene la última palabra y que
nosotros debemos respetar sus decisiones):
1. Obediencia
El distintivo
de cualquier revelación privada es que el visionario es enteramente obediente a
sus superiores. Puede que sea un obispo local, el Papa o el superior religioso
de una orden.
El Padre Pío, que experimentó muchas gracias de Dios, pero que
también recibió injustas sanciones de parte de su obispo local, dijo una vez:
"La voluntad del Obispo es la voluntad de Dios". Santa Faustina
añadió: "Satanás puede incluso cubrirse con un manto de humildad, pero no
sabe cómo cubrirse con un manto de obediencia" (Diario, 939).
Puede que no
nos guste el juicio de un obispo e incluso a menudo un obispo puede que ponga
sanciones sobre revelaciones privadas que posteriormente fueron aprobadas (como
en el caso del Diario de santa Faustina).
Sin embargo, y
mientras tanto, Dios nos pide que seamos obedientes a aquellos a quienes se les
ha concedido autoridad en la Iglesia y respetemos sus decisiones. Dios
recompensará nuestra obediencia.
2. Ni
añadas, ni le restes a una Revelación Divina
El segundo
signo que debemos buscar es ver si la revelación privada le añade o le resta (o
trata de corregir) a la Verdad de la Fe que se nos ha sido entregada por
el Magisterio de la Iglesia.
Las
revelaciones privadas no están destinadas a añadirle o sustraerle nada a lo que
ya nos ha sido revelado por Dios (CEC 67). Están destinadas a ayudar a los fieles a
permanecer junto a Dios en un punto específico de la historia.
Las
revelaciones privadas auténticas no revelan nada nuevo ni tratan de corregir
algo que la Iglesia nos ha enseñado desde el principio. A menudo ayudan a
clarificar o a poner especial énfasis en un atributo particular de Dios (como
la Divina Misericordia de Dios), pero nunca es algo nuevo.
Siempre debemos
ser cautelosos con aquellas revelaciones que nos enseñan algo contrario a lo
que la Iglesia ha enseñado o con las que proponen tener una especie de
conocimiento “especial” que les ha sido revelado exclusivamente, por ejemplo,
la fecha exacta del Fin del Mundo o que la “Misa en Latín” es la única Misa
válida que puede ser celebrada.
3. Humildad
El tercer signo
seguro que debemos buscar es si el visionario es una persona humilde y que no
busca fama de las visiones.
Desde el
comienzo de los tiempos, Dios decidió usar vasos humanos que fueron personas
anónimas, provenientes de tierras distantes; no grandes gobernadores
originarios de poderosas naciones.
La Santísima Virgen María es el máximo ejemplo, ya que
ella fue una pobre campesina proveniente de una nación oscura que se encontraba
bajo ocupación del Imperio Romano.
Incluso cuando
vemos las apariciones en Fátima o Lourdes,
puedes ver que Dios eligió pequeños niños, que no tenían poder ni riqueza
alguna en este mundo.
Más aún, los
niños no obtuvieron recompensas monetarias por sus visiones, sino que fueron
fuertemente perseguidos y despreciados por sus comunidades.
Las visiones
usualmente no llaman mucho la atención sino hasta la muerte del visionario.
Este es el caso especialmente en la única aparición aprobada en los Estados
Unidos, que sucedió en el pequeño poblado de Wisconsin, que era virtualmente
desconocido para el mundo hasta que estas visiones fueron aprobadas.
Sobre todo,
cuando se trate con revelaciones privadas, debemos recordar que Dios escoge
instrumentos débiles para hacer grandes cosas.
Sus nombres
puede que no sean famosos en el mundo mientras vivan, pero luego somos capaces
de ver la obra de Dios en sus vidas y cómo Él les usó para cambiar el mundo.
Al final,
debemos ser obedientes al juicio del obispo local, incluso si estamos en
desacuerdo con sus decisiones. Depende de aquellos a quienes Dios ha designado
decidir si una visión es auténtica o si proviene de otra fuente que no sea
Dios. La decisión final descansa en sus hombros.
Philip Kosloski
Fuente: Aleteia
