“¡As-salamu alaykom! ¡Que la paz esté con ustedes!”
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En su primer
discurso en Argelia, primera etapa de su viaje apostólico a África, ante el
Memorial de los Mártires "Maqam Echahid", que rinde homenaje a
aquellos que perdieron la vida en la lucha por la independencia de la Francia
colonial, el Santo Padre lanzó un fuerte llamado a la paz, al perdón y la
fraternidad entre los pueblos.
“¡As-salamu alaykom! ¡Que la
paz esté con ustedes!”
Con el saludo
de la paz en lengua árabe, el Papa León XIV inició el primer discurso de su
extenso viaje apostólico a África, dirigido al pueblo de Argelia, precedido por
las palabras de bienvenida del cardenal Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel.
Unas 5 mil personas se reunieron en el Memorial construido por el arquitecto
canadiense Bruce Charles Abud, donde, en la cripta bajo las tres hojas, arde
una llama eterna.
León XIV llegó
allí alrededor de las 10:45, bajo un cielo plomizo y un fuerte viento. Un
ministro lo recibió al pie de la escalinata del Monumento, que el Papa recorrió
acompañado por dos oficiales superiores de la Guardia argelina. Llevaban en la
mano una corona de flores: es el homenaje del Pontífice a este pueblo que ha
luchado por la independencia, la dignidad y la soberanía de la nación. Se les
dedica un momento de silencio, tras la Guardia de Honor y la interpretación de
los himnos. El Papa y el ministro se dirigieron luego hacia el lado izquierdo
de la terraza para admirar la vista del puerto de Argel. Luego se trasladaron
al lado opuesto, donde una multitud de unas 5.000 personas esperaban el saludo
del Pontífice.
Sobre todo,
un hermano
Agradeciendo la
oportunidad de visitar el país “como Sucesor del apóstol Pedro, después de
haberlo hecho ya en dos ocasiones como hijo espiritual de san Agustín”, el
Papa, en su discurso,
subrayó que sobre todo, "quien viene ante ustedes es un hermano, feliz de
poder renovar, en este encuentro, los lazos de afecto que unen nuestros
corazones”.
El Santo Padre
elogió la “hospitalidad y fraternidad” de un “pueblo joven y fuerte”,
experimentada en repetidas ocasiones. Y remarcó cómo en el corazón argelino “la
amistad, la confianza y la solidaridad no son simples palabras, sino valores
importantes que dan calidez y fortaleza a la convivencia”.
A continuación,
se refirió a la larga historia y ricas tradiciones del país, que se
remontan a la época de san Agustín e incluso mucho antes de él. “Una historia
dolorosa, marcada incluso por períodos de violencia” - afirmó - que el pueblo
argelino superó con “valentía y honestidad”, gracias a la “nobleza de espíritu
que los caracteriza”. Detenerse ante este Monumento, añadió, “es un homenaje a
esa historia y al alma de un pueblo que ha luchado por la independencia, la
dignidad y la soberanía de esta nación”.
El Pontífice
señaló que en este lugar “recordamos que Dios desea la paz para cada país”, una
paz que “no es sólo ausencia de conflicto, sino expresión de justicia y de
dignidad”, y que “es posible solamente con el perdón”. La lucha verdadera por
la liberación – puntualizó –será ganada definitivamente sólo cuando la paz se
haya conquistado finalmente en los corazones. “Sé cuán difícil sea perdonar.
Sin embargo, mientras los conflictos se multiplican continuamente en todo el
mundo, no se puede añadir resentimiento al resentimiento, de generación en
generación”.
El futuro
pertenece a los hombres y a las mujeres de paz. Al final, la justicia triunfará
siempre sobre la injusticia, así como la violencia, más allá de toda
apariencia, no tendrá nunca la última palabra.
La fe en
Dios verdadera riqueza
León XIV se
refirió también al patrimonio único de historia, de cultura y de fe que posee
cada pueblo, observando que en Argelia “la fe en Dios ocupa un lugar central”.
Un pueblo
que ama a Dios posee la riqueza más verdadera, y el pueblo argelino guarda esta
joya en su tesoro. Nuestro mundo necesita este tipo de creyentes, hombres y
mujeres de fe, sedientos de justicia y de unidad. Por eso, ante una humanidad
anhelante de fraternidad y de reconciliación, es un gran don y un bendito
compromiso el declararnos con fuerza y ser siempre, juntos, hermanos entre
nosotros e hijos de Dios.
La verdadera
libertad se elige cada día
"¿De qué
le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?" preguntó el
Pontífice remitiéndose a un pasaje del Evangelio de Mateo (Mt 16,26),
y reflexionando sobre este, afirmó:
Es una
pregunta fundamental para todos a la que los difuntos que aquí se honran dieron
respuesta: perdieron la vida, pero en otro sentido, entregándola por amor a su
pueblo. Que su ejemplo sostenga al pueblo argelino y a todos nosotros en
nuestro camino, porque la verdadera libertad no sólo se hereda, sino que se
elige cada día.
Felices los que
trabajan por la paz
El Papa León
XIV concluyó repitiendo las palabras de Jesús a sus discípulos, a las que
llamamos Sermón de la montaña o Bienaventuranzas:
"Felices
los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de
los Cielos. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en
herencia. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los que
tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los
misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el
corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque
serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la
justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos" (Mt 5,3-10).
Fuente: Vatican News
