"Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio está la minoría de los ministros ordenados"
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El Miércoles
Santo, 1° de abril, el Papa continuó su ciclo de catequesis dedicado a la
Constitución conciliar Lumen Gentium, centrando su reflexión en el cuarto
capítulo sobre el papel de los laicos: “La Iglesia, está presente en todos los
lugares donde sus hijos profesan y testimonian el Evangelio: en los ambientes
de trabajo, en la sociedad civil y en todas las relaciones humanas, allá donde
ellos, con sus elecciones, muestran la belleza de la vida cristiana”.
"Los
laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. A su servicio
está la minoría de los ministros ordenados". Citando el pasaje de la
Exhortación apostólica Evangelii gaudium del Papa
Francisco, el Papa León XIV introdujo la reflexión de su catequesis del
Miércoles Santo, 1° de abril, centrada en el cuarto capítulo de la Constitución
dogmática Lumen Gentium, dedicado a los laicos. Ante unos 15
mil fieles, romanos y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro para
escuchar su reflexión y recibir su bendición apostólica, el Pontífice se detuvo
en esta sección del Documento conciliar que se preocupa de explicar “en
positivo la naturaleza y la misión de los laicos, después de siglos en
los que habían sido definidos simplemente como aquellos que no forman parte de
los clérigos o de los consagrados”. A continuación, el Papa Prevost,
quiso releer “un pasaje muy hermoso, que habla de la grandeza de la condición
cristiana”:
«Por tanto,
el Pueblo de Dios, por Él elegido, es uno: ‘un Señor, una fe, un bautismo’
(Ef 4,5). Es común la dignidad de los miembros, que deriva de su
regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación; común la llamada a la
perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad» (LG,
32).
La dignidad
y la libertad de los hijos de Dios
El Santo Padre
evidenció que “antes que cualquier diferencia de ministerio o de estado de
vida, el Concilio afirma la igualdad de todos los bautizados”. La Constitución
– añadió – no quiere que se olvide lo que ya había afirmado en el
capítulo sobre el pueblo de Dios, es decir que la condición del pueblo
mesiánico es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios (cfr LG,
9).
“Cuanto más
grande es el don, más grande también es el compromiso”, puntualizó el Papa León
y por esto el Concilio, junto con la dignidad, subraya también la misión de los
laicos en la Iglesia y en el mundo. Con el nombre de “laicos” - precisó - el
Concilio designa “a todos los fieles cristianos que, en cuanto incorporados al
Pueblo de Dios por el bautismo, son partícipes, a su modo, de la función
sacerdotal, profética y real de Cristo, ejerciendo en la Iglesia y en el mundo
la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde”.
La misión de
los laicos en la iglesia y el mundo
Junto con la
dignidad, siguió explicando León, el Concilio subrayó también la “misión de los
laicos en la Iglesia y en el mundo”, que “son partícipes, a su modo, de la
función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejerciendo en la Iglesia y en
el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos
corresponde”.
El pueblo
santo de Dios, por tanto, nunca es una masa informe, sino el cuerpo de Cristo
o, como decía Agustín, el Christus totus: es la comunidad orgánicamente
estructurada, en virtud de la relación fecunda entre sus formas de
participación al sacerdocio de Cristo: sacerdocio común de los fieles y
sacerdocio ministerial (cfr LG, 10). En virtud del Bautismo, los fieles laicos
participan al mismo sacerdocio de Cristo. De hecho, «Cristo Jesús, supremo y
eterno Sacerdote, quiere continuar su testimonio y su servicio por medio de los
laicos, los vivifica con su Espíritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena
y perfecta» (LG, 34).
En este
sentido, León XIV recordó a su predecesor, Juan Pablo II y su exhortación
apostólica Christifideles laici, en la subrayaba que el
Concilio dedicó páginas espléndidas “sobre la naturaleza, dignidad,
espiritualidad, misión y responsabilidad de los fieles laicos”.
Y los
Padres conciliares, haciendo eco al llamamiento de Cristo, han
convocado a todos los fieles laicos, hombres y mujeres, a trabajar en la viña.
Y explicó que
de este modo, su "venerado predecesor relanzaba el apostolado de los
laicos, a quienes el Concilio había dedicado un Documento específico, del que
hablaremos más adelante”.
El
apostolado laical
“El amplio
campo del apostolado laical no se limita al espacio de la Iglesia, sino que se
amplía al mundo”, dijo el Obispo de Roma, detallando que "la Iglesia, está
presente en todos los lugares donde sus hijos profesan y testimonian el
Evangelio: en los ambientes de trabajo, en la sociedad civil y en todas las
relaciones humanas, allá donde ellos, con sus elecciones, muestran la belleza
de la vida cristiana, que anticipa aquí y ahora la justicia y la paz que serán
plenas en el Reino de Dios". Y citando nuevamente la Constitución
Apostólica Lumen Gentium, afirmó:
El mundo
necesita que «se impregne del espíritu de Cristo y alcance su fin con mayor
eficacia en la justicia, en la caridad y en la paz». ¡Y esto es posible
solamente con la contribución, el servicio y el testimonio de los laicos!
Una Iglesia
“en salida” abierta a la misión
Es la
invitación a ser esa Iglesia “en salida” de la que nos ha hablado el Papa
Francisco, subrayó León XIV:
Una Iglesia
encarnada en la historia, siempre abierta a la misión, en la que todos estamos
llamados a ser discípulos-misioneros, apóstoles del Evangelio, testigos del
Reino de Dios, ¡portadores de la alegría del Cristo que hemos encontrado!
Fuente: Vatican News