SEMANA SANTA EN ESPAÑA: DE LA TRADICIÓN A LA FE

Procesiones y otras tradiciones en torno a la Pasión de Cristo convierten las calles de ciudades y pueblos de España en una oportunidad para creer más

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Procesiones, representaciones y tantas tradiciones llenan las calles de ciudades y pueblos españoles en Semana Santa. Las multitudes pueden distraer la atención, pero la fe, vivida en comunidad se hace grande. Lo afirma en la siguiente entrevista a Aleteia la profesora de Humanidades de la Universidad Abat Oliba Patricia Messa.

Aleteia: ¿Qué manifestaciones artísticas destacaría de la Semana Santa en España?

Patricia Messa: La riqueza artística de España es indiscutible, y durante este tiempo litúrgico es cuando más se puede apreciar. 

Si tuviéramos que destacar algunas de estas manifestaciones serían los pasos procesionales de Salzillo, o las procesiones que tienen lugar en distintos puntos del panorama nacional como las de Valladolid, especialmente la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor, la famosa Madrugá de Sevilla, la Procesión de las Capas Pardas de Zamora, el Traslado del Cristo de Mena en Málaga, la Procesión de las Turbas de Cuenca, declarada Interés Turístico Internacional, la Procesión del Cristo de Medinaceli de Madrid, o las Procesión de Las Palmas de Elche o la Procesión de los Gitanos de Granada. Muchas de ellas reconocidas como Bien de Interés Cultural Inmaterial. 

Igualmente, son de destacar los descendimientos románicos de la Vall de Boí; las representaciones teatrales de la Pasión, como la de Olesa de Montserrat o la de Chinchón;  la música como la Rompida de la Hora de Calanda o las saetas de las procesiones; u otras más curiosas como la danza de la muerte de Verges en Gerona, una danza que recuerda el memento mori medieval, la Trencà de perols en Valencia que acompaña el momento de la Resurrección rompiendo ollas y cacharros de barro en señal de alegría y júbilo o las recitaciones poéticas de Navaluenga, en Ávila donde se recitan pasajes de la Pasión. 

Tampoco podemos obviar la gastronomía como forma de arte, especialmente los postres típicos de esta Semana: torrijas, pestiños, buñuelos o ¡la mona de Pascua! Todas ellas expresiones y tradiciones artísticas de una gran riqueza religiosa y cultural que merece la pena custodiar. 

¿Cómo ayudan estas manifestaciones a aumentar la fe? 

Todos estos ejemplos nos ayudan a entrar en el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, porque para eso fueron creadas en su día. 

Es cierto que estas tradiciones se han vuelto más un evento popular y cultural que propiamente un hecho religioso. 

No obstante, si nos esforzamos por dejarnos tocar por el origen, por lo que se está queriendo significar, si buscamos el recogimiento interior, la unión con Jesús y la Virgen en estos momentos de dolor y sufrimiento, todas estas manifestaciones son un regalo para la fe, porque realmente te ayudan a entrar en las escenas de la Pasión como un personaje más. 

Igualmente, ver a otras personas de alrededor viviéndolo con fe, con un sentido comunitario de la misma, ayuda mucho porque te hace caer en la cuenta de lo que realmente se está viviendo allí, en cada paso de la procesión, en las representaciones de la Pasión, en tantas y tantas tradiciones que llenan las calles y casas de nuestro país. 

Dios ha querido hacerse cercano y ha querido vivir nuestra humanidad hasta las últimas consecuencias. Por eso, poder encarnar, en cierta manera, la Pasión, acompañarle en los pasos de las procesiones… es una gracia muy grande. 

¿Qué puntos fuertes tiene la religiosidad popular y cuáles más débiles?

En línea con lo anterior, ayuda a vivir la fe el hacerlo en comunidad, contemplar la sencillez y la grandeza de la piedad popular, porque la fe, vivida en comunidad se hace grande. 

Ya lo dijo Jesús: “Cuando dos o más estén reunidos en mi nombre, Yo estaré en medio de ellos” (Mt 18, 20). 

Por eso, es importante estar atentos a las generaciones que nos preceden, sobre todo a los abuelos, porque son los que mejor viven esta religiosidad popular y quienes más se esfuerzan por corresponder a tanto amor derramado por Dios con el cuidado de los Pasos, la búsqueda del recogimiento, las lágrimas derramadas, etc… 

Por eso, quizá en los pueblos sencillos de la mal conocida como “España vaciada” es donde más intensamente se puede vivir la Semana Santa. 

Es normal que las multitudes distraigan la atención, se dé pie a más fiesta y menos recogimiento. 

Por eso, la religiosidad popular, si se despoja de su verdadero significado, acaba tornándose tradición cultural, pero sin más significado que el de repetir un acto año sí y otro también, impidiendo que realmente te cale y te transforme por dentro. 

Es importante custodiar el verdadero significado de las tradiciones y, sin necesidad de hacer grandes disertaciones teológicas, “gustar internamente” del dolor de Cristo, pidiendo, como decía san Ignacio en sus Ejercicios “dolor con Cristo dolorido, quebranto con Cristo quebrantado, lágrimas, pena interna de tanta pena que Cristo pasó por mí" (EE, n.203). 

¿Qué artistas contemporáneos destacaría en arte sacro católico a nivel internacional en este momento? ¿Cuáles de sus obras relacionadas con la Semana Santa cree que ayudaría difundir?

Gracias a Dios, el arte sacro está volviendo a manar con fuerza entre artistas contemporáneos, siendo la fe y la vivencia litúrgica una de sus mayores preocupaciones y temas de interés. 

El arte sacro va más allá del arte religioso, es precisamente esa categoría donde no se trata la mera representación sino la participación del fiel en el culto. De manera que el arte está hecho para el culto, para su lugar en la liturgia. 

Como afirma el Catecismo, “el arte sacro es verdadero y bello cuando corresponde por su forma a su vocación propia: evocar y glorificar, en la fe y la adoración, el Misterio trascendente de Dios, Belleza supereminente e invisible de Verdad y de Amor, manifestado en Cristo” (CIC, 2502).

Los talleres de arte de Granada se esfuerzan por apostar por el arte sacro contemporáneo. También resuena con fuerza el escultor Javier Viver, el imaginero Manuel Martín Nieto, el también imaginero José María Ruiz Montes, el músico Lluís Meseguer, el pintor Kim En Joong, etc. 

Todos ellos se dedican con ahínco a servir a Dios mediante sus dones y talento artístico y muchos de ellos, con proyección internacional. 

Si hubiera que destacar alguna obra que ayudara a vivir la Semana Santa sería cualquiera de los imagineros citados, tales como Ruiz Montes, Martín Nieto, o Jesús María Romero, porque son los que más se han centrado en las imágenes de la Pasión y Muerte de Jesús. 

Sus esculturas acompañan nuevos pasos de las procesiones, o se sitúan en iglesias para acompañar la devoción popular. 

También sería oportuno destacar la exposición itinerante “The Mystery Man” dedicada a la Sábana Santa y con una fiel reproducción escultórica del hombre de allí enterrado. Una exposición que vale la pena visitar para imaginar lo que vivió Jesús en la Pasión. 

En definitiva, el arte “da forma a la verdad en un lenguaje accesible a los sentidos” (CIC, 2501). 

Esta definición encuentra su máxima expresión en el tiempo litúrgico de la Semana Santa, donde celebramos el corazón de la fe cristiana: la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús. 

El arte que se respira en Semana Santa difiere de otros momentos litúrgicos y motivos artísticos porque su fin es traslucir y desvelar el misterio, que el pueblo cristiano participe de él y lo encarne.

Así contemplando un paso de Semana Santa o una representación teatral de la Pasión, podemos entrar en la escena como un personaje más, como proponía san Ignacio en los Ejercicios Espirituales, y exclamar como san Pablo: “Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí”.

Patricia Navas

Fuente: Aleteia