Procesiones y otras tradiciones en torno a la Pasión de Cristo convierten las calles de ciudades y pueblos de España en una oportunidad para creer más
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| Shutterstock | Anquetil Anthony |
Procesiones,
representaciones y tantas tradiciones llenan las calles de ciudades y pueblos
españoles en Semana Santa. Las multitudes pueden distraer la atención, pero la
fe, vivida en comunidad se hace grande. Lo afirma en la siguiente entrevista a
Aleteia la profesora de Humanidades de la Universidad Abat
Oliba Patricia Messa.
Aleteia:
¿Qué manifestaciones artísticas destacaría de la Semana Santa en España?
Patricia Messa:
La riqueza artística de España es indiscutible, y durante este tiempo litúrgico
es cuando más se puede apreciar.
Si tuviéramos
que destacar algunas de estas manifestaciones serían los pasos procesionales de
Salzillo, o las procesiones que tienen lugar en distintos puntos del panorama
nacional como las de Valladolid, especialmente la Procesión General de la
Sagrada Pasión del Redentor, la famosa Madrugá de Sevilla, la Procesión de las
Capas Pardas de Zamora, el Traslado del Cristo de Mena en Málaga, la Procesión
de las Turbas de Cuenca, declarada Interés Turístico Internacional, la
Procesión del Cristo de Medinaceli de Madrid, o las Procesión de Las Palmas de
Elche o la Procesión de los Gitanos de Granada. Muchas de ellas reconocidas
como Bien de Interés Cultural Inmaterial.
Igualmente, son
de destacar los descendimientos románicos de la Vall de Boí; las
representaciones teatrales de la Pasión, como la de Olesa de Montserrat o la de
Chinchón; la música como la Rompida de la Hora de Calanda o las saetas de
las procesiones; u otras más curiosas como la danza de la muerte de Verges en
Gerona, una danza que recuerda el memento mori medieval, la
Trencà de perols en Valencia que acompaña el momento de la Resurrección
rompiendo ollas y cacharros de barro en señal de alegría y júbilo o las
recitaciones poéticas de Navaluenga, en Ávila donde se recitan pasajes de la
Pasión.
Tampoco podemos
obviar la gastronomía como forma de arte, especialmente los postres típicos de
esta Semana: torrijas, pestiños, buñuelos o ¡la mona de Pascua! Todas
ellas expresiones y tradiciones artísticas de una gran riqueza religiosa y
cultural que merece la pena custodiar.
¿Cómo ayudan
estas manifestaciones a aumentar la fe?
Todos estos
ejemplos nos ayudan a entrar en el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección
del Señor, porque para eso fueron creadas en su día.
Es cierto que
estas tradiciones se han vuelto más un evento popular y cultural que
propiamente un hecho religioso.
No obstante, si
nos esforzamos por dejarnos tocar por el origen, por lo que se está queriendo
significar, si buscamos el recogimiento interior, la unión con Jesús y la
Virgen en estos momentos de dolor y sufrimiento, todas estas manifestaciones
son un regalo para la fe, porque realmente te ayudan a entrar en las escenas de
la Pasión como un personaje más.
Igualmente, ver
a otras personas de alrededor viviéndolo con fe, con un sentido comunitario de
la misma, ayuda mucho porque te hace caer en la cuenta de lo que realmente se
está viviendo allí, en cada paso de la procesión, en las representaciones de la
Pasión, en tantas y tantas tradiciones que llenan las calles y casas de nuestro
país.
Dios ha querido
hacerse cercano y ha querido vivir nuestra humanidad hasta las últimas
consecuencias. Por eso, poder encarnar, en cierta manera, la Pasión,
acompañarle en los pasos de las procesiones… es una gracia muy grande.
¿Qué puntos
fuertes tiene la religiosidad popular y cuáles más débiles?
En línea con lo
anterior, ayuda a vivir la fe el hacerlo en comunidad, contemplar la sencillez
y la grandeza de la piedad popular, porque la fe, vivida en comunidad se hace
grande.
Ya lo dijo
Jesús: “Cuando dos o más estén reunidos en mi nombre, Yo estaré en medio de
ellos” (Mt 18, 20).
Por eso, es
importante estar atentos a las generaciones que nos preceden, sobre todo a los
abuelos, porque son los que mejor viven esta religiosidad popular y quienes más
se esfuerzan por corresponder a tanto amor derramado por Dios con el cuidado de
los Pasos, la búsqueda del recogimiento, las lágrimas derramadas, etc…
Por eso, quizá
en los pueblos sencillos de la mal conocida como “España vaciada” es donde más
intensamente se puede vivir la Semana Santa.
Es normal que
las multitudes distraigan la atención, se dé pie a más fiesta y menos
recogimiento.
Por eso, la
religiosidad popular, si se despoja de su verdadero significado, acaba
tornándose tradición cultural, pero sin más significado que el de repetir un
acto año sí y otro también, impidiendo que realmente te cale y te transforme
por dentro.
Es importante
custodiar el verdadero significado de las tradiciones y, sin necesidad de hacer
grandes disertaciones teológicas, “gustar internamente” del dolor de Cristo,
pidiendo, como decía san Ignacio en sus Ejercicios “dolor con Cristo dolorido,
quebranto con Cristo quebrantado, lágrimas, pena interna de tanta pena que
Cristo pasó por mí" (EE, n.203).
¿Qué
artistas contemporáneos destacaría en arte sacro católico a nivel internacional
en este momento? ¿Cuáles de sus obras relacionadas con la Semana Santa cree que
ayudaría difundir?
Gracias a Dios,
el arte sacro está volviendo a manar con fuerza entre artistas contemporáneos,
siendo la fe y la vivencia litúrgica una de sus mayores preocupaciones y temas
de interés.
El arte sacro
va más allá del arte religioso, es precisamente esa categoría donde no se trata
la mera representación sino la participación del fiel en el culto. De manera
que el arte está hecho para el culto, para su lugar en la liturgia.
Como afirma el
Catecismo, “el arte sacro es verdadero y bello cuando corresponde por su forma
a su vocación propia: evocar y glorificar, en la fe y la adoración, el Misterio
trascendente de Dios, Belleza supereminente e invisible de Verdad y de Amor,
manifestado en Cristo” (CIC, 2502).
Los talleres de
arte de Granada se esfuerzan por apostar por el arte sacro contemporáneo.
También resuena con fuerza el escultor Javier Viver, el
imaginero Manuel Martín Nieto, el también imaginero José María Ruiz Montes, el
músico Lluís Meseguer, el pintor Kim En Joong, etc.
Todos ellos se
dedican con ahínco a servir a Dios mediante sus dones y talento artístico y
muchos de ellos, con proyección internacional.
Si hubiera que
destacar alguna obra que ayudara a vivir la Semana Santa sería cualquiera de
los imagineros citados, tales como Ruiz Montes, Martín Nieto, o Jesús María
Romero, porque son los que más se han centrado en las imágenes de la Pasión y
Muerte de Jesús.
Sus esculturas
acompañan nuevos pasos de las procesiones, o se sitúan en iglesias para
acompañar la devoción popular.
También sería
oportuno destacar la exposición itinerante “The Mystery Man” dedicada a la
Sábana Santa y con una fiel reproducción escultórica del hombre de allí
enterrado. Una exposición que vale la pena visitar para imaginar lo que vivió
Jesús en la Pasión.
En definitiva,
el arte “da forma a la verdad en un lenguaje accesible a los sentidos” (CIC,
2501).
Esta definición
encuentra su máxima expresión en el tiempo litúrgico de la Semana Santa, donde
celebramos el corazón de la fe cristiana: la Pasión, muerte y Resurrección de
Jesús.
El arte que se
respira en Semana Santa difiere de otros momentos litúrgicos y motivos
artísticos porque su fin es traslucir y desvelar el misterio, que el pueblo
cristiano participe de él y lo encarne.
Así
contemplando un paso de Semana Santa o una representación teatral de la Pasión,
podemos entrar en la escena como un personaje más, como proponía san Ignacio en
los Ejercicios Espirituales, y exclamar como san Pablo:
“Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí”.
Patricia Navas
Fuente: Aleteia
