COMENTARIO AL EVANGELIO DE NUESTRO OBISPO D. JESÚS VIDAL: "EL ANUNCIO DE UNA VICTORIA"

¿Es posible que un muerto vuelva a la vida? Muchas veces me he hecho esta pregunta cuando he asistido a un tanatorio a rezar por un difunto.

Resurrección de Lázaro. Dominio público

En la mente de los familiares y amigos de la persona fallecida, se acumulan un montón de preguntas y posibilidades: ¿podría haber hecho algo para evitar esto? ¿qué hubiera querido decirle y no tuve tiempo o no me atreví? Y no digamos ya, si la muerte llega dejando heridas abiertas, rupturas o males sin perdonar o por los que desearíamos haber pedido perdón. 

La respuesta parece ser el vacío y la nada más absoluta. La experiencia de la muerte es un punto final, algo de lo que ya no hay vuelta atrás. Como nos dice el refranero, “mientras hay vida, hay esperanza”. Pero, cuando no hay vida, ¿qué podemos hacer?

La vida de Jesús fue igual que la de todos nosotros. También él probó el dolor por la muerte de familiares y amigos, de personas cercanas. Mucho se ha escrito, por ejemplo, sobre la muerte de José, su padre custodio, y cómo Jesús le pudo acompañar en esos momentos, haciendo de él patrón de la buena muerte.

Pero de entre todas las muertes que vivió hay una que nos impacta especialmente: la de Lázaro. Desde el momento en el que le comunican que está muy enfermo, Jesús entiende que esta va a ser distinta. Deja pasar un par de días y presiente en su corazón roto la muerte del amigo. Es entonces cuando se pone en camino. Al llegar a Betania, Lázaro lleva cuatro días muerto. La casa que había sido para él lugar de descanso y alegría se encuentra envuelta en tristeza y luto. Como en los tanatorios, cuando muere alguien querido por muchos, la casa estaba llena de gente que había venido a acompañar a sus hermanas, Marta y María, rotas de dolor.

¿Qué se puede decir en un tanatorio? En una ocasión escuché a un sacerdote en el funeral de su madre, que estaba agradecido por las fórmulas hechas para dar el pésame y acompañar en el sentimiento. Porque realmente ante la muerte no podemos decir nada. Sólo presencia, silencio y lágrimas.

Por eso, las palabras de Jesús rompen lo establecido y suenan extrañas: «Tú hermano resucitará», dice a Marta cuando esta desahoga su impotencia a los pies de Jesús. Parece una broma de mal gusto, pero la siguiente confesión, ante la confusión de Marta, es aún más sorprendente: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». ¿Es de verdad la fe en Jesús un antídoto contra la muerte?

Aún queda la otra hermana, María, por llegar. Ante ella, que también se derrumba a los pies del Señor, Jesús se estremece ante el misterio de la muerte. Con un escalofrío, se le remueven las entrañas. Sabe a lo que ha venido y pide que le lleven al sepulcro y que retiren la losa. Marta no entiende aún con quien está y piensa que Jesús quiere ver a su amigo muerto. 

Pero Jesús no le quiere muerto, sino vivo. Tras elevar mirada y palabras al Padre, Jesús grita: «Lázaro, sal afuera». ¿Qué pensaríamos si alguien en un tanatorio o cementerio se atreve a decir algo semejante? Y aún más. ¿Y si el que estaba muerto empieza a moverse y se pone en pie? Jesús pide a Lázaro que salga del sepulcro y se dispone a entrar él. En ese momento, los jefes del pueblo decidieron que Jesús debía morir cuanto antes.

Lázaro volvió a la vida. Aquel que le devolvió la vida anunció así que la muerte no tenía la última palabra. Nos mostró que había uno, él, que tenía poder sobre ella, para destruir sus cadenas, aparentemente indestructibles. Pero Lázaro resucitó para volver a esta vida y esperar de nuevo la muerte. La muerte, por tanto, reinó de nuevo sobre él. Pero Jesús es la resurrección y la vida. Este hecho anuncia que aquel que había resucitado a Lázaro debía aún entrar él mismo en el sepulcro y abrirnos camino a una victoria definitiva en la que la muerte ya no tenga lugar. Dentro de quince días podremos experimentarlo…

+ Jesús Vidal 

Obispo de Segovia

Fuente: Diócesis de Segovia