A medida que el tiempo avanza, el matrimonio se vuelve rutina y, poco a poco, se va olvidando. Estas son las actitudes que llevan al divorcio espiritual
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| Miljan Zivkovic | Shutterstock |
El
divorcio no siempre comienza con papeles legales ni con una separación visible. A veces inicia de
manera silenciosa, casi imperceptible, en lo cotidiano. Es lo que muchos
llaman divorcio espiritual: ese distanciamiento progresivo que se
gesta cuando el matrimonio, absorbido por la rutina, las responsabilidades y el
cansancio, va dejando de lado los espacios compartidos que antes daban sentido
y unidad a la relación.
Poco a poco se
deja de orar juntos, se abandonan las actividades en común -incluida la
participación en la vida sacramental- y la intimidad se debilita, incluso
hasta el punto de ya no compartir la misma cama. No hay gritos ni rupturas
abruptas, pero sí un enfriamiento del vínculo conyugal que,
sin darse cuenta, va separando los corazones mucho antes de separar los
caminos.
Crisis
matrimonial vs separación espiritual
La psicóloga Rocío Zárate, compartió para Aleteia que una
"crisis se nota; la separación espiritual se siente en el alma".
Mientras que
una crisis en el matrimonio "suele manifestarse en conflictos visibles,
como discusiones, problemas económicos, dificultades con los hijos o
desacuerdos cotidianos. Aunque hay tensión, aún puede existir diálogo, afecto y
deseo de solucionar los problemas", explicó Rocío.
Sin embargo,
cuando los esposos caen en un desierto espiritual, se puede distinguir por ser
"más silenciosa y profunda. Puede no haber peleas, pero sí distancia
interior. Dios deja de ser el punto de encuentro y la pareja camina en
direcciones distintas en lo espiritual, aunque sigan viviendo juntos".
Señales de
un enfriamiento espiritual en el matrimonio
Existen algunas
causantes que conducen al deterioro de un matrimonio. La especialista Rocío
Zárate describió algunos comportamientos que provocan un "divorcio
espiritual", tales como:
- Falta de comunicación profunda,
especialmente sobre la fe, los valores y el sentido de vida.
- Rutina y activismo excesivo: trabajo, hijos
y preocupaciones que dejan poco espacio para Dios y para el otro.
- Descuidar la oración personal y en pareja,
lo que debilita la vida espiritual compartida.
- Heridas no sanadas: resentimientos, ofensas
o falta de perdón
- Individualismo espiritual: cada uno vive su
fe por separado, sin caminar juntos.
- Pérdida del sentido sacramental del matrimonio,
olvidando que Dios es el centro de la relación.
Medidas para
evitar caer en un divorcio espiritual y mental
Estas son
algunas acciones concretas que propone nuestra especialista para implementar en
tu matrimonio y evitar este distanciamiento.
- Volver a poner a Dios en el centro del
matrimonio, no como tema secundario.
- Orar juntos, aunque sea brevemente: una
oración al día puede cambiar mucho.
- Dialogar desde el corazón, sin juicios,
escuchando con respeto de corazón a corazón.
- Sanar las heridas a través del perdón
y, si es necesario, con ayuda espiritual.
- Participar en la vida sacramental y en
comunidades matrimoniales o eclesiales.
- Recordar el sentido de la vocación matrimonial:
no caminar solos, sino como alianza bendecida por Dios.
El matrimonio
es como una planta que debe ser regada a diario para que crezca y así como las
flores buscan al sol que les da vida y nutrientes, de la misma manera Dios debe
ser esa fuente de luz y esperanza renueva al matrimonio.
Karen Hutch
Fuente: Aleteia
