DIVORCIO ESPIRITUAL: CUANDO UN MATRIMONIO SE OLVIDA

A medida que el tiempo avanza, el matrimonio se vuelve rutina y, poco a poco, se va olvidando. Estas son las actitudes que llevan al divorcio espiritual

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El divorcio no siempre comienza con papeles legales ni con una separación visible. A veces inicia de manera silenciosa, casi imperceptible, en lo cotidiano. Es lo que muchos llaman divorcio espiritual: ese distanciamiento progresivo que se gesta cuando el matrimonio, absorbido por la rutina, las responsabilidades y el cansancio, va dejando de lado los espacios compartidos que antes daban sentido y unidad a la relación. 

Poco a poco se deja de orar juntos, se abandonan las actividades en común -incluida la participación en la vida sacramental-  y la intimidad se debilita, incluso hasta el punto de ya no compartir la misma cama. No hay gritos ni rupturas abruptas, pero sí un enfriamiento del vínculo conyugal que, sin darse cuenta, va separando los corazones mucho antes de separar los caminos.

Crisis matrimonial vs separación espiritual

La psicóloga Rocío Zárate, compartió para Aleteia que una "crisis se nota; la separación espiritual se siente en el alma".

Mientras que una crisis en el matrimonio "suele manifestarse en conflictos visibles, como discusiones, problemas económicos, dificultades con los hijos o desacuerdos cotidianos. Aunque hay tensión, aún puede existir diálogo, afecto y deseo de solucionar los problemas", explicó Rocío. 

Sin embargo, cuando los esposos caen en un desierto espiritual, se puede distinguir por ser "más silenciosa y profunda. Puede no haber peleas, pero sí distancia interior. Dios deja de ser el punto de encuentro y la pareja camina en direcciones distintas en lo espiritual, aunque sigan viviendo juntos".

Señales de un enfriamiento espiritual en el matrimonio

Existen algunas causantes que conducen al deterioro de un matrimonio. La especialista Rocío Zárate describió algunos comportamientos que provocan un "divorcio espiritual", tales como:

  • Falta de comunicación profunda, especialmente sobre la fe, los valores y el sentido de vida.
  • Rutina y activismo excesivo: trabajo, hijos y preocupaciones que dejan poco espacio para Dios y para el otro.
  • Descuidar la oración personal y en pareja, lo que debilita la vida espiritual compartida.
  • Heridas no sanadas: resentimientos, ofensas o falta de perdón
  • Individualismo espiritual: cada uno vive su fe por separado, sin caminar juntos.
  • Pérdida del sentido sacramental del matrimonio, olvidando que Dios es el centro de la relación.

Medidas para evitar caer en un divorcio espiritual y mental

Estas son algunas acciones concretas que propone nuestra especialista para implementar en tu matrimonio y evitar este distanciamiento. 

  • Volver a poner a Dios en el centro del matrimonio, no como tema secundario.
  • Orar juntos, aunque sea brevemente: una oración al día puede cambiar mucho.
  • Dialogar desde el corazón, sin juicios, escuchando con respeto de corazón a corazón.
  • Sanar las heridas a través del perdón y, si es necesario, con ayuda espiritual.
  • Participar en la vida sacramental y en comunidades matrimoniales o eclesiales.
  • Recordar el sentido de la vocación matrimonial: no caminar solos, sino como alianza bendecida por Dios.

El matrimonio es como una planta que debe ser regada a diario para que crezca y así como las flores buscan al sol que les da vida y nutrientes, de la misma manera Dios debe ser esa fuente de luz y esperanza renueva al matrimonio. 

Karen Hutch 

Fuente: Aleteia