¿POR QUÉ LA IGLESIA SIGUE RECONOCIENDO LA SANTIDAD?

Iniciar un proceso de canonización para reconocer la santidad de una persona es motivo de alegría en la Iglesia, pero ¿por qué se sigue haciendo?

Zvonimir Atletic

Hablar de santidad puede parecer anacrónico y pasado de moda. Por supuesto, quien así piensa ignora por completo que Dios nos ha creado para Él y quiere que volvamos a Él. Por eso, la Iglesia sigue reconociendo formalmente a quienes viven ya en la gloria mediante la canonización.

Jesús nos ha justificado

El cristiano medianamente formado sabe que nuestro Señor Jesucristo nos ha ganado la salvación y que ha vencido a la muerte, obteniendo para nosotros lo que de ninguna manera alcanzaríamos por nuestras propias fuerzas. Por eso, quienes han vivido en grado heroico su cristianismo son nombrados "santos".

Para poder darles ese título, debe realizarse un proceso de canonización, es decir, una investigación profunda de la vida del Siervo de Dios - primer título concedido al candidato a santo - y luego de que se compruebe que ya está en el cielo por medio de un milagro, se procede a la beatificación y luego a la canonización.

Aquí cabe destacar que todos somos llamados a ser santos, pero especialmente, los cristianos bautizados que hemos sido justificados y recibimos la gracia santificante, regalo de Dios para nosotros, como leemos en el Catecismo de la Iglesia católica:

 La gracia santificante es el don gratuito que Dios nos hace de su vida, infundida por el Espíritu Santo en nuestra alma para curarla del pecado y santificarla (CEC. 2025)

No es por nuestros méritos

Ahora bien, es necesario entender que las buenas obras que realizamos en nombre de Dios y que nos ayudan a perfeccionarnos no son producto de nuestra bondad, sino de la de Dios que quiere relacionarnos con Él. El Catecismo dice al respecto:

El hombre no tiene, por sí mismo, mérito ante Dios sino como consecuencia del libre designio divino de asociarlo a la obra de su gracia. El mérito pertenece a la gracia de Dios en primer lugar, y a la colaboración del hombre en segundo lugar. El mérito del hombre retorna a Dios (CEC 2025)

Sin embargo, sí toma en cuenta que usamos nuestra libertad para colaborar con Él. Por eso, para animarnos a perseverar en la fe y apuntalar que sí vale la pena, incluso el sacrificio de la propia vida, por Cristo es que la Iglesia canoniza a personas como nosotros, que nos dan ejemplo de que se puede alcanzar el cielo, aun sin hacer grandes milagros o tener vidas prodigiosas.

Entender que también en el silencio, la humildad y la cotidianidad se hacen los santos. Ojalá nos propongamos leer sus vidas para que su ejemplo nos motive a perseverar en la santidad.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia