Una mirada a las normas litúrgicas plantea la pregunta: ¿deben hacer las lecturas aquellos que recibirán sacramentos como la Primera Comunión o la Confirmación?
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| Katarzyna Ledwon |
Las
celebraciones litúrgicas de los sacramentos que marcan la vida de los
católicos, como la Primera Comunión, la Confirmación o el Matrimonio son momentos de profunda
unión con Cristo. Sin embargo, hay una regla de "buen sentido
pastoral" que a menudo pasa desapercibida: aquellos que son el centro de
la celebración no deben hacer las lecturas de la Palabra de Dios.
Pero a todos
nos parece bonito cuando un niño que hace la Primera Comunión realiza la
lectura en ese día tan importante; o cuando uno de los jóvenes que recibe el
Sacramento de la Confirmación proclama la lectura; o incluso cuando uno de los
novios, durante la celebración del matrimonio, con emoción, pronuncia una
lectura bíblica.
Ciertamente,
esto no es un problema, ni algo malo, pero la fe en la Iglesia se nutre de la
escucha de la Palabra de Dios. De este modo, quien está en el centro de la
celebración de un sacramento debe ser, ante todo, "más oyente de la
Palabra que su lector".
La unión con
Cristo
La razón
principal de esta recomendación es garantizar que los fieles vivan el
sacramento en toda su plenitud. Lo más importante para quienes van a recibir la
Primera Comunión o celebrar otro sacramento es hacerlo "en profunda unión
con Cristo".
Además, la
recomendación tiene como objetivo proteger la serenidad y la concentración de
los celebrantes. "Las responsabilidades casi siempre traen consigo cierta
o mucha agitación interior y exterior. Si es posible evitarla, tanto
mejor", afirma una orientación de la Iglesia católica en Portugal.
Los niños de la
Primera Comunión, los adolescentes de la Confirmación o las parejas jóvenes
tienen mucho que ganar si están serenos, por lo que cuantos menos servicios
litúrgicos tengan que realizar, mejor.
Esta
orientación se refleja en las normas generales de la Iglesia, que insisten en
la distinción de funciones en la misa. El Misal Romano determina que, en la
celebración:
"Todos,
ministros ordenados o fieles cristianos laicos, al desempeñar su función u
oficio, hagan todo y solo lo que les compete" (IGMR 91).
Los lectores
deben ser otras personas
Leer la Palabra de Dios en una celebración es muy importante,
emocionante y significativo. Pero escuchar la Palabra también debe ser
importante. A pesar de la regla general, no es necesario ser rígido. En
cuestiones litúrgicas, es necesario tener discernimiento. Puede haber
excepciones válidas que justifiquen la participación en el púlpito.
Es importante
tener equilibrio y saber que la vida está por encima de las normas, pero que
estas sirven para favorecer el orden de la vida.
En resumen, los
niños de la Primera Comunión pueden realizar las lecturas, al igual que los
novios y los confirmandos, pero no debe considerarse "obligatorio"
que sean ellos, porque en casi todas las iglesias existen lectores preparados
que pertenecen al equipo de liturgia. Además, lo más importante para ellos en
esa celebración es el sacramento que reciben.
Paulo Teixeira
Fuente: Aleteia
