LA CRUZ DEL VALLE DE LOS CAÍDOS: ¿RECONCILIACIÓN U ODIO?

Alberto Bárcena, historiador y autor de 'Los presos del Valle de los Caídos', denuncia la 'resignificación' del monumento como un intento de promover el odio y la división en España

Foto: documental de Terra Ignota., Youtube

En un momento en que la polémica sobre el Valle de los Caídos vuelve a estar en el centro de la actualidad, el historiador y autor Alberto Bárcena nos ofrece una visión profunda y documentada sobre la historia y el significado de este monumento. 

En esta entrevista, Bárcena denuncia la "resignificación" del Valle de los Caídos como un intento de promover el odio y la división en España, y defiende su significado espiritual como un lugar de reconciliación y perdón.

-¿Cómo se puede entender la "resignificación" del Valle de los Caídos como una oportunidad para la Iglesia Católica de promover la reconciliación y el perdón, en línea con el mensaje de amor y misericordia de Jesús?

-La llamada resignificación del Valle de los Caídos no puede entenderse en modo alguno como una oportunidad para la Iglesia de "promover la reconciliación y el perdón en línea con el mensaje de Jesucristo", respondiendo literalmente a su pregunta. Y no puede porque lo que busca este Gobierno con esta operación, por mucha hipocresía y disimulo que derroche, es precisamente lo contrario.

»Además, parece un contrasentido, ya que quien buscaba la reconciliación inaugurando el monumento fue precisamente Franco; solamente es necesario leer el decreto-ley de 23 de agosto de 1957 firmado por quien era el Jefe del Estado entonces al crear la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, la que ahora los socialistas, después de haber negado su existencia desde Zapatero en adelante, pretenden disolver: "Este ha de ser en consecuencia, el Monumento a todos los caídos, sobre cuyo sacrificio triunfen los brazos pacificadores de la Cruz".

»Ahí sí que se apreciaba el espíritu de misericordia de Jesucristo. El proyecto de Sánchez solo destila odio; la Iglesia no puede convertir ese vil sentimiento en misericordia cristiana. Y ese espíritu fue reconocido en su día en todo el mundo: en abril de 1959 el New York Times explicaba a sus lectores: "Ante una muchedumbre de entusiastas, formada por más de cuarenta mil personas [...] el general Franco ofreció el ramo de olivo de la paz a los millones de españoles que entre 1936 y 1939 lucharon al lado del bando republicano vencido".

»Es realmente esperpéntico que lo que se conocía entonces universalmente deba ser rescatado de las hemerotecas a causa de la tenaz propaganda social-comunista autora de la actual leyenda negra, ya establecida, contra nuestra propia historia desde dentro.

-El proyecto 'La base y la cruz' busca mantener la cruz como un símbolo de fe, pero ¿no se corre el riesgo de que su significado se pierda en un contexto de reinterpretación política y histórica? ¿Cómo se puede asegurar que la cruz siga siendo un símbolo de esperanza y redención para los católicos?

-Lo primero que resulta más que dudoso es el futuro de esa Cruz, la más alta del mundo; no puede descartarse que sea utilizada como reclamo publicitario, o sufra una conveniente mutilación que la convierta en un masónico obelisco, si es que no resulta destruida finalmente. Resulta difícil empezar a creer ahora en la palabra de Sánchez. Siempre estaremos expuestos a uno de sus frecuentes "cambios de opinión".

-La Iglesia Católica ha enseñado que los monumentos y lugares de culto deben ser respetados y preservados. ¿Cómo se puede justificar la modificación del Valle de los Caídos, un lugar de gran significado espiritual para muchos católicos, en nombre de la "memoria democrática"?

-No se puede justificar de ninguna manera. Es una profanación, lisa y llanamente. Se ha comentado muy poco, por cierto, el hecho de que un Gobierno, supuestamente democrático, haya cometido el atropello de expulsar a un prior de la abadía que administraba por el simple hecho de encontrarle "incómodo". Y verle así solamente por tratar de defender, conforme al derecho internacional, su jurisdicción sobre ese lugar sagrado.

»Cabe preguntarse si ese no habrá sido el primer paso del actual frente popular para proceder a la derogación de los Acuerdos Iglesia-Estado, si es que no acaba el mismo Gobierno considerándolos implícitamente derogados.

»Podemos encontrar el precedente más cercano en las expulsiones del obispo de Vitoria, Mons. Múgica, y del Cardenal Segura, Primado de España, que también resultaban incómodos a otro Gobierno republicano. Aquello ocurría en 1931, y el final de aquel régimen es de todos conocido: el gran holocausto católico de 1936, con más de 6.000 sacerdotes y religiosos asesinados en la zona republicana. Unos cuantos, enterrados, por cierto, en el Valle de los Caídos, como tres de las monjas salesas del monasterio de la Visitación de Madrid.

-¿Qué papel puede jugar la Iglesia Católica en la promoción de la reconciliación y la justicia en España, a través de su presencia en el Valle de los Caídos? ¿Cómo puede la Iglesia contribuir a que este lugar sea un espacio de encuentro y diálogo para todos los españoles?

-Para que el Valle no empezara a ser, sino que siguiera siendo lugar de encuentro para todos los hombres de buena voluntad, españoles o no: la Iglesia solo debía asegurarse de que se garantizara la continuidad del culto en la basílica, y de que los fieles o visitantes que quieran acceder al lugar sagrado no tengan que atravesar un perturbador museo de los horrores que condene ante la historia y todo desinformado que llegue hasta allí al fundador del monumento; elevado al rango de Basílica por Juan XXIII, el mismo Papa que convocó el Concilio Vaticano II, que dio paso a la llamada "Iglesia del Diálogo", aparte de regalar a esa abadía el lignum crucis que allí se conserva.

»Ese fundador, convertido en monstruo por el progresismo internacional, liderado por sus socios españoles; parecen olvidar los católicos, clérigos y seglares, que el Papa anterior, Pío XIIcondecoró a dicho jefe del Estado español con la Orden de Cristo, además de firmar con él el concordato que, por obra y gracia del 78, tuvo que transformarse en los actuales Acuerdos ahora en precario.

-La cruz es un símbolo central de la fe cristiana, pero también ha sido utilizada como símbolo de poder y opresión en el pasado. ¿Cómo se puede entender la cruz en el Valle de los Caídos como un símbolo de amor y redención, en lugar de un símbolo de división y dolor?

-No es aceptable, sino ofensivo y falso además, afirmar gratuitamente que la Cruz se haya utilizado nunca como símbolo de opresión, división y dolor. No es otra cosa que apoyar el relato oficial de la coalición republicano-masónica, socialista, comunista y separatista que trabaja activamente, ante la débil resistencia,. o el apoyo coyuntural de sus adversarios políticos, por la destrucción de la Nación española desde hace siglos.

»Ese fue el acertado diagnóstico que Alfonso XIII trasladó a Julián Cortés Cavanillas, lamentando el advenimiento de la Segunda República, que no respondió, siguió diciendo el Rey destronado, a un sentimiento verdaderamente nacional, sino a la conjunción de esas mismas fuerzas. Con el trágico balance que no es necesario detallar.

»Una de las peticiones que desde hace décadas elevan los benedictinos a la Divina Providencia es precisamente que aquello no vuelva a suceder. Y confío en que así sea realmente; no solo por mi confianza en la eficacia de la oración, sino también porque ya puede apreciarse que entre las nuevas generaciones de españoles, tan marginadas, cada día son más los que rechazan el relato sanchista.

Luis Javier Moxó Soto

Fuente: ReligiónenLibertad