COMENTARIO AL EVANGELIO DE NUESTRO OBISPO D. JESÚS VIDAL: "DEL FINAL AL PRINCIPIO"

Con la semana comercial del llamado Black Friday se han iniciado los preparativos para la Navidad, de la misma forma que en el nuevo año nos cargaremos de propósitos y programaciones.
Dominio público

Compraremos, comeremos, beberemos, nos reuniremos con muchas personas… Y prácticamente dentro de un mes iniciaremos un nuevo año. La Iglesia se adelanta un poco a ese inicio con un tiempo al que llamamos adviento, es decir “venida”.

Y en ella comienza hablándonos del final de los tiempos. Parece un poco aguafiestas. ¿Justo cuando empezamos, se nos habla del final? No es extraño que pensemos que la Iglesia va muchas veces a contrapié… Pero hemos de reconocer que sólo desde el final entendemos una historia. Y lo mismo pasa con la vida.

Para hablar de este final a sus discípulos, Jesús toma la historia de Noé. En la prehistoria de la salvación, se nos narra cómo los hombres vivían como si nada, pensando que su vida duraría para siempre, hasta que sucedió un cataclismo. Sólo Noé y los que entraron con él en la barca se salvaron, pudieron ser elevados por encima del agua. Así, también Jesús nos enseña que la historia, que nos parece ilimitada, tendrá un fin y no sabemos cuándo será. Pero tenemos seguro que nosotros participaremos de ese final, es decir, que será un final para toda la humanidad y para cada uno de nosotros.

Por eso nos exhorta a que estemos preparados, como Noé, para entrar en la barca y ser elevados. Utilizamos la misma palabra para designar la barca que construyó Noé y el cofre que construyó Moisés para guardar las tablas de la Alianza que Dios había sellado con su pueblo en el Sinaí: Arca. Debemos estar preparados para entrar en el arca, es decir, en el lugar de la alianza con Dios. Este lugar de la Alianza lo encontramos en la Iglesia como Pueblo que camina entre los pueblos.

Y ¿cómo disponernos a esta espera? Jesús presenta dos aspectos que nos ayudan a preparar nuestro corazón. El primero es que deberemos dejarnos llevar, es decir, que requerirá nuestra colaboración. «En aquel momento —dice el Maestro en su enseñanza— dos hombres estarán en el campo, dos mujeres estarán en el molino… y uno será tomado y otro quedará». Con esto nos enseña, que dos que vivan en semejantes circunstancias externas, vivirán una relación distinta con este acontecimiento definitivo.

El verbo “ser tomado”, es utilizado varias veces en el evangelio según san Mateo y es muy significativo el contexto: es utilizado para hablar de cómo José tomó a María como esposa y, a ella y al niño, para huir a Egipto; y es utilizado para hablar de cómo Jesús tomó consigo a los apóstoles. Pero también es utilizado para describir cómo Jesús es llevado por el diablo al templo o al monte para ser tentado o cómo los soldados lo conducen preso al pretorio para ser juzgado. Jesús sólo puede ser conducido porque se deja conducir, no se resiste a ser llevado. En todos estos casos, por tanto, este “ser tomado”, implica un acto de libertad por el que se es llevado y la aceptación de un camino que corresponde con la historia de la salvación.

El segundo aspecto es el de quien espera en vela para defender lo más amado. El ejemplo que nos da Jesús es el de un hombre que defiende su casa, es decir, su familia y sus bienes, atento a que pueda venir un asaltante a quitárselos. Esto nos lleva a la pregunta ¿qué es lo más amado para mí? En muchas ocasiones pensamos que Dios es un ladrón que viene a quitarnos lo más amado y tratamos de defendernos o de ocultarnos para que pase de largo.

Pero no nos damos cuenta de que nada de lo que tenemos tiene consistencia sin él. Jesús se presenta como ladrón para aquellos que viven sólo para sí mismos, hasta que se dan cuenta de que el tesoro que protegían se desvanece entre sus manos. Sin embargo, Jesús viene a nosotros como salvador, precisamente para dar sentido y consistencia a todo lo bello y hermoso que vivimos en esta vida.

  + Jesús Vidal 

Obispo de Segovia

Fuente: Diócesis de Segovia