El obispo de Ajaccio (Córcega) fue creado purpurado en el año 2023 por Francisco, que realizó su último viaje apostólico a su diócesis
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CNS. Lola Gómez |
—Han terminado los novendiales por el papa Francisco y la Iglesia
ya está mirando al cónclave, pero quería preguntarle, en primer lugar, por el
legado de Francisco. ¿Cuál es su herencia?
—Nos deja la experiencia de la libertad. Era un hombre libre. Y la experiencia
de responsabilidad, porque la libertad no es hacer lo que uno quiere, sino lo
que es justo y está bien. Otro punto importante es que ha humanizado la
Iglesia, sin banalizarla. Muchos la veían distante, protocolaria, fría,
técnica… pero él ha creado puentes. Es significativo que el Domingo de Pascua,
antes de morir, se mezclase entre la gente, entre el pueblo. Es un gesto muy
potente de humanidad.
—Su relación con Francisco fue especial. Además de crearle obispo
y cardenal, regaló uno de sus libros a los sacerdotes…
—Tengo muchas cosas en mi memoria personal. Como dices, me nombró obispo,
cardenal… Cambió mi vida. Yo estaba en mi convento, con mis franciscanos, y de
repente te nombran obispo, y todo cambia. Y luego vino a visitar mi diócesis.
Son momentos importantes que uno no puede olvidar, no solo por una cuestión
afectiva, sino también eclesial. A Francisco le debo mucho por la confianza que
puso en mí.
—¿Cómo está viviendo estos días?
—Lo que estamos haciendo con las congregaciones generales es escuchar. Es
importante para cualquier ser humano, pero, sobre todo, para un responsable de
la Iglesia. Si escuchas, conoces, comprendes, puedes discernir y, al final,
decidir. Estos días son para sacar antenas y captar lo que hay en el entorno,
las personalidades, la visión que los cardenales tienen de la Iglesia. Estamos
en una fase de análisis. Durante el cónclave, será el momento de la síntesis,
es decir, para buscar qué persona puede encarnar todo lo que hemos dicho sobre
la Iglesia y su futuro.
—En las congregaciones generales se habla de diversos temas,
¿cuáles son las principales preocupaciones?
—Hay un primer punto en la tarea de un pontífice que, como su mismo nombre
indica, es la de crear puentes, lazos dentro y fuera de la Iglesia. Esto
también es misión. Hay muchos retos dentro y fuera y todos ellos son misión.
Hace 60 años, había hostilidad por parte de mucha gente hacia la Iglesia; hoy
hay ignorancia y curiosidad. Esto es interesante, porque muchos jóvenes son
vírgenes desde el punto de vista religioso. No conocen la Iglesia ni a Jesús y
hablar de curas, obispos o cardenales es exótico para ellos. Tenemos retos muy
interesantes. En este mundo, hay muchas instituciones que piensan en el hacer,
en el saber y en el poder, pero ¿quién piensa en el ser? Ahí tenemos un trabajo
muy importante para acompañar a cada persona para que pueda responder a lo que
aspira de verdad. Hoy se pueden tener muchas cosas, muchas satisfacciones, y no
ser feliz, porque hay un vacío. Y la Iglesia tiene algo cualitativo que
aportar. Por eso tenemos que escuchar la sed de nuestro mundo.
—¿Qué cualidades debe tener el próximo Papa?
—El principio fundamental debe ser la abnegación, la capacidad de dar todo, de
sacrificarse. Y también es importante que el próximo Papa sea amable. Un Papa
tiene que amar a Dios y amar a la humanidad. Nuestra vocación fundamental es la
de amar. Si no amamos, nuestra vocación es estéril. Y la vocación de un Papa es
amar al Pueblo de Dios y a todas las personas que pasan por su vida. No se
trata de un amor romántico o sentimental, sino de un amor que es capaz de
sacrificarse, de dar todo. Por eso, digo que las cualidades relevantes son
abnegación y amor. Luego se podrían decir muchas capacidades técnicas o de
gobierno, pero no creo que haya una persona que las tenga todas. Pero este
hombre tiene que dar lo mejor de sí mismo y sacar de los demás lo mejor que
tienen.
—¿Qué debemos hacer los que formamos la Iglesia cuando ustedes
estén en la Capilla Sixtina?
—Estaremos en comunión, porque la elección de un Papa no es como la elección
del presidente del Congreso de los Diputados. No es un acto jurídico,
administrativo ni formal. Es un acto espiritual. Vamos a celebrar una liturgia,
a cantar la Letanía de los Santos y a invocar al Espíritu Santo. Vamos a dar a
luz un nuevo Papa y esto se hace en un contexto litúrgico y espiritual. Los
cardenales votamos en conciencia por el bien de la Iglesia, no para que gane el
que piensa como yo o es mi amigo. No hay una lógica afectiva, ni de interés o
pasaporte. Los que estaremos dentro tenemos que pensar en los 1.400 millones de
católicos que esperan un buen Papa y merecen un buen Papa.
Fran Otero
Fuente: Ecclesia