HERMANO AGUSTÍN, NUEVO INGRESO EN EL YERMO CAMALDULENSE: LA VIDA EREMÍTICA CRECE RÁPIDO EN ESPAÑA

La vida eremítica crece en España. En un mundo secularizado y lleno de ruido Dios llama cada vez a más hombres a una vida apartada de silencio y oración.

Hno. Agustín con su comunidad. Foto: Diócesis de Córdoba.
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Y así es como los camaldulenses han ido creciendo de manera constante en los últimos años. Estos días se ha producido un nuevo ingreso en el yermo camaldulense de Hinojosa del Duque, en Córdoba, comunidad fundada en 2023 después de que la comunidad de Nuestra Señora de Herrera, en Miranda de Ebro, no pudiera albergar a más eremitas.

El pasado martes, 18 de marzo, bajo la presidencia del Superior de la Comunidad, P. Pablo Gordillo, y en presencia del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, tomó el hábito el hermano Agustín.

De esta manera, crece la Congregación de Eremitas Camaldulenses de Monte Corona fundada en la dehesa cordobesa, entre Villaralto e Hinojosa del Duque, la segunda comunidad en España. La oración, la soledad y la contemplación siguen siendo alabanza constante a Dios en esta comunidad de monjes contemplativos.

La Congregación de Eremitas Camaldulenses de Monte Corona es una rama de la orden de san Benito, fundada por el monje Romualdo en el siglo XI en la Toscana, Italia. Su nombre proviene de Camaldoli, el lugar donde Romualdo estableció su primera comunidad de ermitaños. La orden se caracteriza por combinar la vida solitaria con la vida comunitaria, siguiendo la regla de san Benito y el modelo eremítico.

Esta congregación tiene hoy dos comunidades en España, en Burgos y la recién constituida en Córdoba. Llegaron a España en 1923 y adquirieron el remoto monasterio burgalés de Nuestra Señora de Herrera, en Miranda de Ebro, cuyas doce celdas ya están completas. De ahí la necesidad de este segundo cenobio en el que ha ingresado el hermano Agustín, la última vocación de un goteo que sigue llegando a este tipo de vida religiosa.

Según fray José Luis Codes, hay una lista de espera de unos 20 jóvenes que quieren ingresar en la comunidad. Sin embargo, el proceso de discernimiento es largo y exigente, pues se requiere una madurez humana y espiritual para abrazar este estilo de vida. Además, el monasterio no tiene capacidad para acoger a más monjes, por lo que se plantea la posibilidad de fundar otra casa en el futuro.

Fuente: ReL