Aleteia presenta tres testimonios de laicos que, por amor a Jesús sacramentado, han decidido dedicar una parte de su vida a servir, custodiar, acompañar y compartir con los demás el gran misterio de amor que es el Sacramento del Altar
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Antoine Mekary | ALETEIA. Dominio público |
Sergio
pertenece a la Adoración Nocturna Mexicana desde 2011. Recuerda una ocasión en la que
el sacerdote que presidía la Eucaristía a la que asistía todos los domingos
comentó: "Estas personas que ven aquí, son adoradores y durante toda la
noche estarán intercediendo por nuestros pecados y los del mundo
entero". Eso llamó su atención y pensó: "en realidad no sé bien
qué es lo que hacen, pero algún día yo haré lo mismo".
Explica que
los adoradores nocturnos renuncian a su descanso para velar durante toda la
noche "para acompañar más de cerca a Jesús, en el ministerio de su agonía
en el huerto de los olivos y en la noche de la pasión, que sufre para borrar el
pecado del mundo".
Durante los 13 años que ha "adorado por los que no adoran y
bendecido por los que lo niegan y ofenden" tiene claro que "Jesús nos
invita a que revisemos dentro de nuestro corazón" y por ello, considera
que aún "falta mucho para tener un verdadero cambio".
Sergio invita
a que, este Jueves Santo, acudamos ante Jesús
Eucaristía con agradecimiento, porque el Señor "se quedó con nosotros en
la Eucaristía, para guiarnos en el camino de la salvación"; pero también
con actitud de servicio, pues Jesús "lavó los pies a sus discípulos para
mostrarles el mandamiento del amor y del servicio".
"Todos
estamos invitados a celebrar la cena instituida por Jesús. Esta noche santa,
Cristo nos deja su Cuerpo y su Sangre. Revivamos este gran don y
comprometámonos a servir a nuestros hermanos".
Fernando Parra. Ministro de la Eucaristía
Fernando vive, desde hace 14 años, el "gran privilegio"
de llevar a Jesús Eucaristía a los enfermos y ancianos.
"El señor
te invita a ser su burrito, a que lo lleves de aquí para allá, pero también te
lleva como testigo de su amor". Y por ello añade: "No solo es llevar
a nuestro Señor en especie, sino que tú también tienes que ser un reflejo,
llevándoles el amor y la alegría".
A lo largo de
los años le ha tocado visitar lugares a los que, de no ser porque va con el
Señor, normalmente no iría. Cuando ha llevado el último viático a personas
agonizantes, acude con satisfacción porque el Señor le permite "llevarles
el sacramento que les abre la gracia eterna".
Con este
ministerio "que se vive en las calles" ha tenido la oportunidad de
vivir una estrecha e íntima relación con Cristo, pues el momento de recorrer la
ciudad -para llevarlo a los demás- es la oportunidad perfecta para orar y
permanecer en diálogo con Él.
Sus tardes de servicio recorriendo su ruta y regresando a la parroquia para asistir al rosario, participar de la Misa y recibir él también la comunión son "tardes maravillosas de amigos, que fortalecen su fe".
Fernando comparte que, para acercarse a adorar la Eucaristía, solo es necesario dejar entrar a Dios en el corazón y llenarse de Él. Sin cuidar las formas físicas, pero con pureza de intención.
Pedro y Cristal. Fundadores de un proyecto
de adoración
El servicio
que este matrimonio ha prestado a Dios comenzó en la música. Ambos formaban
parte de una banda de música católica hasta que el Señor les presentó planes
aún más grandes.
Fundaron
Cielo Abierto, un proyecto que recorre Latinoamérica llevando
noches y conciertos de Adoración masivos. Actualmente, son casi dos millones de
personas las que se han encontrado con Jesús en estos conciertos de
adoración gratuitos.
Pedro González
comenta que ha vivido cosas bellísimas al ser adorador, comenzando por el hecho
de tomar mayor conciencia de la presencia real de Jesús en el altar.
Sin embargo,
son esos grandes momentos ante Dios los que le hacen estar convencido de una
cosa: "Me falta llegar a la plenitud (...) sigo en el camino". Y
resalta una ventaja:
Cristal Dominguez, su esposa, comparte que a través de una
experiencia de amor profundo durante la adoración entendió el regalo del
sacerdocio, la presencia viva y real de Jesús y su sacrificio por amor. Desde
entonces, su adoración, participación en la Misa y comunión cambió por completo.
"Él me
comenzó a enseñar y a explicar el regalo y la gracia alta del momento de la
transubstanciación: Cristo mismo, en su sacerdote, transformando ese pequeño
pedazo de pan y ese poco de vino en el cuerpo, sangre, alma y divinidad".
Con la
adoración tomó conciencia de que recibe el amor más grande, "amor
verdadero, Él, sin importar nada, dio la vida por mí". Ahora sabe que, por
amor a ella, Cristo la espera en cada Eucaristía.
Y para lograr
acercarse y encontrar uno mismo esa presencia real de Jesús en nuestras
parroquias, Pedro pone de ejemplo a Zaqueo. "Solo
tuvo esa inquietud e inmediatamente, Jesús fue a su encuentro. Él escucha el
anhelo del corazón". Por ello, asegura que tener una inquietud de querer
acercarse a la Eucaristía ya es lo más importante: "Cuando se tiene ese
anhelo e intención es porque ya hay una gracia a la que Él está
correspondiendo".
Tres formas
distintas de servicio en que lo laicos nos enseñan, como explica Fernando, que
"cuando el Señor te invita, te invita a ti, a la persona que eres; con tu
forma de ser, talentos; y en eso se alegra y se goza".
Majo Frías
Fuente: Aleteia