En cuanto se bajó del Fiat 500L que usa para moverse un romano avispado gritó: «El Papa», y un enjambre de transeúntes y turistas se agolparon ante él
Foto: Avvenire |
El Papa tuvo
que esforzarse para leer del tirón la homilía de la Misa que celebró este
domingo ante 8.500 fieles en la plaza Unidad de Italia de Trieste, adonde viajó para participar en la 50 Semana
Social Católica que arrancó en la ciudad italiana portuaria el pasado 3 de
julio. El Pontífice tenía dificultades para seguir con nitidez el texto que
tenía entre las manos. Por ello, este lunes salió del Vaticano para cambiar las
lentes de sus gafas en su centro óptico de referencia en Roma, situado en Via
del Babuino.
Según ha
contado el dueño de la tienda, Alessandro Spiezia, al diario Avvenire, el sábado recibió una llamada
telefónica de Francisco anunciándole que se desplazaría él mismo a la tienda.
«Necesito hacer las lentes de mis gafas, ¿cuándo estás libre? Ya te has
molestado en venir a verme dos veces, esta vez me toca a mí», le dijo. A las
17:00 horas de la tarde el Pontífice entró por la puerta del pequeño local de
apenas ocho metros cuadrados, a dos pasos de la Piazza del Popolo, en el
corazón de Roma.
En cuanto se
bajó del Fiat 500L que usa para moverse un romano avispado gritó: «El Papa», y
un enjambre de transeúntes y turistas se agolparon ante de él. Francisco saludó
con una gran sonrisa a un par de niños que estaban cerca del coche y los
gendarmes que lo acompañaban le abrieron paso para permitirle llegar a la
tienda en su silla de ruedas. «Nada más llegar, sacó dos pares de gafas de los
bolsillos de su sotana. Le medimos la vista y decidimos cambiarle las lentes»,
contó Spiezia, señalando que, como de costumbre, el Pontífice pidió conservar
las monturas antiguas. «Las trato bien, las guardo en su caja», bromeó el Papa,
según explicó Spieza.
La revisión
ocular se extendió durante media hora. «Se notaba que estaba contento de estar
aquí», dice el óptico que goza de la estima y el afecto de Francisco. De hecho,
el Papa se acuerda cada año del día de su cumpleaños y le llama para
felicitarle. La única preocupación de Spiezia es que aún no ha conseguido
convencer al Pontífice para que lleve gafas de sol. «Le he dicho varias veces,
incluso recientemente, que el sol puede molestarle, pero prefiere no esconder
sus ojos detrás de lentes oscuras», aseguró.
A Francisco le
sugirieron entregarle en el Vaticano, las nuevas lentes, pero respondió:
«Vendré, así podré dar un paseo». Como hace siempre, el Santo Padre regaló al
óptico y su familia algunos rosarios. Después echó un vistazo al exterior de la
tienda y, al ver a toda la gente que le esperaba fuera, informó a su secretario
particular, el sacerdote Daniel Pellizzon, que quería despedirse de todos.
Había traído con él algunos caramelos que quiso repartir personalmente entre
los niños.
Victoria Isabel Cardiel C.
Fuente: Alfa y Omega