El legado de Benedicto XVI es una “fe sencilla y plena; es la visión de una Iglesia hermosa que es obra de Dios y no del hombre.
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| Benedicto XVI. | Crédito: Vatican Media. Dominio público |
En
efecto, el 5 de junio de 2014 el secretario de Benedicto XVI pronunció ese
discurso para presentar mi libro En el avión del Papa Benedicto,
publicado por la LEV.
Pujol
continúa: “En aquel tiempo, yo estaba explorando los fundamentos de la libertad
de expresión, y las ideas de Benedicto me llamaron la atención y me inspiraron
de diferentes maneras sobre cómo entablar una discusión sobre diferentes
debates acerca de la libertad de expresión. Como decimos en el campo de las
comunicaciones: ‘Puse esa idea en el congelador’ en espera del momento
adecuado”.
¿De
qué idea se trataba? Comparar a un estudioso emergente, un anciano y un
emérito, que reflexiona sobre el texto de Benedicto, en conversación con
Ratzinger y entre sí, para comprender el legado del gran teólogo y Pontífice.
El
proyecto recibió inmediatamente el apoyo del Arzobispo Gänswein y el del De
Nicola Center for Ethics and Culture de la Universidad de Notre Dame
(Estados Unidos).
¿Pero
qué se entiende por “debates inconclusos”? Se trata de los grandes temas
“políticos” reunidos en seis discursos y una carta. “Tres de estos discursos
(Nueva York, Londres, Berlín) abordan aspectos políticos cruciales: el
fundamento de los derechos humanos; reflexiones sobre la tradición democrática
liberal; el fundamento de la justicia y el debate sobre el derecho natural”.
“Los
otros tres (Ratisbona,
Roma, París) cubren aspectos clave del debate cultural: la relación entre fe y
razón; la contribución del cristianismo a la cultura; la autonomía de la
ciencia y su relación con la fe. Finalmente, la carta pastoral a los católicos
en Irlanda fue un punto de inflexión para la respuesta de la Iglesia a la
crisis de abusos sexuales”.
Para
Pujol, la herencia intelectual de Benedicto XVI tiene una "idea
fundamental que está en la base de todos estos debates como diagnóstico y como
solución: la centralidad de la razón natural y de la realidad, como verdadera
‘autoridad’ para guiar los debates culturales, jurídicos y políticos”. Hay que
combatir el prejuicio de que los católicos en política están de algún modo
enfermos de deísmo.
Según
Jordi Pujol "hablar de ‘religión en la esfera pública’ no equivale, como
se presume erróneamente, a introducir un principio deísta en el diálogo
democrático, ni implica recurrir mecánicamente a los preceptos religiosos como
fuente para la regulación de los problemas sociales, políticos y legales".
En este sentido, el cristianismo es una religión universal abierta a todos y a
todas las cosas. Una religión que confía en la razón y no ve oposición entre fe
y razón, sino una relación sinfónica”.
Aquí
cobra gran importancia la “razón abierta” de Joseph Ratzinger aquella razón
“dispuesta a admitir que la realidad contiene en sí misma más de lo que la
razón misma puede comprender”.
¿Cómo
reabrir el debate? “El Centro De Nicola para la Ética y la Cultura de la
Universidad de Notre Dame, la Fundación Ratzinger de Roma y el Instituto
Benedicto XVI de Ratisbona —explica Pujol— están dispuestos a generar una
conversación pública e intelectual a través de eventos académicos y
publicaciones, entre Benedicto XVI y otros estudiosos de su generación y de las
que le siguen. (...) El pensamiento de Benedicto, contenido en estos siete
textos, puede entenderse como un patrimonio trasmitido a una nueva, más joven
generación de intelectuales”.
Para
comprender mejor lo que se entiende por “legado” de un pontificado, el profesor
Roberto Regoli, de la Universidad Gregoriana, se planteó una pregunta de fondo:
¿Qué hace que un pontificado sea un éxito o un fracaso?
“Benedicto
XVI —afirma Regoli— supo afrontar con originalidad y determinación el problema
de los abusos, en particular los abusos sexuales a menores por parte de
clérigos. Sólo es posible comprender el pontificado desde la perspectiva de la
reforma eclesial, y en particular de la reforma papal. No es casualidad que el
Papa haya coordinado una reforma simultánea y sistemática en el frente
litúrgico y teológico a través de iniciativas ‘ecuménicas’ (principalmente con
los lefebvrianos y los anglicanos), así como en el frente canónico (modificando
el Código de 1983 con la creación de los ‘ordinariatos personales’)”.
Pero
va más allá. El suyo fue el pontificado del debate intelectual, también en
Política; aquella con P mayúscula, obviamente. Regoli explica: “La
interpretación que hace Benedicto XVI del ámbito político es principalmente de
orden teológico y se inserta en el más amplio debate internacional, nacido
después del 11 de septiembre de 2001, sobre el papel público de la religión.
Para el Pontífice, de alguna manera el cristianismo no conoce ninguna ‘teología
política’, sino ‘sólo un ethos político’ para el cual
‘la civitas Dei nunca puede convertirse en una realidad
estatal empírica’, así como el Estado sólo puede ser una civitas terrena.
Benedicto XVI quiere desvincular al cristianismo del riesgo de una
teologización de la política, como también de una politización de la teología”.
Es
evidente que “el pontificado de Benedicto XVI ha expuesto a la Iglesia en más
frentes, culturales, políticos y éticos. Sin excesivas preocupaciones por
buscar consensos, el Papa ha iniciado procesos de debate, que han tocado la
identidad última del hombre, suscitando apoyos y oposición".
La
renuncia aparentemente bloqueó todo. Pero el legado de Benedicto XVI es una “fe
sencilla y plena; es la visión de una Iglesia hermosa que es obra de Dios y no
del hombre. La herencia es la confianza radical en Dios. Un aspecto de no poca
importancia en una época cansada y autodestructiva que exalta al hombre pero al
final lo humilla continuamente. Benedicto XVI eligió la confianza en Dios y en
el hombre. Eligió la armonía entre fe y razón. Éste es su legado”.
El
congreso comenzó de inmediato a hablar sobre “Derechos humanos. Discurso ante
las Naciones Unidas (Nueva York) del 18 de abril de 2008”,
con la oradora principal, Mary Ann Glendon, de la Universidad de Harvard;
Jean-Pierre Schouppe, de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz; Laurent
Trigeaud, de la Universidad de París Panthéon-Assas, y Justin Petrisek,
del De Nicola Center for Ethics & Culture de la
Universidad de Notre Dame.
Los
otros 6 temas se discutirán en otro congreso en la Universidad de Notre Dame en
la primavera del hemisferio norte de 2024.
Traducido
y adaptado por el equipo de ACI Prensa. Publicado originalmente en ACI Stampa.
Por Angela Ambrogetti
Fuente: ACI
