“Sin sacrificio no hay redención. La solidaridad que se establece no es fruto solamente de un equilibrio económico y de cifras, sino de un amor ofrecido en el donante y de un amor agradecido en el destinatario”
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Foto referencial. Crédito: Shutterstock |
Mons. Fernández felicita la labor de Manos Unidas “en el cruce
de caminos y objetivos del Tercer Milenio, de la Agenda 2030”, tendiendo
puentes “con una clara identidad católica, es decir, poniendo en el centro de
sus intereses la persona humana como imagen de Dios”.
Esto implica respetar y promover su dignidad humana, buscar
siempre su bien integral y estar abiertos a su dimensión trascendente.
Con ese espíritu, el obispo
recuerda que “las ayudas buscan el bien de los destinatarios, no el bien de los
donantes”, pues se trata de “ser generosos dando de lo propio y dándolo a fondo
perdido”.
“Los donativos cristianos brotan de la generosidad de un corazón
solidario y fraterno, que se compadece de las necesidades de sus hermanos,
aunque no los conozca, y da a los demás no sólo de lo que le sobra, sino
incluso de lo necesario”, prosigue el Prelado.
“Y lo hace ayunando, privándose de algo”, destaca el Obispo de
Córdoba.
Esta
invitación al "ayuno" se justifica en que “si la limosna no lleva
consigo alguna privación, apenas tiene valor. De esta manera, al valor bruto
del euro que entregamos se añade el valor espiritual del sacrificio que
ofrecemos”, explica Mons. Fernández.
“Sin
sacrificio no hay redención. La solidaridad que se establece no es fruto
solamente de un equilibrio económico y de cifras, sino de un amor ofrecido en
el donante y de un amor agradecido en el destinatario”, incide el Prelado.
Por Nicolás
de Cárdenas
Fuente: ACI