El Santo Padre recibió en audiencia a 140 redentoristas participantes en el Capítulo General de la congregación y entregó un discurso en el que nos animó a recorrer nuevos caminos y a perseverar en su misión
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| Vatican Media |
“Celebrar un Capítulo General no es una
formalidad canónica. Es vivir un Pentecostés, que tiene la capacidad de hacer
nuevas todas las cosas (cf. Ap 21,5)”. Lo reafirmó el Papa Francisco en su
mensaje a los miembros de la Congregación del Santísimo Redentor, más conocida
como Redentoristas, con quienes se encontró al mediodía de
este sábado 1º de octubre en el Vaticano.
En la tercera semana de su 26º Capítulo
General, que han definido como la más importante porque se ha elegido el nuevo
Gobierno General de la Congregación, los capitulares fueron saludados con
alegría por el Sucesor de Pedro. Francisco también se dirigió a quienes están
en camino de formación, las religiosas redentoristas, y a toda la familia
carismática, así como a los laicos vinculados a la misión. A su vez, saludó con
afecto al nuevo Superior General, el padre Rogério Gomes, y le agradeció las
palabras que compartió.
El Pontífice recordó que, “en el Cenáculo, los
discípulos de Jesús tenían dudas, inseguridades, miedos, querían quedarse
quietos y protegidos; pero el Espíritu que sopla donde quiere (cf. Jn 3,8) les
provoca a moverse, a salir, a ir a las periferias para llevar el kerigma, la
Buena Noticia”.
Los cinco temas centrales del Capítulo
El Sucesor de Pedro retomó los cinco puntos que
están abordando en la reunión congregacional: la identidad, la misión, la vida
consagrada, la formación y el gobierno. Francisco resaltó la importancia de
ellos, “para repensar vuestro carisma a la luz de los signos de los tiempos”.
“Este discernimiento comunitario está enraizado
en la capacidad de cada uno de vosotros de buscar el misterio de Cristo
Redentor, que es la razón de vuestra consagración y de vuestro servicio a los
hombres y mujeres que viven en las periferias existenciales de nuestra historia
hoy”, afirmó.
“Está enraizado en la fecundidad del carisma
alfonsiano, como la savia que alimenta la vida espiritual y la misión de cada
uno y la hace florecer”.
“Los animo a que se atrevan”
El Papa invitó a los redentoristas a tener como
único límite el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia, a no tener miedo de
recorrer nuevos caminos, de dialogar con el mundo, a la luz de su rica
tradición de teología moral. “No tengan miedo de ensuciarse las manos al
servicio de los más necesitados y de la gente que no cuenta”, exclamó.
Bergoglio se refirió a las Constituciones de
esta institución, en las que hay una expresión que considera hermosa, en la que
se dice que los redentoristas están disponibles para afrontar toda prueba con
el fin de llevar la redención de Cristo a todos (cf. Const. 20).
“Disponibilidad”, enfatizó. Y añadió: “No demos por sentada esta palabra.
Significa entregarse enteramente a la misión, con todo el corazón, dies
impendere pro redemptis, hasta las últimas consecuencias, con la mirada puesta
en Jesús que, "aunque tenía la condición de Dios [...], se despojó de sí
mismo asumiendo la condición de siervo, haciéndose semejante a los
hombres" (Flp 2,6-7); y se hizo buen samaritano, siervo (cf. Lc 10,25-37;
Jn 13,1-15)”.
Un momento histórico único
En relación con el contexto que atraviesan en
la actualidad, Francisco les dijo que tienen la oportunidad de renovarse para
responder con fidelidad creativa a la misión de Cristo. Esta renovación,
aclaró, pasa por un proceso de conversión del corazón y de la mente, de intensa
metanoia, y también por un cambio de estructuras.
El Obispo de Roma reivindicó que “a veces hay
que romper las viejas ánforas (cf. Jn 4,28), heredadas de nuestras tradiciones,
que han llevado tanta agua, pero que ya han cumplido su función”. No obstante,
reconoció que “romper nuestras ánforas, llenas de afectos, de costumbres
culturales, de historias, no es una tarea fácil, es dolorosa, pero es necesaria
si queremos beber el agua nueva que sale del manantial del Espíritu Santo,
fuente de toda renovación”.
La importancia de la renovación
En otra cita a las Constituciones, Francisco
trajo a colación el punto 96, que establece que la Congregación, conservando
siempre su propio carisma, debe adaptar sus estructuras e instituciones a las
necesidades del ministerio apostólico y a las peculiares de cada misión.
"Vino nuevo en odres nuevos" (Mc 2,22). "Una renovación que es
incapaz de tocar y cambiar las estructuras y los corazones no conduce a un
cambio real y duradero. [...] Requiere una apertura para imaginar formas
proféticas y carismáticas de seguimiento, vividas en patrones apropiados y
quizás inéditos".
En este proceso de reimaginación y renovación,
el Santo Padre les pidió no olvidar los tres pilares fundamentales: la
centralidad del misterio de Cristo, la vida comunitaria y la oración.
Augurios al nuevo Gobierno General
Por último, el Pontífice deseó humildad,
unidad, sabiduría y discernimiento al nuevo Gobierno General, recordando que
"la obra es del Señor" y "nosotros solo somos siervos que hemos
hecho lo que teníamos que hacer (cf. Lc 17,10). Los que se apropian de la
función de liderazgo por interés propio no sirven al Señor que lavó los pies de
los discípulos, sino a los ídolos de la mundanidad y el egoísmo".
Francisco confió la Congregación a
la protección de la Madre del Perpetuo Socorro, para que los
acompañe siempre como acompañó a su Hijo al pie de la cruz (cf. Jn 19,25).
"No están solos, sean hijos amados y queridos. Pido al Señor que sean
fieles y perseverantes en vuestra misión, sin olvidar nunca a los más pobres y
abandonados a los que sirven, y a los que anuncian la Buena Noticia de la
Redención".
De corazón, el Papa bendijo a todos los
asistentes, a las hermanas y a los fieles laicos que comparten el carisma,
solicitándoles, como es costumbre, que no se olviden de rezar por él.
Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano
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