En la Audiencia General de este miércoles 7 de septiembre, el Santo Padre impartió su segunda catequesis en el ciclo dedicado al discernimiento, que comenzó el pasado 31 de agosto
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Bajo una soleada mañana de verano en Roma, este
miércoles 7 de septiembre la Audiencia General volvió a la Plaza de San Pedro,
en la que se vivió un clima de fiesta, con la alegre presencia de
numerosos fieles y peregrinos de distintas partes del mundo.
Francisco pronunció su segunda catequesis en la serie
sobre el discernimiento, inspirándose en el ejemplo de San Ignacio de Loyola,
cuando, en un "episodio decisivo de su vida", Ignacio se
encuentra en casa convaleciente, después de haber sido herido en batalla en una
pierna. Para liberarse del aburrimiento pide leer algo. "A él, dice el
Papa, le encantaban los cuentos de caballería, pero lamentablemente en casa
había solo vidas de santos".
Y agrega: "Un poco a regañadientes se adapta,
pero durante la lectura comienza a descubrir otro mundo, un mundo que lo
conquista y parece competir con el de los caballeros. Se queda fascinado por
las figuras de San Francisco y de Santo Domingo y siente el deseo de imitarles.
Pero también el mundo caballeresco sigue ejerciendo su fascinación sobre él. Y
así siente dentro de sí esta alternancia de pensamientos, los caballerescos y
los de santos, que parecen ser equivalentes".
La experiencia de San Ignacio
El Obispo de Roma se detiene en un fragmento de la
autobiografía de San Ignacio, quien escribe:
“Pensando en aquello del mundo -y en las cosas
caballerescas, se entiende-, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado
lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalén descalzo,
y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que veía haber
hecho los santos; no solamente se consolaba cuando estaba en los tales
pensamientos, mas aun después de dejando, quedaba contento y alegre, un rastro
de alegría dejó aquello (n. 8).”
Dos aspectos de la historia de Ignacio
Francisco desglosa dos rasgos de la experiencia de
Ignacio: el primero, el tiempo. Marca un contrapunto entre los pensamientos del
mundo, que al principio son atractivos, pero después pierden brillo y dejan
vacío, descontento, mientras que los de Dios suscitan al inicio una cierta
resistencia, pero cuando se les acoge, trae una paz desconocida, que
perdura.
El segundo elemento es el punto de llegada de los
pensamientos: "Al principio, la situación no parece tan clara. Hay un
desarrollo del discernimiento: entendemos qué es el bien para nosotros no de
forma abstracta, general, sino en el recorrido de nuestra vida".
En las reglas para el discernimiento, fruto de esta
experiencia fundamental, Ignacio pone una premisa importante, que ayuda a
comprender tal proceso: «En las personas que van de pecado mortal en pecado
mortal, acostumbra comúnmente el enemigo proponerles placeres aparentes,
haciéndoles imaginar deleites y placeres de los sentidos, para conservarlos y
hacerlos crecer más en sus vicios y pecados; en dichas personas el buen
espíritu actúa de modo contrario, punzándoles y remordiéndoles la
conciencia por el juicio recto de la razón» (Ejercicios Espirituales,
314).
El discernimiento no es una especie de
oráculo o fatalismo
El Obispo de Roma puntualiza que "hay una
historia que precede al que discierne, una historia que es indispensable
conocer, porque el discernimiento no es una especie de oráculo o fatalismo o
una cosa de laboratorio, ¡no!, como echar la suerte con dos
posibilidades".
"Las grandes preguntas surgen cuando ya hemos
hecho un tramo en la vida, y es a ese tramo al que debemos volver para entender
lo que buscamos. Si en la vida vamos un poco por ahí, ahí: "¿Pero por qué
estoy caminando en esta dirección, qué estoy buscando?", y ahí se produce
el discernimiento".
Francisco insiste, como lo ha hecho en reiteradas
ocasiones, que para saber qué pasa, qué decisión tomar, para juzgar una
situación, hay que escuchar el propio corazón. Recuerda que "escuchamos la
televisión, la radio, el teléfono móvil, somos maestros de la escucha, pero te
pregunto: '¿Sabes escuchar tu propio corazón? ¿Te paras y dices: 'Pero cómo
está mi corazón'? ¿Está satisfecho, está triste, busca algo?".
Dios trabaja en los eventos no
programados y en los contratiempos
Hacia el final de la catequesis, el Santo Padre
recuerda la importancia de desarrollar la capacidad de discernir qué nos dice
Dios a través de los imprevistos: "Se supone que iba a salir a caminar y
tengo un problema en el pie, no puedo... Contratiempo, ¿qué te dice Dios? ¿Qué
te dice la vida allí?".
Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano
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