Rusia ha justificado el reconocimiento de la independencia y la intervención militar en Donetsk y Lugansk en parte con argumentos que la Iglesia en Ucrania califica de propaganda
| Foto: Reuters/Alexander Ermochenko |
Nada más reconocerlas,
Rusia presentó sendos acuerdos de amistad, cooperación y ayuda mutua,
ratificados hoy en Donetsk y Lugansk, que incluían que los militares rusos
«garantizarán la paz». Este martes, el Gobierno de Moscú ha aclarado que no
reconoce como independientes solo las áreas que en la actualidad controlan los
separatistas; sino el territorio completo de los oblast o provincias del
Dombás, incluidas las áreas que aún controla Kiev.
Este matiz incrementa la
probabilidad de que se termine produciendo un enfrentamiento directo con
Ucrania. Mientras Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea ultiman sus
respectivos paquetes de sanciones, los países de la región no descartan un
conflicto a gran escala. Hungría ha desplazado tropas a la zona fronteriza con
Ucrania (en el extremo occidental ucraniano), mientras que Rumanía ha anunciado
que está preparada para acoger a hasta medio millón de refugiados
ucranianos.
«Es un milagro»
Los católicos rusos,
explicaba el lunes Pezzi a la agencia católica italiana SIR, viven estos
momentos entre «la oración y la angustia y el sufrimiento». Desde hace semanas,
«en cada Misa se elevan oraciones por la paz en Ucrania». Al mismo tiempo,
«estamos haciendo grandes esfuerzos a nivel político y diplomático para alejar
una escalada de las acciones militares y movernos hacia una desescalada de al
situación, para lograr disminuir la tensión».
Pero sobre todo,
subrayaba, «ahora es necesario que creamos verdaderamente en la fuerza del
perdón», y que se difunda este mensaje. «El perdón no solo es posible sino que
es necesario. No hay otro camino». El arzobispo católico de Moscú reconocía que
«no existe una solución mágica a los problemas». También que el perdón exige
«una conversión del corazón» para «cambiar la mirada sobre el otro».
Por ello, «es un
milagro. Pero no debemos olvidar que la oración es realmente potente». Además,
«allí donde está en juego la libertad del hombre, es posible la iniciativa». Y
el perdón es la iniciativa más «positiva».
Propaganda religiosa
Sus palabras contrastan
con el tono de los dirigentes rusos, que al justificar sus decisiones el lunes
no dudaron en aludir al factor religioso. Así el presidente ruso, Vladimir
Putin, afirmó en su discurso que «Kiev sigue preparando medidas severas contra
la Iglesia ortodoxa ucraniana del Patriarcado de Moscú»; es decir, los
ortodoxos que se niegan a unirse a la Iglesia ortodoxa ucraniana y permanecen
fieles al patriarca Cirilo.
«Las autoridades
ucranianas han convertido hipócritamente la tragedia de la Iglesia dividida en
un elemento de política estatal». Ignorando las peticiones de sus ciudadanos,
continuó Putin, «se han introducido nuevos proyectos de ley dirigidos contra el
clero y los millones de fieles» de Moscú. También el ministro de Asuntos
Exteriores ruso, Sergey Lavrov, justificó la intervención en el Dombás al
afirmar que los eslavos y los ortodoxos, y «todo lo que es ruso», está siendo
atacado en Ucrania.
Hace pocas
semanas, los principales representantes de la Iglesia católica en Ucrania
calificaron de propaganda este tipo de discursos. En una rueda de
prensa organizada por Ayuda a la Iglesia Necesitada, el arzobispo mayor de
la Iglesia grecocatólica ucraniana,
Sviatoslav Shevchuk, explicaba que la idea de que «en Ucrania tenemos una
guerra religiosa», que a veces «se presenta como una razón para la
invasión», es un «mito».
Es cierto que hay
división entre los ortodoxos fieles a Moscú y los que forman parte de la nueva
Iglesia ortodoxa ucraniana. Sin embargo, aclaraba el nuncio, Visvaldas
Kubolkas, entre los feligreses las diferencias son mucho menores. El arzobispo
grecocatólico ha añadido que «quienes quieren mantenerse en comunión con Moscú
son libres de hacerlo». Por otro lado, «entre los líderes religiosos», que
participan juntos en distintos foros, «tenemos muy claro que la paz religiosa
es una cuestión de la máxima importancia» en el país.
María Martínez López
Fuente:
Alfa y Omega