Ayer fue el cumple de sor Carmen,
mi compañera de oraciones. Y, como regalo final, le entregué aquel proyecto
para su belén que empezó siendo un molino, y terminó siendo una pequeña plaza
con dos tiendas, un camino y el molino.
Sí, sí, la verdad es que este
desenlace surgió sin buscarlo. Porque yo tenía la idea del molino, pero
después, una amiga, por facilitármelo, me regaló la rueda del molino (así no la
tenía que hacer desde cero), pero además la acompañó con unos cuantos
farolillos en miniatura. Y, claro, cómo iba a montarle solo el molino y a
entregarle los farolillos sueltos...
Así que empecé con ello; no sabía
si a ella le haría ilusión, pero desde luego que la que tenía ilusión era yo.
Esas cosas de motores y luces me encantan. Así que comencé el proyecto con gran
ilusión.
Sin embargo, unos días después,
cuando tenía todo sobre la mesa... he de reconocerlo, me pasé un par de días de
frustración, porque aquello no funcionaba como yo quería, pensado en que iba a
contrarreloj y tenía que dedicarle tiempo para tratar de comprender por dónde
seguir.
Pero lo mejor, lo mejor, ha sido
descubrir cómo al otro le ha llegado al corazón este detalle de cariño.
Después, en la oración, el Señor
me regaló descubrir que esto mismo que me sucedió a pequeña escala nos pasa con
tantísimas cosas: con pequeños y grandes proyectos, nos pasa en la oración, en
las relaciones con las personas... y es que es algo de la propia vida.
Y en todo se da ese común
denominador: la ilusión que empuja a comenzar, algo de frustración al ver
trastocada tu idea, pero el quid de la cuestión es no tirar la toalla en ese
punto, sino más bien contar con ello, y dar el siguiente paso, perseverar hasta
el fin.
Un proyecto, un amor, incluso un
solo día de nuestra vida... conlleva esto mismo. Todo ello es Don, pero también
tarea. Sin embargo, la verdadera tarea que el Señor nos pide es que no tiremos
la toalla, que sigamos perseverando en ello, pues de ese modo se van quedando
atrás nuestras “ideas”, y vamos acogiendo más las Suyas, Sus proyectos, Su
Vida.
Hoy el reto del amor es tener
paciencia. Es contar con la frustración, que es puramente humana, y, al contar
con ella, impedir que nos haga tirar la toalla. Saber esperar en Él renovando la
ilusión, renovando el Amor.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
