Llevo bastantes años de archivera
en el Monasterio y, por lo tanto, me sé todos los “secretos” que encierra este
oficio, ¡y más si se coge con mucho interés y motivación, como me ocurrió a mí
cuando me encargaron el ocuparme del archivo!... Prácticamente, no existía
éste, apenas un armario de cocina con diez legajos de papeles y pergaminos. Y
es que el convento de San Blas se fundó primeramente en Cifuentes (Guadalajara)
en 1344 y, en 1616, el Duque de Lerma nos trasladó a su Villa.
Nuestro Monasterio, por tanto,
tiene mucha historia, pero ¡apenas estaba investigada y desenterrados sus
avatares a lo largo de tantos años!…
En este último trienio, le pedí a
la Madre Priora que me pusiera de ayudante a una monja joven, que quisiera
trabajar “entre papeles”… ¡Y así lo hizo!... ¡Yo quería contagiarle mi
entusiasmo, para que en un futuro se hiciera cargo de la historia de la
Comunidad!… Pero, ¡ay, “mi gozo en un pozo”!: Con el tiempo, me dijo, que “no
le gustaba la Historia”… ¡Y un nuevo replanteamiento para motivarla!…
Y de nuevo el Señor me respondía:
“¡Mira, no es lo que haces o la utilidad de ello, sino el amor que pones y que
‘como un águila se renueva cada mañana’ cada tiempo de ‘replanteamiento’!…” ¡Y
el Señor me convenció, porque amor no me faltaba!…
Pero además hay algo más: no es
el gusto por el orden y el trabajo bien hecho… ¡que eso está muy bien! No es
que, a través de nuestra historia, hemos conocido y amado a tantas hermanas
santas, que nos han precedido… ¡que eso está también muy bien!… Pero el Señor
me hacía profundizar más: ¿Y la perseverancia en algo pequeño “sin tirar la
toalla” y siempre adelante, fiada de que la virtud y el bien no relucen en las
obras grandes y brillantes, sino en “cositas pequeñitas”, hechas con un gran
amor?… ¡Y aquí estaba yo!... ¡Por una gracia especial de Dios!… ¡Porque bien
claro estaba que, si hubiera sido por mí, no habría sido constante y
perseverante en nada!…
Aquí radica la grandeza de ser
archivera, o cocinera, o enfermera, ¡o Madre Priora!, porque este oficio, ¡sí
que requiere gracias extraordinarias, pues muchas veces, no es el poder y la
autoridad, sino el tener que servir, escuchando y atendiendo a las “pequeñeces”
de la vida de las hermanas!…
Por todo esto, hoy el reto del
amor es “enamorarme” de las “cositas pequeñas” buenas y justas que ocupan mi
vida, poniendo mucho amor en lo prosaico de la vida… ¡No nos engañemos: valemos
lo que amamos y a lo que nos entregamos con ardor y entusiasmo, por Amor a Dios
y a los hermanos!
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
