Este 19 de
diciembre, La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos publicó una nota para "recordar
algunos principios teológicos, celebratorios y pastorales sobre la Palabra de
Dios proclamada en la Misa".
Destaca que
"a través de las lecturas bíblicas proclamadas en la liturgia, Dios habla
a su pueblo y Cristo mismo proclama su Evangelio", indica como "una
de las modalidades rituales adecuadas para este domingo (...) la procesión
introital con el Evangeliario o, en su defecto, su colocación en el
altar".
La nota de
la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
especifica entonces que las lecturas bíblicas dispuestas por la Iglesia en el
Leccionario no deben ser reemplazadas o suprimidas y que deben utilizarse las
versiones de la Biblia aprobadas para uso litúrgico. "La proclamación de
los textos del Leccionario constituye un vínculo de unidad entre todos los
fieles que los escuchan", se lee en el documento, que también recomienda
el canto del Salmo Responsorial. El documento recomienda también el canto del
Salmo Responsorial.
En cuanto a la
homilía, invita a los obispos, sacerdotes y diáconos a "explicar y hacer
comprender a todos la Sagrada Escritura" y a "hacerla accesible a sus
propias comunidades", desempeñando este ministerio "con especial
dedicación, atesorando los medios propuestos por la Iglesia". A
continuación, se subrayó la importancia del silencio en la celebración
litúrgica porque, "al fomentar la meditación, permite que la Palabra de
Dios sea recibida interiormente por quienes la escuchan".
En cuanto a
los que proclaman la Palabra de Dios en la asamblea -sacerdotes, diáconos y
lectores-, la nota especifica que "se requiere una preparación interior y
exterior específica, la familiaridad con el texto que se va a proclamar y la
práctica necesaria en la forma de proclamarlo". Insiste en el cuidado del
ambón desde el que se proclama la Palabra de Dios, y aunque "la homilía y
las intenciones de la oración universal pueden ser proclamadas desde él",
"es menos oportuno que se acceda a él para comentarios, anuncios, dirección
del canto". También se pide que se cuide el valor material y el buen uso
de los "libros que contienen los pasajes de la Sagrada Escritura",
definiéndolo como "inapropiado recurrir a folletos, fotocopias, ayudas en
lugar de libros litúrgicos".
Para dar a
conocer mejor la Sagrada Escritura y su valor en las celebraciones litúrgicas,
la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos exhorta
a que se promuevan, en la proximidad o en los días siguientes al domingo de la
Palabra de Dios, encuentros formativos, por ejemplo, para ilustrar más
detalladamente "los criterios de distribución litúrgica de los diversos
libros bíblicos en el curso del año y en sus tiempos, la estructura de los
ciclos dominicales y semanales de las lecturas de la Misa". Por último, la
nota identifica el Domingo de la Palabra de Dios, en el que se promueve la
celebración comunitaria de Laudes y Vísperas, como "una ocasión propicia
para profundizar en el vínculo entre la Sagrada Escritura y la Liturgia de las
Horas, la oración de los Salmos y Cánticos del Oficio, las lecturas
bíblicas".
La nota de la Congregación para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos concluye sugiriendo que se proponga a San
Jerónimo como ejemplo "por el gran amor que alimentó por la Palabra de
Dios". Porque, como recordó el Papa Francisco en su Carta Apostólica Scripturae sacrae affectus del 30 de
septiembre pasado, escrita con ocasión del XVI centenario de la muerte de San
Jerónimo, era un "incansable estudioso, traductor, exégeta, profundo
conocedor y apasionado divulgador de la Sagrada Escritura", que poniéndose
a la escucha se encontró a sí mismo, el rostro de Dios y el de sus hermanos y
hermanas, y refinó su predilección por la vida comunitaria.
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