El
precio de la libertad
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Cuando
era niña, en verano nos reuníamos toda la familia y, de vez en cuando, alguno
de los adultos cogía a toda “la sobrinada” y nos llevaba de paseo a la estación
de trenes. Al pasar un tren (mejor si era de mercancías)... ¡competíamos a ver
quién gritaba más fuerte! Claro, luego volvíamos a casa de lo más relajados...
El
otro día, mientras pasaba el cochecito (la cortacésped), tuve la misma
sensación de entonces: el ruido del motor, el atronador rugido de las hélices,
el muro rebotando el sonido...
Miré
a derecha e izquierda. No había nadie cerca. Y la hermana más próxima estaba
media huerta más abajo, y también con una máquina. Era seguro: no me oiría
nadie.
¡No
pude resistirme! ¡¡Me puse a cantar “a grito pelao”! ¡A voces! Desafiándome a
mí misma, tratando de cantar con todas mis fuerzas, ¡todo lo que me dieran los
pulmones! Ni calentamiento, ni vocalización, ni diafragma... ¡¡nada!! Sin
reglas ni normas, ¡solo cantar a gritos!
Creo
que mi potencia ha aumentado considerablemente desde mi infancia. Calculo que
superé por varios decibelios el “Resistiré” que nos ponían los bomberos en la
cuarentena... pues mis canciones fueron el tema de conversación en el recreo de
la noche. Se me oyó por tooooooodas partes (¡¡¡imagina, qué vergüenza!!!).
Pero
lo peor estaba por llegar... A la mañana siguiente, ¡sentía cuchillos en la
garganta! Ay, ay...
En
fin, cosas que pasan por ir a lo loco. Pero, por primera vez, valoré la
importancia de seguir las normas del canto. A veces aburren, parece que ponen
límites... pero, en realidad, son una ayuda para dar lo mejor... sin
lesionarse.
¡¡Lo
mismo sucede con el Señor!! Él nos conoce, sabe lo que nos hace bien. Ha dado
su Sangre por ti, ¡eres extremadamente valioso para Él! Por eso no quiere que
te lesiones.
Y
Él solo nos ha dado una norma: “Amaos como yo os he amado”.
Es
verdad. Apostar por amar no siempre es fácil. No siempre apetece. Sin embargo,
ese es el camino para entonar la mejor canción, alcanzar la felicidad... sin
lesionar tu corazón. Solo cuando amo mi vida florece.
Lo
difícil siempre es dar el primer paso; pero ese lo ha dado Él. Cristo te ama,
hasta el extremo, sin pedirte nada a cambio. Todos necesitamos experimentar un
amor así. Y solo un amor así, que te llena del todo, te hace capaz de amar sin
límites. Por eso, nuestro mejor calentamiento... ¡es dejarnos querer por Él!
Hoy
el reto del amor es amar a quien tienes a tu lado. Puede ser tu pareja, tu hijo
o tu compañero de trabajo; puedes amar con un gesto, un servicio, una
escucha... Pero, antes de lanzarte a la acción, ¡calienta para evitar lesiones!
Dedica unos minutos a disfrutar del amor de Cristo, ¡eres amado
incondicionalmente! Este Amor, ¡sacará tu mejor versión! ¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma